Matrimonios Cristianos – Nuestro Dinero 2

 

Continuemos.

Jesús llevó un estilo de vida sencillo, pero influyó en la historia humana más que ninguna otra persona. Jamás olvidaré el día en que leí esta afirmación hecha por él: «La vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes” (Lc.12:15). Estas palabras cambiaron para siempre mi visión sobre el dinero. También se reflejaron en mi experiencia profesional.

Cientos de parejas de buena posición se han sentado en mi consultorio en los últimos treinta años y han expresado palabras como las que siguen: «Vendimos el alma para adquirir bienes, y ahora estamos en quiebra espiritual y emocional. Tenemos cosas… pero nuestra vida está vacía

 

Relaciones y No Cosas

La verdadera satisfacción no se encuentra en el di­nero, no importa la cantidad, sino en la relación de amor con Dios, con nuestro cónyuge, nuestros hijos y nuestros amigos. Las relaciones afectivas son nuestra mayor riqueza. Esto generalmente se des­cubre en los momentos de crisis. Muchas veces he estado en la puerta de la sala de terapia intensiva de un hospital donde había un niño grave a causa de un accidente automovilístico o de una enfermedad.

Lo importante para los padres en ese momento no es la cantidad de dinero que tienen ni el tamaño de su casa, sino los amigos que vienen a acompañarlos en su profundo dolor. Durante una crisis física y emocional, todos los seres humanos se encuentran en el mismo nivel, pero algunos tienen amigos y otros no. El dinero no reemplaza la amistad.

Si crees que más dinero y más posesiones ma­teriales te brindarán la felicidad conyugal, estás equivocado. El dinero es útil para obtener más co­modidades, pero no producirá un buen matrimonio. Lo que sí produce relaciones significativas es la vida recta, el amor, la paciencia, la amabilidad y la compasión. Lo que construye un matrimonio feliz es el tratarse el uno al otro con dignidad, res­peto, amor y amabilidad. Esto se puede lograr en las condiciones de mayor pobreza al igual que en los hogares más acomodados.

Si estás pensando: Sere­mos más felices cuando tengamos más dinero, te estás engañando. Algunas de las parejas más felices que conozco viven casi en la pobreza. Sin duda aspiran a mayores recursos, pero no se engañan pensando en que el tener más les deparará mayor felicidad.

En realidad, podría ocurrir lo contrario. Recuerdo a Pablo y a su esposa Julia (no son sus verdaderos nombres) cuando vinieron a mi estudio, enfrentados y muy dolidos.

«Lo tuvimos todo,» dijo Pablo, «y ahora nada tiene sentido. Dejamos a Dios fuera de nuestra vida. No teníamos tiempo para nuestros ami­gos. Yo tenía dos trabajos… Tenemos una casa de 1.500 metros cuadrados; tenemos varios automóviles; tenemos dinero en el banco; pero aun teniendo todo eso nos perdimos el uno al otro. Me desprendería de todo si fuera posible volver a empezar en el pequeño apartamento donde vivíamos cuando recién nos casa­mos. En ese tiempo no teníamos nada, pero éramos felices. Hoy tenemos todo, pero nos sentimos muy desgraciados».

Después de muchas consultas, Pablo y Julia se encontraron de nuevo. En efecto, bajaron su nivel de vida y subieron su nivel de felicidad. Pero podrían haberse ahorrado doce años de prosperidad desgraciada si desde el comienzo hubieran tenido una visión adecuada del dinero.

El deseo de tener más posesiones materiales no es necesariamente un deseo malo. El problema surge cuando permitimos que el dinero se convierta en el centro de nuestra vida. Las Escrituras dicen: «Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores» (1º Timoteo 6:10).

Esos sufrimientos no son el resultado de tener o no tener dinero, sino de amar el dinero. Cuando la obten­ción de dinero se convierte en la fuerza motivadora de nuestra vida, nos estamos preparando para los «muchos sinsabores,» entre los que se encuentra la pérdida de la intimidad conyugal. Por otro lado, cuando mantenemos al dinero en su lugar, se con­vierte en un beneficio para el matrimonio.

 

Propiedad Compartida

El segundo aspecto del dinero en el que muchas parejas necesitan un cambio de actitud es el de la propiedad del mismo. En el matrimonio ya no se trata de «mi dinero» y de «tu dinero,» sino más bien de «nuestro dinero».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Nuestro Dinero”

Por Gary Chapman

Lee Nuestro Dinero 3

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