En la historia de la adúltera, Jesús primero se agachó, tomó la acusación y luego se puso de pie para defender a la mujer. Tenés que saber que Jesús siempre va a venir a defenderte. Cuando Él te busca es porque quiere ser tu abogado, el que va a defenderte. A pesar de nuestros errores, de nuestros conflictos, el Señor nunca renuncia, jamás se da por vencido. Seguramente esta mujer estaba allí, casi desnuda en medio de todos esos hombres, avergonzada e incómoda, pero Jesús la vistió en su espíritu. A veces nos preocupamos mucho por arreglarnos, maquillarnos, vestirnos bonitas, peinarnos, pero salimos de nuestras casas con el espíritu desnudo, porque no estuvimos ni un momento delante de la presencia de Dios, no leímos ninguna promesa bíblica, no le preguntamos a Dios que quería ese día de nosotras. Así estaba esta mujer, pero Jesús vistió su espíritu y le cambio los recuerdos. Ahora, cuando ella recordara su pasión, diría: «¡Pero ese día conocí a Jesús y Él me cambió la vida! Yo venía por el camino equivocado, y Él cambió mi rumbo».

Los hombres querían ver qué hacía Jesús con la adúltera, pero en cambio, Él se dirigió a ellos: «Si alguno de ustedes no tiene pecado, tire la primera piedra». Jesús viene a tu vida para quitarte de encima a tus acusadores. Él quiere que nadie, ni siquiera tu propia mente, venga a acusarte otra vez. Con Jesús estás perdonada y sos libre. «Andá –le dijo Jesús a la mujer–, sos libre. No peques más. Estás haciendo algo que va en tu contra, ¡no te castigues más, empezá a ser feliz!». Tu fe no se define por quién es Dios; tu fe se define por quién creés vos que es Dios. Si para vos Dios es el que está en un cuadrito y no puede hacer nada, así es Dios para vos; si tu fe es una cintita roja que tiene poder, ese es el dios que tenés, y el día que no tengas la cintita, te quedás sin dios; si tu fe es un recuerdo o una historia que te contaron, si tu fe solamente se basa en el bautismo que un día hiciste, ese va a ser el tamaño de tu Dios. Pero quiero decirte que Dios es inmenso, poderoso, y que tenés que romper tus límites y decir: «Estoy cansada de vivir así. Dame, Señor, una vida apasionada. ¡Quiero ser feliz!».

Cuando era chica e iba de vacaciones con mis padres al mar, mi papá me decía: «¡Vamos al agua!». Él se agarraba fuerte de las manos y cuando venía una ola, me levantaba bien alto, tan alto que el agua casi no me tocaba. Pero a pesar de que él me daba mucha seguridad, yo sabía que él era un ser humano y que si se resbalaba, me iba a soltar las manos. Pero cuando Jesús te dice: «Agarrate de mis manos», Él no es hombre para mentirte, así que no te va a soltar jamás. Tal vez la estés pasando mal, quizás la ola te esté mojando, pero no te preocupes, porque ahí está Jesús para agarrarte de las manos y levantarte bien alto. ¡Ese es nuestro Dios!

«Se hará con ustedes conforme a su fe», dijo Jesús. Entonces, ¿qué Dios tenés? El Señor puede cambiar tu vida, puede cambiar tus recuerdos para que cuando mires atrás veas cosas maravillosas porque Él estuvo ahí presente en cada situación. Dios quiere cambiarte el recuerdo de esas cosas negativas con las que luchás todos los días: «No soy la mujer correcta», «nunca logro nada», «no puedo salir adelante», «a mí nadie me quiere». A veces las mujeres ponemos toda nuestra confianza en una persona, y está bien confiar en la gente, pero no debemos poner nuestra vida en manos de nadie, porque el único que te puede sostener es Jesucristo.

Entregale a Jesús todo aquello que hayas hecho con pasión, sea bueno o sea malo. Quizás te humillaste, tal vez lastimaste a otras personas o dañaste tu propio cuerpo, pero Jesús hoy está aquí para decirte que Él va a transformar tus recuerdos para que no sean una condena en tu vida. Entregale al Señor tu corazón, y Él, el Dios grande y poderoso, hará lo que ningún ser humano puede hacer. Entraste por una puerta con dolor, tristeza y angustia, pero vas a salir por la puerta de la alegría, de la prosperidad, de la bendición, del amor y de la fe. Amén.

Por Alejandra Stamateas

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