Para que Jacob se diera cuenta de que Él estaba allí, Dios tuvo que dormirlo y darle un sueño. En la antigüedad los pueblos paganos tenían dioses que solo brindaban protección a los seres humanos en ciertos lugares. Por esa razón, para recibir dicha protección las personas se tenían que trasladar a lugares específicos. Sin embargo, Dios le dijo a Jacob: «Yo te voy a cuidar en cualquier lugar. Estés donde estés voy a estar presente». Dios es un Dios que está siempre presente aun en esa circunstancia difícil en la que sentís que Él no está. El Señor te dice: «Pese a los conflictos que tengas y al lugar donde te encuentres, yo estoy con vos». Es hora de que aprendas a romper con la habituación espiritual, es decir, con aquello a lo que te has acostumbrado. Muchas veces nos habituamos a decir: «Dios está conmigo», pero no lo vemos ni lo experimentamos. Esto nos lleva a que intentemos resolver los problemas con nuestras propias fuerzas, lo que nos trae aparejado angustia y dolor.

Tal vez quieras vivir una vida sobrenatural en la que reconocés a Jesús como tu Salvador, pero al estar tan enfocada en esa enfermedad o en ese problema económico, terminás viviendo una vida natural en la que te acostumbrás a no recurrir al Señor. Quizás digas: «Ya no oro más, porque, en definitiva, cuando tuve este tipo de problemas siempre me manejé bien así», y no te des cuenta de que Dios estuvo presente en tu vida. En el pasaje citado, Jacob dejó de tomar el asunto que tenía con su hermano en sus propias manos, pues se dio cuenta de que Dios estaba allí.

La Biblia narra la historia de Ana, una mujer que tenía grandes conflictos interpersonales, especialmente con quienes la querían. Por un lado, su esposo le decía: «No te preocupes si no podés tener un hijo, porque yo te amo igual. Para mí seguís siendo una mujer especial». Sin embargo, ella no podía hacerle entender que en realidad su anhelo era tener un hijo. Por otro lado, Ana tenía problemas con Penina, una mujer que la odiaba y que se burlaba de su esterilidad. Además, ella tenía problemas con Elí, un sacerdote que no la conocía. ¿Alguna vez tuviste problemas con alguien que ni siquiera te conoce? Lo cierto es que Ana tenía problemas con quienes la amaban, con quienes la odiaban y con quienes no la conocían. Esta mujer no lograba hacerse entender hasta que aplicó un principio espiritual y dijo: «Hay asuntos que solamente son entre Dios y yo».

Quiero decirte que ese asunto que tenés pendiente hace años o ese problema que aún no podés resolver y que te trae angustia solamente lo tenés que llevar delante de Dios, pues es un asunto privado entre Él y vos. No permitas que nadie se interponga en el medio. Ana no sabía cómo tratar a su esposo, a la gente que la criticaba y a la que no la conocía. Pero esta mujer tenía en claro que si trataba de resolverlo a su modo, solo iba a agravar la situación, por lo que dijo: «Hay asuntos que tengo que tratar en privado solo con Dios».

Cuanto más sean las situaciones que le entregues al Señor y más profunda sea tu relación con Él, menos serán los problemas que tengas en tus relaciones interpersonales. En otras palabras, cuanto más profunda se hace tu visión de la presencia de Dios en tu vida, menos problemas tendrás con los demás. Ciertamente, hay situaciones que no se pueden resolver de otra manera que no sea con Él. No busques que el otro piense, actué o se maneje de la misma manera en que te manejás vos. Una mujer me contó que estaba preocupada por la relación de pareja que había entablado su hija, ya que presumía que las cosas no iban a terminar bien. Tras preguntarme qué debía hacer, le respondí: «Eso es algo entre Dios y vos. Hay cosas que solamente tienen solución en el mundo espiritual». No te habitúes a hacer algo por tu cuenta, porque cuando Dios está presente siempre hay respuestas. Dejá que Él obre y haga el proceso que tenga que hacer. Recordá también que cuánto más intimidad tengas con Dios, mas empatía tendrás con los demás, pues dejarás de exigirles que hagan o piensen lo mismo que vos.

Por Alejandra Stamateas

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