2. ¿Son coherentes mis expectativas con respecto a esta relación? Si al establecer una relación de pareja pretendés que el otro esté las 24 horas del día a tu lado, tu expectativa no sería coherente pues estarías anulando prácticamente la vida del otro. Distinto sería el caso de que él trabajase, hiciera las actividades que le agraden y luego estuviera cierta cantidad de horas con vos. Es importante que corrobores que tus expectativas sean coherentes, ya que de lo contrario eso te traerá grandes problemas.

3. ¿Estoy quitándome poder para otorgárselo al otro? Una mujer me escribió: «Me casé muy jovencita con un hombre que después de años me dejó y no quiere saber nada más conmigo. Yo vivía gracias a lo que él me daba, pues no solo me mantenía a mí, sino también a mi familia. Ahora que él se fue tengo miedo, porque no sé qué hacer con mi vida ni tengo un lugar donde ir. Nunca estudie nada ni aprendí cómo manejar una casa o administrar mis finanzas». Al haberle otorgado todo el poder a su ex pareja, esta mujer no sabía cómo enfrentar la vida sola. Le respondí que para salir de esa situación tenía que volver a empoderarse, ya que si no lo hacía, volvería a cometer el mismo error con el próximo hombre que conociera.

¿Qué tiene que tener una relación interpersonal para que sea sana? A continuación voy a compartirte algunos puntos importantes para que tengas en cuenta.

1. Integridad.

La integridad es un ingrediente sumamente necesario para que una relación interpersonal funcione. Por ejemplo, no podés pretender tener éxito en una sociedad con alguien que obtuvo el capital robando. Tampoco podés esperar que una relación de pareja llegue a buen puerto si esta se ha basado en la mentira. La Palabra dice: «Oirá el sabio y aumentará el saber», lo que significa que cuando entablás un vínculo con alguien es para que aumentes el saber que ya poseés y no para que el otro te resuelva todo o te diga lo que tenés que hacer. Es importante que sepas que todas tus relaciones interpersonales te tienen que servir para aumentar y no para disminuir lo que sos. Lamentablemente, mucha gente necesita tanto un amigo, una pareja o alguien en quien confiar que terminan entregando todo su poder en esa relación. Así le expresan a la otra persona: «Sin vos no soy nada» o «cuando hablo con vos siento que vuelvo a vivir».

Cada vez que entres en una relación pensando: «Me caso para que el otro me resuelva el problema que tengo con el alquiler» o «me pongo en pareja porque nadie se fija en mí y necesito sexo», vas a estar en desventaja, porque ponés expectativas altas en alguien que no va a poder resolverte todo lo que querés. Por eso, es importante que no dejes las decisiones en manos de otra persona y que sepas que ya tenés sabiduría y que si te unís a alguien es solo para hacerla crecer. Una mujer me contó que su pareja le dijo: «Yo te hice mujer», algo totalmente ilógico, porque con esa frase le insinuó que él la tuvo que moldear para ser lo que ella es. Recordá que no necesitás que nadie te moldee, ¡Dios te hizo completa!

2. No debe haber Ataduras con el otro.

La mejor manera de no tener ataduras con la gente es cancelar todos los tipos de deudas que existan. Tal como dice La Biblia, cuando contraés una deuda con alguien sos esclavo del acreedor. Por esa razón, tenés que cancelar las deudas emocionales, afectivas o materiales que tengas con el otro, pues Dios te ha hecho para que seas libre. Si tenés una deuda económica, empezá a pagarla; si alguna vez heriste a alguien con una palabra, pedile perdón y soltala de tu vida. No tengas ataduras con nadie porque eso solo te traerá conflictos.

3. Intimidad con Dios.

Una persona íntegra tiene intimidad con Dios y sabe que Él está siempre presente. Aunque esto parezca fácil, en tiempos de crisis solemos enfocarnos tanto en los problemas que nos olvidamos de la presencia del Señor. En el pasaje citado al comienzo, Jacob no se había dado cuenta que Dios estaba allí porque había estado mirando en la dirección equivocada. Al estar tan enfocado en el conflicto que tenía con su hermano, se olvidó de que el Señor estaba en ese lugar. Al dejar de poner sus ojos en su supuesto enemigo, Jacob descubrió que podía ver la presencia de Dios. Preguntate: ¿Cuál es ese problema que te obsesiona y en el que estás enfocada todo el día? Tené en cuenta que no podés brindarle a ese conflicto la misma importancia que a la presencia del Señor.

Por Alejandra Stamateas

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