Matrimonios Cristianos – Creencias Acerca del Amor 4

 

Continuemos.

2. Creo que no es difícil identificar el amor verdadero de la pasión.

De nuevo la respuesta es: Falso. Somos capaces de elevar­nos hasta las estrellas al inicio de una relación romántica que surge respaldada por los signos de ser algo que durará toda la vida.

Trate de convencer a un soñador extasiado de 16 años de que él no está verdaderamente enamorado sino que está sintiendo una pasión sensorial. Él está muy seguro de lo que siente, y siente muchísimo. Y tratará de disfrutar ese amor lo más pronto posible, mientras dura, porque presiente que tendrá su punto final pronto también.

Deseo hacer énfasis también en lo siguiente: La excitación que proviene de la pasión no es un estado permanente. ¡Es fugaz! Y si piensa que va a vivir en la cima de la pasión año tras año, ¡olvídelo inmediatamente! Si confundimos el brillo de la atracción sexual con el amor verdadero, sin duda alguna, sentiremos desilusión y desencanto.

¿Cuántas parejas de jóvenes que se creen «enamorados» contraen matrimonio sin esperar que sus emociones hayan seguido el proceso normal que hemos mencionado?

Después, cualquier día, se levantan sin la sensación agradable que los envolvía, y terminan asegurando que su amor ha muerto, cuando la realidad es que nunca existió realmente. Fueron seducidos por una fuerte emoción. Esta variabilidad de las emociones ha servido para atrapar a más de un joven romántico.

De acuerdo con las circunstancias de la vida que estemos atravesando, esa línea emocional se elevará o descenderá en nuestra experiencia. Incluso a una mujer y un hombre que se amen sincera y profundamente puede ocurrirle que alguna vez se sientan sobrecargados emocionalmente, y otras veces com­pletamente vacíos. No obstante, este amor genuino no está definido por «el sube y baja» de las emociones, sino que depende del compromiso entre dos voluntades.

Desdichadamente, ese compromiso fundamental de la voluntad se encuentra ausente en muchos matrimonios, en la actualidad.

Algunos dicen: «Te amo. Mientras dure la atrac­ción que siento hacia ti». O «Hasta que encuentre a alguien mejor que tú». O «En tanto dure mi capacidad para mantener esta relación a este nivel». Podemos afirmar con toda seguri­dad, que el amor sin compromiso, tarde o temprano se disipará como la neblina.

 

3. Creo que la pareja que verdaderamente se ama, no discute ni se pelea entre ellos.

Sinceramente creo que esta pregunta no merece una res­puesta. Los problemas conyugales algunas veces son tan inevi­tables como la salida del sol, aunque ambos se amen profunda­mente. No obstante, existe una ostensible diferencia entre los conflictos saludables y los enfermizos, todo depende de cómo enfrentemos el problema.

En un matrimonio donde fluctúan las emociones, el resentimiento es lanzado directamente al rostro del otro: «Eres una inutilidad. No sé para qué me casé contigo. Eres insoportablemente estúpida, y cada día te estás pareciendo más a mi suegra».

Esas referencias tan directas hieren lo más profundo de la dignidad personal y producen una destrucción interna. Por lo general, provocan en el otro miembro de la pareja el deseo de responder en la misma forma, utilizando esos comentarios hirien­tes y odiosos, aderezados por lo general con su correspondiente dosis de llanto e injurias.

El objetivo definido de esta conducta tan agresiva es el de herir, y las palabras expresadas con ese espíritu jamás se olvidan. Aunque hayan sido dichas en un momento de ira o descontrol.

Cada batalla de este tipo va destruyendo la unión matrimonial saludable y reemplazándola por una relación morbosa que terminará con el matrimonio a poco plazo.

Por otra parte, los conflictos saludables se mantienen limitados al área donde se suscitó el problema. «Estás gastando el dinero más rápidamente que el tiempo que yo empleo en ganar­lo». «Me trastornas toda mi organización cuando no me avisas que llegarás más tarde de lo acostumbrado». «No puedes imaginarte lo mal que me sentí cuando me hiciste quedar como un idiota en la fiesta de anoche».

Estas esferas de conflictos, aunque provocan cierta tensión emocional son mucho menos perjudiciales para las personalidades de las parejas que se enfren­tan. Una pareja sana puede intentar transformar esos detalles, por medio de pactos y compromisos, sin tener que continuar lanzándose frases hirientes a la mañana siguiente de haberse producido el problema.

La capacidad para poder enfrentarse adecuadamente a estos problemas, quizás sea la técnica más importante que deben aprender los recién casados. Por lo general aquellos que conocen a fondo esta técnica optan por dos alternativas:

a. Sepultan su ira y resentimiento bajo un manto de silencio bajo el cual van desarrollándose con el trans­curso del tiempo.

b. Se lo lanzan todo directamente al rostro de su cónyuge.

Los juzgados que se encargan de los trámites para efectuar divorcios, están repletos de parejas que pusieron en práctica las dos posibilidades.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Lo Que Las Esposas Desean Que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres”

Por James Dobson

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