MIERCOLES:
ELLA: ¿Cómo sucedió? Apareció cuando menos lo esperaba… pero cuando más lo necesitaba.
Si tengo que estar agradecida es porque el escucha atentamente cuando hablo, lee lo que escribo, y ríe con lo que digo. Porque aparece cuando más lo necesito. Porque ocupa mi pensamiento desde el principio hasta el fin, porque mis ojos despiertan cuando lo ven, porque mis oídos se alegran cuando lo escuchan. Le he entregado mi corazón, y solo espero que nunca olvide que allí muy dentro, está el. Ese hombre que yo amo tiene algo de niño, la sonrisa sincera, sabia, inteligente. El hombre que yo amo no le teme a nada, no sabe de enojos, no entiende rencores. El camina en mi mente, es mi único amor entre tanta gente, y sé que aunque muchos quisieran estar con él, es el ladrón de mis sueños, duende de mi almohada.

EL: Uf, suena por tercera ocasión el despertador, no quisiera despertarme aún, deseo seguir imaginando su cara. Sin embargo ya es tarde y el día no espera. Finjo ver las noticias mientras tomo mi desayuno, pero en realidad es su sonrisa la que estoy viendo en el monitor, la tengo tan grabada en mi mente que me resulta difícil imaginar otra cosa. Entre prisas y reclamos “¡Estás en las nubes!” o “¡Ya despierta!”, de pronto comenzó el trajín del día.
Un par de horas corriendo y por fin solo, sí; me agrada así. Intento concentrarme en las cosas que tengo que hacer, pero me resulta tan complicado, cada pensamiento inevitablemente me lleva a ella. Y lo peor del caso es que no me resulta molesto, por el contrario estoy aprendiendo a vivir así, con ella a mi lado, aunque solo sea en mi mente.

JUEVES:
ELLA: Imagino lo que le diré cuando lo vea, pero sobre todo tengo que encontrar algún nuevo motivo para acercarme a él. No es que se me dificulte eso, pero tengo que ser convincente y no verme tan obvia; no quiero que se cuenta de todo lo que me pasa; solo espero que sea el quien tome la iniciativa y me diga si siente algo por mí.
¿Me llamará? Todos los días, inconscientemente lo busco entre la gente y no está, es fácil encontrar un ángel entre la multitud, pero no a él. Solo quiero escuchar esas canciones que me recuerdan a su aroma. Me transportan a ese mundo donde todo es posible, ahí no hay leyes ni tiempo, ni espacio, solo él y yo. Ahí puedo tocar su sonrisa, besar esa boca, acariciar ese cabello, mirar esos hombros que me encantan. Necesito un baño y por supuesto un reacomodo de ideas, y de sentimientos. Intento dormir pero no puedo, necesito sacar esta ansiedad. La tarde ya se fue, apenas el último aliento del sol parece reírse de mí.

EL: Apenas ceno, en realidad, ¡no tengo hambre!, intento ver la TV, estoy distante. Me pregunto: ¿Qué estará haciendo? El celular suena, una llamada más, pero no la que deseo.
Los ojos se me cierran y en ese pequeño lapso entre la vigilia y el sueño, me parece ver su rostro, esa cara tan perfecta, y esa risa como de ángel, sí, sé que estoy loco, que esto no es normal en un hombre que se presume inteligente. ¿Pero quién después de verla podría vivir tranquilo, sabiendo que anda un ángel por ahí, rompiendo corazones con tan solo sonreír?

VIERNES:
ELLA: ¡Hoy finalmente nos vimos! Pero solo me sonrió gentilmente, me habló de algunas cosas superficiales y luego se marchó. Otro día sin saber si el siente lo mismo, y ¿cuántos más vendrán? No me importa. Llegarán más sueños, más anhelos y en cada uno de ellos… siempre estará el. Solo espero que de una buena vez, él se anime a decirme todo lo que siente, y apenas lo intente, estoy decidida a besarlo antes que termine de hablar. Por ahora… tendré que vivir otro día sin él.

EL: ¡Hoy nos vimos! En realidad no supe que decirle y solo le hablé un par de tonterías, es que no quiero arriesgarme a decirle lo que siento y que me rechace, ¡no podría soportarlo! Además, cuando la veo, no logro darme cuenta si ella siente, aunque sea la cuarta parte, de lo que yo siento por ella. No sé si alguna vez logre animarme a decirle todo lo que siento; tal vez la próxima vez solo le robe un beso, aunque luego me ligue una bofetada. Pero por ahora… tendré que vivir otro día sin ella.

Por Dante Gebel

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