¿Te gustaría conocer al hombre correcto?, ¿te gustaría encontrar el trabajo correcto?, ¿te gustaría tener la familia correcta? Muchas veces decimos: «¡Cómo me gustaría que la persona correcta llegue a mi vida!», y no nos damos cuenta que el problema no es encontrar a la persona correcta sino entender que las incorrectas somos nosotras. Llegamos a la vida de un hombre correcto y se la arruinamos con nuestras quejas, problemas, ansiedades o miedos. Llegamos al trabajo correcto y lo arruinamos con llegadas tarde, discusiones con los compañeros, chismeríos, etc. Muchas veces estamos muy ocupadas en ver qué es lo que Dios va a hacer en las demás personas y no vemos lo que quiere hacer en nuestra vida.

A la mujer de la historia bíblica la llevaron semidesnuda al medio de la plaza para ver qué iba a hacer Jesús con ella. Al igual que a nosotros, a estos hombres les interesaba más la vida de la mujer que su propia vida, y querían ver si Jesús aplicaba la ley y la condenaba a morir apedreada. A Pedro también le pasó algo similar: una vez Jesús le quiso hablar sobre su muerte: «Te van a arrestar, te van a poner esposas y ya no vas a ser libre para ir donde quieras». Pedro podría haber aprovechado para preguntarle montones de cosas: «¿Por qué me va a ocurrir eso?», «¿qué va a pasar conmigo?», «¿qué debo decir cuando ese momento llegue?»; sin embargo, Pedro miró a Juan y le respondió a Jesús: «Y a este, ¿qué le va a pasar?». ¡En lugar de usar ese momento para ver lo que Jesús iba a hacer con él, Pedro estaba preocupado por saber acerca de otra persona!

¿Te pasó alguna vez que fuiste a la iglesia y al escuchar el mensaje del pastor, pensaste: «¡Qué bien le vendría a mi marido escuchar esto!», o «¡qué lástima que no vino mi suegra!»? Esto es lo que nos pasa muchas veces: en vez de preguntarle al Señor: «¿Qué estás haciendo conmigo?», «¿qué es lo que querés que haga?», te ponés a pensar: «Ay, ¡si estuviera mi hija!». Pero Dios te dice: «La protagonista sos vos. Yo quiero trabajar en tu vida y bendecirte a vos». Y ahí estaba la mujer adúltera, los hombres acusadores y también Jesús. Necesitás saber que siempre habrá acusadores. El Señor escuchó las acusaciones y se agachó. Seguramente, cuando los hombres habían llevado a la mujer, la empujaron de manera que ella perdió el equilibrio y cayó al suelo. Por eso Jesús se agachó, para mirarla a los ojos. Vivimos en un tiempo donde todo es vía mail o mensajito de texto. Casi no nos miramos a la cara, no nos abrazamos ni nos acariciamos; sin embargo, todos necesitamos afecto, ser escuchados, ser abrazados.

Jesús se agachó, la miró a los ojos y con Su mirada le dijo: «Yo te entiendo. Sé por lo que estás pasando, sé lo que estás pensando, la bronca que tenés y la vergüenza que sentís. Yo sé las cosas que podrías decir de ellos y, sin embargo, estás en silencio». A veces pensamos que Jesús no nos entiende, pero el Señor nos dice: «Te entiendo, no necesitás explicarme nada. Entiendo lo que sufriste, entiendo lo que te pasó, entiendo la equivocación que cometiste, entiendo lo que se te pasó por la cabeza en de ese momento, entiendo por qué le dijiste eso a tu pareja, yo entiendo por qué mentiste». Dios nunca te va a decir: «No te entiendo», «¿por qué hiciste semejante cosa?», «¡otra vez te equivocaste!». Él siempre te va a comprender. Después de mirarla a los ojos, Jesús volvió a ponerse de pie para hablar con los hombres que la acusaban. Dirigiéndose a la mujer, preguntó: «¿Quiénes son tus acusadores?». Eso mismo te pregunta a vos el Señor: «¿Quién te está acusando de algo hace mucho tiempo?, ¿de qué te acusa tu propia mente todos los días?».

Porque el que vive con acusaciones pierde la alegría, tiene una mente de condenación, va a su trabajo angustiado, triste, tiene una familia y no la puede disfrutar. Existen mujeres que cometieron errores apasionadamente y esa condenación viene todo el tiempo, y sin darse cuenta, buscan a alguien que las castigue: forman pareja con hombres mentirosos, manipuladores, golpeadores, porque de esa manera sienten que están pagando su culpa.

Por Alejandra Stamateas

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