Matrimonios Cristianos – La Fatiga y el Agotamiento Femenino 3

 

Continuemos.

¿Cómo ha podido brotar tanta sabiduría de la pluma de una niña de tan corta edad? Ella nos ha demostrado el papel tan importante que tienen las abuela en las vidas de los niños pequeños.

Los abuelos y las abuelas son invalorables para el mundo infantil. Por una sola razón: «Son los únicos entre los adultos que siempre tienen tiempo».

Es interesante notar que los niños que hemos menciona­do, hicieron referencia ambos a la vida tan apresurada que llevan los adultos. Los niños necesitan de personas mayores que caminen con ellos y les escuchen hablar de pesca, y de toda clase de pequeñeces». Que le contesten preguntas acerca de Dios y de la naturaleza.

¿Por qué tenemos que recordar nuevamente a los «ocupados» padres que sean sensibles a las nece­sidades de sus hijos? ¿No debería ser ésta, una expresión perfectamente natural de su amor e inte­rés por los pequeños? Sí. Debería serlo. Pero papá y mamá tienen sus propios problemas. Están bor­deando los límites de su resistencia física debido a la vida tan agitada que llevan.

Papá tiene tres trabajos y debe esforzarse por conservarlos. Mamá tampoco tiene tiempo libre. Por ejemplo: Le queda sólo esta tarde para limpiar la casa, ir al supermer­cado; arreglar las flores y coser el vestido que lucirá mañana. Tiene una lista de tres páginas de cosas para hacer. Y ya le ha comenza­do un dolor de cabeza a raíz de todo esto. Abre una lata de comida para darle de cenar a los niños, y espera que ellos no le desordenen su peinado nuevo.

Cuando son la siete de la noche, el pequeño Roberto gatea debajo de la madre y le dice: «Mira, mamá cómo me arrastro». Ella da un vistazo hacia abajo y exclama: «¡Sí, sí!», pero, obviamente, está pensando en otra cosa. Diez minutos más tarde Roberto le pide un poco de jugo. Ella se siente molesta por su pedido pero le da lo que solicita. Está atrasada con todas las cosas y su tensión nerviosa va aumentando.

Cinco minutos después el niño la interrumpe nuevamente pidiéndole que le alcance un juguete, que está guardado en la parte más alta del ropero. Ella lo mira y corre a su cuarto para satisfacer su pedido. Cuando llega encuentra todas las cosas regadas en el suelo, y la goma de pegar derramada sobre el piso. La madre explota, grita, amenaza, y des­carga sobre Roberto todo su nerviosismo y tensión.

¿Le parece familiar esta descripción? Quizás sea la rutina diaria de muchos hogares.

¿Se imagina quienes son los grandes perdedores en este estilo de vida? Son los niños. Los que se recuestan contra las paredes con las manos en los bolsillos de los pantalones, esperando que sus madres regresen del trabajo. Y cuando el padre llega a la noche, el chico corre y le dice:

—¡Vamos a jugar un rato, papá!

Pero papá viene agotado. Además, trae un maletín lleno de trabajo para hacer en casa.

A su vez, la madre le había pro metido que lo llevaría a pasear al parque, pero en el último momento tuvo que asistir a una reunión de señoras. Y el niño comprende… de nuevo sus padres están muy «ocupados».

Así que camina sin rumbo un rato por la casa y luego se sienta delante del televisor para ver los programas de dibujos anima­dos y las películas de las dos horas siguientes…

(CONTINÚA…)

Extracto del libro «Lo que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres»

Por James Dobson

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