quiero-decir-cosas-pero-me-las-guardoMujeres Cristianas – Quiero Decir Cosas Pero me las Guardo 3

 

Continuemos.

Cuando vos obedecés lo hacés porque lo decidiste y eso te trae libertad. Por ejemplo, decís: «Yo obedezco lo que el Señor me dice porque yo quiero», «yo obedezco lo que mi jefe me pide porque yo quiero». Eso te trae tranquilidad porque parte de algo que vos querés. La sumisión, en cambio, te obliga a hacer algo y por ese motivo, siempre te va a llevar a la humillación y te traerá frustración. Si estás haciendo algo para someterte a tu esposo y evitar que te golpee, en realidad no es algo que quieras hacer. Si aceptás algo de tu jefe y te sometés a él por temor a que te despida vas a terminar frustrada y humillada. ¡Tenés que elegir la obediencia!

Jesús quería que esa mujer sacara de adentro la mejor estrategia de comunicación y por eso le dijo: «No está bien que le saque el pan a los hijos y se los de a los perros». En otras palabras, le estaba diciendo que no le iba a quitar el pan a su pueblo para dárselo a los extranjeros, a quienes se los consideraba como perros. Pese a ese insulto, esta mujer sacó su mejor estrategia de comunicación y le dijo: «Sí, Señor, pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos». Con esta frase ella creó una nueva relación con el Señor porque le estaba diciendo: «Jesús, hasta ahora el milagro vino siempre para los judíos pero, aunque a mí no me corresponda, te pido con mis palabras que también me lo des».

¡Atrevete a crear con tus palabras lo que no está creado! Creá bendición con lo que hables y con lo que escribas porque de esta manera estás cuidando tu territorio. Cuando creás enemistad entre uno y otro son tus propias palabras las que terminan maldiciendo tu territorio. Por esa razón, tenés que aprender a hablar creativamente, creando lo que querés ver en tu casa, en tus hijos y en la iglesia. Cuando empieces a hablar esas palabras el Señor va a hacer el milagro que tanto estás necesitando.

Cada vez que Martin Luther King tenía que dar un discurso llevaba a sus seguidores hasta la cima del sueño y desde arriba les mostraba una nación libre. Les decía: «Cuando seamos libres vamos a ver a nuestros hijos en libertad y van a poder estudiar en los mismos establecimientos que los blancos». Con estas palabras llevaba a la gente hacia arriba, hacia el cumplimiento del sueño en vez de llevarlos hacia abajo: «Somos unas pobres personas. Vamos a pelear porque tengo derecho a quejarme y por eso voy a hablar lo que sea».

Tenés que soltar el sueño a tus hijos desde arriba y decirles: «Vas a estudiar para obtener tu título pero esa realidad la vas a crear desde la paz». Para crear en tu mundo primero tenés que hablarlo y, a su vez, antes de hablar tenés que callarte. Al hacer silencio vas a poder pensar qué es lo que vas a soltar con tu boca porque aquello que sueltes será lo que termines creando. ¿Qué estás soltando en tu casa?, ¿qué estas soltando con respecto a esa enfermedad?, ¿qué estas soltándoles a tus hijos?, ¿cuáles son las palabras que soltás sobre tu país?

Si estás parado en una nueva etapa de tu vida, ¿de qué te sirve hablar de lo viejo?, ¿para qué vas a volver atrás, trayendo a tu memoria sucesos del pasado que en tu presente ya no tienen sentido? No maldigas lo que está atrás hablando mal de lo que quedó porque en definitiva te estarás destruyendo a vos misma. Empezá a crear un mundo de fe con tus palabras y por esa fe, Dios lo hará.

Los martes y jueves siempre doy charlas y en esos días siempre suele llover. Al principio me preocupaba que las condiciones climáticas adversas desalentaran a aquellas personas que quisieran asistir a mis reuniones. Sin embargo, con el tiempo fui cambiando mi manera de pensar y de hablar. Empecé a bendecir el día y a crear: «Hoy va a venir mucha gente y la reunión va a ser una bendición. Los que vengan serán gente que tenga valentía y coraje. Atraparán la bendición y se la van a llevar para distribuirla entre muchos. Cuanto más llueva, más crecerá la reunión y más bendición traerá para los días de sol». Fue sorprendente cómo al pronunciar esas palabras comenzó a incrementarse el número de personas que asistían a las reuniones. ¡Empezá a crear con tu boca aquello que querés ver!

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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