Matrimonios Cristianos – La Fatiga y el Agotamiento Femenino 1

 

La fatiga y la vida apresurada han quedado señaladas en segundo lugar en la lista de las causas de la depresión femenina.

Vivimos en un país de gente enojada y gruñona que corre todo el día y trabaja por la noche horas extras. Además de los factores internos que nos perturban la tranquilidad del esparcimiento.

¿Con que frecuencia acuden a su mente las muchas obli­gaciones que figuran en la lista de las cosas por hacer y que en verdad son imposibles de cumplirlas todas?

Tengo que pagar las cuentas esta noche ya que el del almacén no me puede esperar más.

¿Y mi hijo?, debería tratar de pasar más tiempo con él. Ya ni parecemos familia. Quizás pueda leerle algo esta noche.

Pero tampoco debo descuidar mi cuerpo. Necesito el ejercicio físico y debo dedicarle más tiempo. Debería lograr hacer los ejercicios que transmiten en televisión por las mañanas. Mi examen médico anual no he tenido tiempo de hacerlo.

Tengo que leer más. Es necesario mantener activa la mente así que no debo descuidar la lectura.

También debo invertir más tiempo en desarrollar y cultivar mi vida espiritual. No debo dejar de lado esta área tan importante de la vida.

¿Y qué pasa con los compromisos sociales? No pode­mos contar tener buenos amigos si no pasamos tiempo con ellos. Los Sánchez nos han invitado en dos oca­siones, y tengo que retribuirles su invitación y amabi­lidad. Debo fijar la fecha y tratar de cumplirla no más.

Hay varias cosas que debo reparar en la casa, y los impuestos se vencen el próximo mes. Lo mejor sería hacer planes para realizar todo esto, pero… excúseme me llaman urgentemente por teléfono.

Así estamos muy ocupados. Se puede notar fácilmente. Pero ¿qué tiene que ver nuestra vida apresurada con la depre­sión? Precisamente, cada obligación que no podemos cumplir es una fuente de culpa. Si en los muchos compromisos que debemos enfrentar, alguna falla, esto deteriora nuestra propia estima.

Realmente no soy un buen padre. Y yo no soy una buena esposa, me siento agotada, no soy organizada y esto me confunde. No estoy a la moda y sigo separada del mundo. No tengo amigos verdade­ros, y pienso que Dios no está contento conmigo.

En verdad la vida recargada con muchas actividades con­tribuye a la enfermedad mental.

El cansancio nos impide enfrentar las travesuras de los niños, la lavadora de ropa rota, y las diversas inconveniencias diarias. Además es cierto que cuando estamos cansados nos acosan pensamientos que creíamos haber superado ya hace tiempo. Quizás esto explique por qué las mujeres y los hombres que están recargados de trabajo se acobardan, lloriquean, lastiman y hieren a las personas a quienes aman.

Si la fatiga y la prisa producen tal deterioro en los nervios, ¿por qué nos metemos en tantas obligaciones y compromisos que nos mantienen ocupados? Es tal vez que se piensa que ese ritmo de cosas es algo temporario. Ya he escuchado todas las razones que se arguyen para «seguir haciendo esto». He aquí algunas de las más comunes entre las parejas jóvenes:

  • José está instalando su propio negocio. Esto nos llevará algunos años para logar salir adelante.
  • A Pedro le quedan dos años de universidad para terminar su carrera. Así que yo tengo que trabajar para contribuir un poco a la economía familiar.
  • Tengo un nuevo hijo así que ya usted sabe lo que esto significa.
  • Acabamos de comprar una nueva casa, y tendremos que esforzarnos un poco más.

Cuando escuchamos todo esto es posible pensar que está muy lejano el día en que puedan cumplir todas sus obligacio­nes. El ritmo de vida se va haciendo rutinario y la agitación y la prisa no terminan nunca. 

El tiempo nos demuestra que la prisa no debe ser lo primero en nuestra vida. Y nadie corre más rápido que la madre de niños pequeños. No sólo corre todo el día sino que sus experiencias le pueden conducir fácilmente a un agotamiento emocional, pues sopor­ta todo tipo de presiones que la pueden dejar exhausta.

Los niños en las edades de 2 a 5 años poseen una habilidad increíble para alterar el sistema nervioso de cualquier persona. Quizás es la incontrolable vocecita que golpea el oído de la madre con un montón de preguntas hasta dejarla rendida.

Aunque la mamá sea paciente y se levante cada día llena de optimismo, terminará convertida en un manojo de nervios antes que llegue la noche.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro «Lo que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres»

Por James Dobson

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