Mujeres Cristianas – Siento Desprecio Por Mí Misma 7

 

Continuemos.

La belleza habla y la belleza habla más fuerte que las palabras. Cuando uno ve algo bello, no necesita palabras, necesita mirarlo nada más, porque la belleza habla y quiero decirte que estar al lado de una mujer que se siente bella, estar al lado de una mujer que expresa belleza, estar al lado de una mujer seguramente bella es más fácil. Porque una persona que se siente bella, una persona que se siente segura, es una persona que transmite algo a los demás. Nadie quiere estar al lado de mujeres neuróticas, con dos millones de heridas, nadie quiere estar al lado de mujeres oscuras que tienen tinieblas y presión constante, al lado de mujeres complicadas, de mujeres despojadas de belleza y cuando te hablo de belleza no me refiero a la belleza estética, te hablo de todo, la estética entra también pero te hablo de todo.

A nadie le gusta estar al lado de mujeres despojadas de belleza porque la belleza habla, la belleza tiene poder. Ester era tan hermosa, que cuando tuvo que entrar a ver al rey, el rey quedó impactado por la belleza de ella. Y el rey le dijo: te doy todo lo que me pidas hasta la mitad de mi reino. Porque la belleza te abre puertas. Si vos te sentís una mujer bella, si vos sabés dentro tuyo que sos una mujer que te amas a vos misma, que sabés lo que Dios ha hablado sobre tu vida, vas a ir con esa belleza a cualquier lado, te vas a parar delante de puertas y las puertas se van a abrir, porque la belleza es poder.

La belleza inspira ¿qué sería estar al lado de la madre Teresa de Calcuta? ¿No te hubiese inspirado a subir a otro nivel? Acaso las cosas bellas del mundo ¿no te inspiran algo? Hay gente que ve algo bello y escribe. Hay gente que ve algo bello y se motiva para algo más, porque la belleza es inspiradora y Dios te puso en este mundo para inspirar. Dios te dio belleza para que inspires a otros, para que subas a un nuevo nivel. Dios sabe que tenemos una belleza que todavía no se ha revelado, Él va trabajando y de a poquito vas a ir viendo algo más, de a poquito se va a ir abriendo esa flor, de a poquito se va a ir viendo los colores que tenés, de a poquito vas a ver esas facetas que todavía no viste de tu interior, pero tenés que reconocerlas vos, no esperes el reconocimiento de otro.

No esperes de los demás, tenés que sorprenderte ¡Qué linda que soy en esto! ¡Cómo aprendí esto! ¡Qué bueno lo que hice! ¡Qué bárbaro esta experiencia que tuve! ¡Qué buena esta actitud que tomé! ¡Qué buena esta reacción! ¡Qué buena ésta decisión! Es el trabajo de Dios que te va mostrando las facetas de esa flor que Dios ha hecho de tu vida. Hay una belleza por revelar.

El enemigo va a venir siempre a tu vida para dañar tu belleza, para poder bloquear tu poder. Dice la palabra de Dios: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta entraré a Él, cenaré con Él y Él conmigo». Saben, Dios nos pide permiso para entrar en los lugares de nuestra vida que todavía mantuvimos cerrados, Él quiere entrar y golpea a tu vida para tocar esa área que todavía no está sanada. Yo no sé cuál es el área de tu vida, yo sé cuál es la mía que todavía el Señor tiene que trabajar, porque hay una parte de mi belleza que no salió, hay aspectos de mi belleza que no han salido porque Dios tiene que trabajar todavía. Yo sé las mías pero vos tenés que saber las tuyas y Él va a golpear y va a decir: «Me permitís entrar ahí para empezar a sanar, hasta ahora estuviste cerrada en eso, pero yo quiero que se vea, yo quiero que resplandezca tu belleza, ¿me permitís?» Y cuando vos le digas que sí, le abras la puerta, Él te va a decir: «¿me dejás sanarte?»

Él te dice hoy: «¿Me dejás sanarte ese dolor? ¿Me permitís sanarte ese recuerdo? ¿Me permitís sanar esa angustia? ¿Me permitís sanar ese pensamiento? ¿Me permitís sanar tu pasado? ¿Me permitís sanar las imágenes que hay en tu mente? ¿Me permitís?» te dice el Señor.

El Señor está golpeando corazones, este pasaje no es para aceptar al Señor. Este pasaje es para el área cerrada de tu vida que todavía no le dejaste entrar al Señor y te estás cerrando cada vez más. ¿Me permitís? Dice el Señor. ¿Me permitís sanar tu vida hasta que despierte la reina que hay dentro de ti? Dios no te va a soltar, hasta que no sueltes toda la hermosura que Él puso dentro tuyo.

(CONTINÚA…)

Por Alejandra Stamateas

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