Matrimonios Cristianos – La Baja Estima Femenina 5

 

Continuemos.

2. La Agresividad.

La ira es otra forma de expresar los sentimientos de frustración. Mientras que la timidez tiende a eliminar todas las formas de vida de los que se sienten inferiores, la ira por el contrario, busca manifestarse con toda su energía en todas las esferas de la vida. Cada persona debe empuñar un arma para cortar la cabeza de sus opresores.

La timidez y la agresividad son las respuestas más genera­lizadas de los sentimientos de inferioridad que subyacen en las actitudes erróneas de todos aquellos que enarbolan la ira como bandera. Pero hay muchas más respuestas. Son impor­tantes estas dos precisamente, porque se hallan en los extre­mos del problema y se balancean como péndulos para comparar ambos extremos dentro de una amplia gama de posibilida­des. Pero ambas son malsanas y exageradas. Existe una res­puesta superior a estas cuestiones como veremos en las sec­ciones siguientes.

La afamada autora de «Su obstinado amor», Joyce Lanilorf, hizo a muchas personas la siguiente pregunta: «¿Si tuviera una varita mágica a su disposición qué cam­biaría usted en la personalidad femenina?»

La respuesta que yo le envié a esta laureada escritora fue la siguiente: Si me fuera posible hacer una recomendación a todas las mujeres del mundo, les recetaría a cada una de ellas una generosa dosis de saludable autoestima y aprecio por sí mismas. (Deberán emplear tres dosis diarias hasta que los síntomas de sus malestares desaparezcan totalmente). Por­que no tengo el menor asomo de dudas de que esta es la máxima necesidad femenina.

Si las mujeres sintieran que son respetadas auténticamente, en su función de esposas y madres, no necesitarían abandonar sus hogares para buscar algo mejor. Si se sintieran idénticas a los hombres respecto a su dignidad personal no intentarían asumir las respon­sabilidades del sexo opuesto. Si fueran capaces de gozarse por la posición y dignidad que el Creador les ha otorgado, entonces toda su feminidad sería considerada como una gran bendición. Y no pre­tenderían dejarla abandonada en un sillón como se desecha alguna ropa vieja.

No cabe la menor duda de que el futuro de la humanidad está en dependencia de cómo vea­mos a las mujeres. Y tengo la esperanza de que seamos capaces de enseñarles a nuestras niñas a ser felices, sintiendo que son elegidas por Dios para el maravilloso privilegio de ser madres, espo­sas y amas de casa.

La comprensión de las necesidades femeninas fue com­probada por medio de mi encuesta sobre las fuentes de la depresión femenina. Las esposas y madres que fueron entre­vistadas no parecían ser víctimas de la baja estima. Aparen­temente eran sociables, felices y amables con todos. Pero cuando hallaron la oportunidad de expresar con sinceridad sus sentimientos más profundos, brotaron a la superficie todos los sentimientos de inseguridad que llevaban ocultos en su interior.

Una de esas mujeres jóvenes vino a mi consultorio y por más de una hora intentó hacerme comprender por todos los medios posibles la inexpresable tragedia de su inferioridad. Casi al llegar al final de la conversación, le pregunté si alguna ocasión había comunicado esos sentimientos a su esposo y su respuesta fue clásica:

—¡Ya llevamos ocho años de matrimonio, pero mi esposo ni siquiera sospecha lo inútil e inferior que yo me siento!

La mujer tiene la tendencia de ocultar en secreto el sentimiento de inferioridad. Pero las mujeres desean que sus esposos la comprendan en esto.

Extracto del libro «Lo que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres»

Por James Dobson

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