Matrimonios Cristianos – Los Roles del Hombre en el Matrimonio 2

 

Continuemos.

5. Asume su Responsabilidad Laboral.

El hombre es el principal responsable de cubrir y suplir las necesidades económicas de la familia. El trabajo debe ser parte del ejercicio de su responsabilidad y no una forma de escapismo.

La mujer no debería tomar sobre sus espaldas la carga de tener que ser la principal fuente de sustento. Su sueldo debería complementar al de su esposo (Col. 3:22, 4:1. 1º Tes.4:11-12, 2º Tes.3:10-12. 1º Ti. 3:3, 5:8).

En relación al dinero necesitamos establecer algunos principios:

A. Dios nos da la capacidad de ganar dinero.

El Señor es quien nos permite alcanzar el sustento para nuestro hogar. Sin la salud, la paz y la libertad que provienen de El nada llegaríamos a tener (Dt.8:11-18, 1º Crónicas 29:11).

B. Todo lo que tenemos le pertenece a Dios.

Nosotros somos administradores de las riquezas de Dios y a El deberemos darle cuenta (Sal. 24:1, 1º Cr. 29:14).

C. La avaricia desagrada a Dios.

Dios aborrece el corazón del hombre que por el dinero deja valores éticos y morales, enredándose en la permanente lucha por tener más (Ex.20:17, Lv. 12:15, Col. 3:5, Hb.13:5).

D. El dinero debe ganarse trabajando.

No debemos depender de que otros nos mantengan ni esperar que nos regalen las cosas. No es obligación de ellos, sino nuestra.

No debemos buscar nuestro sustento económico a través del juego. Lotería, quiniela, bingo, casinos, etc. Estos juegos, tarde o temprano, producen adicción y ataduras económicas. Terminan volviéndose una maldición y no una bendición (Prov.11:28).

La Palabra de Dios nos enseña claramente cómo conseguir nuestro sustento: Proverbios 6:6-9, 1º Tesalonicenses 4:11-12.

E. Evitemos las deudas.

Tratemos siempre de comprar lo que podemos pagar al contado. Procuremos no pedir préstamos que pueden tornarse en una pesadilla.

No gastemos más de lo que ganamos. Seamos sabios para cuidar y administrar el dinero. Las deudas terminan esclavizándonos.

No pidamos plata prestada ¡a nadie!. Si no la podemos devolver terminará trayendo problemas (Prov. 22:7, Ro.13:8).

Cumplamos con las obligaciones de la ley. Esto incluye pagar los impuestos, créditos, etc.

Si ya hay deudas, no dejar que éstas se acumulen, sino buscar la manera de ir pagándolas de a poco.

 

6. Asume su Responsabilidad Ministerial.

En el propósito de Dios, familia e iglesia son estructuras complementarias y de bendición para la vida de cada uno de los miembros. Y no deberían competir y rivalizar.

La iglesia sana está sustentada en familias sanas. Y una familia sana es protagonista en la vida de la iglesia y no sólo “asistente”.

El hombre debe involucrarse y ser protagonista de la visión de la iglesia. Sus talentos y dones masculinos deben ser ofrendas que él presente delante de Dios para edificar a la iglesia.

 

7. Establece límites con la Familia de Origen.

Es importante mantener buenas relaciones con la familia paterna, siempre que sea posible. Aquí es importante establecer algunos principios:

No tenemos por qué conducirnos con las normas o ideas de nuestros padres, ni imitar sus modelos de matrimonio y familia.

No tenemos que permitirles a nuestros padres que se metan en las decisiones que tenemos que tomar en nuestra pareja o familia.

No tenemos que permitirles a nuestros padres que se metan en la crianza de nuestros hijos.

No debemos depender económicamente de nuestros padres.

Debemos escoger nuestras propias convicciones espirituales aunque estas difieran de la de nuestros padres.

Debemos hacernos responsables por el cuidado y la vida de nuestros padres y estar dispuestos a ayudarlos en cualquier necesidad que tengan cuando estos ya no puedan valerse por sí mismos.

Por Dr. Guillermo Donamaria 

Adaptado por Edgardo Tosoni

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