Escribí el libro Soy la que Soy para contar que todas esas mujeres de La Biblia tenían identidad. A través de esta obra de teatro titulada igual que mi libro, quiere decirte que vos también tenés identidad, y esa identidad es tu nombre. Cuando Dios le dijo a Moisés que tenía que libertar al pueblo judío, él preguntó: «Cuando me presente ante los israelitas, ¿qué les contesto si me preguntan cómo te llamás?». «Presentame como Yo soy el que soy», le respondió Dios. No hay más que explicar: podés presentarte al mundo como la que sos, sin necesidad de aclarar: «Soy la mamá de…», «soy la hija de…», etc. Dios te ha dado una identidad que te define. Él te creó con un propósito en esta vida, una meta, un sueño, por eso no tenés que tener miedo: hay un lugar especial en este mundo para tu vida: ¡usalo, sé libre, alcanzá tu sueño!

Recordamos a estas mujeres de la historia bíblica porque cada una de ellas hizo lo que tenía que hacer con pasión. Si querés ser recordada a lo largo de la historia de la humanidad, tenés que hacer lo que deseás hacer, pero con pasión. Todos los personajes que hoy recordamos hicieron lo bueno o lo malo, pero lo hicieron con pasión. Por ejemplo, Hitler puso pasión para hacer el mal, mientras que la Madre Teresa de Calcuta puso pasión para hacer el bien. Bill Clinton es recordado no por la trascendencia de su presidencia, sino por el apasionado affaire que tuvo con Mónica Lewisky. Entonces, hacé el bien, y si querés ser recordada, ponele pasión, porque la pasión es el ingrediente necesario para la vida.

La mujer adúltera, a la que me referiré en un próximo libro, fue sorprendida en el mismo acto de adulterio. ¡Qué situación incómoda! En aquellos tiempos, como no había televisión, los religiosos iban a ver pornografía donde pudieran, y así fue que encontraron a esta mujer. Sin darle siquiera tiempo para vestirse, estos hombres la sacaron de la casa y la pusieron delante de Jesús para que Él la juzgara y la castigara. Todo lo que hagas con pasión, sea bueno o sea malo, te va a llevar delante de Jesús. Si Jesús no hubiese estado en el momento que encontraron a la mujer, los hombres la hubieran terminado matando, pero el Señor siempre aparece cuando hacemos cosas buenas y también está cuando cometemos errores. Él está ahí para transformar nuestros recuerdos de modo que cuando miremos al pasado, no lo miremos con angustia ni con dolor, para que ese pasado no nos persiga.

Hay un pasaje en Ezequiel 46:8-10 que dice: «Cuando el príncipe entre, lo hará por el vestíbulo de la puerta, y saldrá por el mismo lugar. Pero cuando el pueblo se presente delante del Señor durante las fiestas señaladas, el que entre para adorar por la puerta del norte saldrá por la puerta del sur; así mismo, el que entre por la puerta del sur saldrá por la puerta del norte. Nadie saldrá por la misma puerta por la que entró, sino que siempre saldrá por la de enfrente. Y cuando entren y cuando salgan, el príncipe deberá estar entre ellos». Eso significa que cuando hacés algo con pasión y te enfrentás a Jesús, Él va a hacerte volver por otro camino. Si entraste angustiada, vas a salir con alegría; si viniste con depresión, te vas a ir llena de esperanza; si entraste con deudas, vas a salir prosperada; si entraste sin fe, vas a salir creyendo. No vas a salir por la puerta que entraste, no te vas a ir de la misma manera en que llegaste, porque cuando Jesús irrumpe en tu vida es para mostrarte que hay un nuevo camino.

Hay gente que no selecciona qué recuerdos de su vida guardar en la memoria. Si toda tu vida estuviera retratada en 500 fotos y yo te pidiera que armaras un álbum con 50 fotos, ¿cuáles elegirías? Seguramente quisieras guardar en el álbum las fotos en las que saliste más linda, más delgada, más sonriente. Es probable que no incluyeras fotografías en las que estabas mal maquillada, con ojeras o triste. Entonces, cuando alguien te preguntara por tu vida, mostrarías ese álbum con 50 fotos espectaculares y dirías: «¡Esta es mi vida!». Eso es lo que Dios quiere que hagas con todos los recuerdos que tenés de tu pasado. Él quiere que elijas los mejores momentos para tenerlos siempre en mente. El Señor te dice: «Si hoy estás mal, voy a darte buenos recuerdos, voy a hacerte volver por otro camino».

Por Alejandra Stamateas

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