Matrimonios Cristianos – El Amor es lo Que Importa 2

 

Continuemos.

La decisión de amar a su cónyuge tiene un tremendo potencial. Aprender su lenguaje principal de amor hace que ese potencial se vuelva una realidad. El amor hace que «el mundo gire alrededor». Al menos eso fue lo sucedió con Jean y Norm.

Habían viajado tres horas para llegar a mi oficina. Se notaba que Norm no quería estar allí. Jean lo había obligado amenazándolo con dejarlo (no sugiero este método, pero las personas no siempre conocen mis sugerencias antes de venir a verme). Tenían 35 años de casados y nunca habían estado en consejería antes.

Jean comenzó la conversación: —Doctor Chapman, quiero que sepa dos cosas. Primero de todo, no tenemos ningún problema económico. Leía en una revista que el dinero es uno de los más grandes problemas en el matrimonio. No sucede eso con nosotros. Los dos hemos trabajado todos estos años, la casa está pagada, los automóviles están pagados. No tenemos ningún problema económico. Segundo, quiero que sepa que no discutimos. Oigo a mis amigas hablar sobre las discusiones que tienen todo el tiempo. Nunca discutimos. No recuerdo cuándo fue la última vez que tuvimos una discusión. Los dos sabemos que las discusiones son inútiles, así que no discutimos.

Como consejero aprecié la aclaración de Jean. Supe que iba directamente al grano. Era obvio que ella había pesado bien sus afirmaciones. Quería asegurarse de que no nos meteríamos en lo que no eran sus problemas. Quería emplear esa hora sabiamente.

Continuó:

—El problema es que no siento ningún amor de parte de mi esposo. Para nosotros, la vida es una rutina. Nos levantamos en la mañana y vamos a trabajar. En la tarde él hace lo suyo y yo hago lo mío. Generalmente comemos juntos pero no hablamos. Él mira la televisión mientras comemos, luego él va a orinar al sótano y se duerme frente al televisor hasta cuando le digo que es hora de acostarse. Este es nuestro horario cinco días a la semana. El sábado juega golf por la mañana, trabaja en el jardín por la tarde y vamos a cenar juntos con otra pareja en la noche. Conversa con ellos, pero cuando entramos al auto para volver a casa, la conversación cesa. Una vez en casa se duerme frente al televisor hasta que nos vamos a la cama. El domingo por la mañana vamos a la iglesia. Siempre vamos a la iglesia los domingos por la mañana, doctor Chapman —recalcó—.

Luego vamos a almorzar con algunos amigos. Cuando llegamos a casa, se duerme frente al televisor toda la tarde del domingo. Por lo general, volvemos a la iglesia el domingo por la noche, luego regresamos a casa, comemos palomitas de maíz y nos vamos a acostar. Ese es nuestro horario todas las semanas. Eso es todo. Somos como dos compañeros de cuarto viviendo en la misma casa. No sucede nada entre los dos. No siento ningún amor de parte suya. No hay cariño, no hay emoción, todo es vacío, todo es muerto. No creo que pueda soportar esto por mucho tiempo más.

Jean lloraba. Le pasé un pañuelo de papel y miré a Norm. Su primer comentario fue: —No la entiendo.

Después de una breve pausa continuó: —He hecho todo lo que puedo para demostrarle que la amo, especialmente en estos últimos dos o tres años, desde que se ha quejado tanto. Parece que de nada sirve. No importa lo que haga, ella sigue quejándose de no sentirse amada. No sé qué más hacer.

Podría decir que Norm estaba frustrado y enojado. Le pregunté: —¿Qué ha hecho para mostrar su amor a Jean?

—Bueno, una cosa —dijo—, llego a casa del trabajo antes que ella, así que comienzo a preparar la cena todas las noches. En realidad, quiero que sepa la verdad, tengo la cena casi lista cuando ella llega a casa, cuatro noches a la semana. La otra noche comemos fuera. Después de la comida, lavo los platos tres noches a la semana. La otra noche tengo una reunión, pero tres noches lavo los platos después de la comida. Paso la aspiradora a toda la casa porque a ella le duele la espalda. Hago todo el trabajo del jardín porque ella es alérgica al polen. Doblo la ropa cuando sale de la lavadora.

Continuó contándome otras cosas que hacía por Jean. Cuando terminó me pregunté: ¿Qué hace esta mujer? No había casi nada para que ella hiciera.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Los Cinco Lenguajes del Amor”

Por Gary Chapman

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