Matrimonios Cristianos – Nuestro Dinero 3

 

Continuemos.

De la misma manera, ya no se trata de «mis deudas» o «tus deudas» sino de «nuestras deudas». Si antes de casarse alguno de ustedes debía $5.000 de un préstamo y el otro debía $50 a un negocio local, después de la boda tienen una deuda común de $5.050. Cuando se acepta a alguien como cónyuge, se lo acepta tanto con sus deudas como con sus bienes.

Ese es el motivo por el que, antes de casarse, los miembros de una pareja deberían ser francos en cuanto a sus deudas y sus bienes. No está mal casarse con deudas, pero deben conversar sobre ellas de antemano y acordar un plan de pago. La mayo­ría de las personas tienen alguna deuda cuando se casan, pero la franqueza las ayudará a enfrentarlas de manera realista.

He conocido parejas que no hablaron lo sufi­ciente sobre esta cuestión antes de casarse y después de la boda se dieron cuenta de que juntos arrastran una deuda tan grande que los ahoga. ¡Qué tragedia comenzar el matrimonio con esa limitación! Opino que una deuda grande sin un plan realista para pagarla es motivo suficiente para postergar el casamiento.

De la misma manera, los bienes son ahora de ambos. Ella puede tener $6.000 en una cuenta de ahorros y él sólo $90, pero una vez casados, juntos tienen $6.090. Si no se sienten cómodos con esa consolidación, entonces no están preparados para casarse. El verdadero propósito del matrimonio es la integración, el sentido de unidad, la compenetración. Así también en cuanto a las finanzas se tiene que respaldar la unidad.

Podría darse el caso en que, debido a un extenso patrimonio o a los hijos nacidos de previos compro­misos, sería sabio que la pareja mantuviera la propie­dad individual de ciertas posesiones o bienes. Pero para la mayoría de nosotros, el principio de unidad implica cuentas de ahorros, cuentas corrientes, pro­piedades conjuntas, etc. Ahora somos un equipo y queremos expresar nuestra unidad en las finanzas lo mismo que en otras áreas de la vida. Como el dinero es de ambos, ninguno de los dos intentará ejercer el control de las cuentas. En lugar de eso, manejaremos nuestras finanzas en equipo, valiéndonos de lo mejor de nuestra sabiduría y nuestra experiencia pasada.

Es probable que sea uno de los dos el que pa­gue los recibos mensuales y lleve el registro de las cuentas, pero el otro deberá tener pleno acceso a todos los asuntos financieros y libertad para expre­sar opiniones y negociar decisiones. Cuando uno de los miembros de la pareja intenta controlar las finan­zas excluyendo al otro, esa persona se convierte en un padre y su pareja en un hijo.

Una esposa dijo en una ocasión: «Me da vergüenza decirlo, pero eso ilustra el problema que tenemos. Cada vez que necesito un par de medias, tengo que decirle a mi esposo: ‘¿Puedes darme dinero para comprar un par de medias?’ Es horrible. Me siento como una criatura». Esa situación no fortalece la relación matrimonial y es inevitable que provoque numerosos conflictos.

Si como pareja aceptan los dos principios pre­sentados:

1. Nuestra relación es más importante que el dinero que tengamos.

2. Y todo lo que tenemos nos pertenece a ambos en conjunto.

Habrán sentado las bases para hacer del dinero un recurso valioso de su matrimonio.

 

Pongamos en Práctica los Principios

1. Hasta ahora, ¿cuál ha sido tu actitud hacia el dinero? ¿Qué cambios necesitas hacer?

2. ¿Estás dispuesto a apropiarte del concepto de que tu matrimonio es más importante que la acumulación de dinero y de posesiones materiales? ¿Estarías dispuesto a expresar verbalmente esa idea a tu pareja?

3. ¿Estás dispuesto a aceptar la idea de que todo tu dinero y tus posesiones ahora les pertenecen a ambos y que todas sus deudas son ahora «nuestras deudas»? ¿Estarías dispuesto a expre­sar verbalmente este concepto a tu cónyuge?

4. Como acto de confirmación de estas actitu­des, tal vez ambos quieran firmar y poner fecha a la siguiente declaración:

“Reconocemos que el dinero nunca nos traerá la felicidad, que nuestra relación es más importante que lo que poseemos. Además acordamos que todas nuestras posesiones nos pertenecen a ambos y que compartimos todas nuestras deudas. Trabajaremos como equipo para manejar nuestras finanzas de manera que mejore nuestra relación”.

Extracto del libro “Nuestro Dinero”

Por Gary Chapman

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