– ¡Y pensar que yo me prometí a mí misma que jamás me iba a volver a enamorar!

– Jaja, ¡no puedes prometerte eso! No es algo que puedes manejar o razonar, hija. Ojalá fuese una decisión que se toma con la mente. El corazón es el que decide. Si eres difícil para enamorarte, la vida me ha enseñado lo que es la perseverancia de un buen hombre. “Si una gota de agua que insiste logra penetrar una roca, de forma inevitable se cuela por la más insignificante grieta y aunque la roca no quiera, logrará…

–“¡Bañar su corazón!” Conozco la frase. Eso solía decirlo papá.

– El sí fue un hombre perseverante, de esos que sin apuro van adueñándose de a poquito de tus sentimientos, como un intruso, de esos que un día te dicen: “¿Señorita, sería tan amable de dejarme poner mi bolso en este rinconcito de su corazón?” y tu muy ingenua le respondes: “Claro, no puedo negarle eso a nadie”, pero luego de unos meses, se termina adueñando de todo y tú te preguntas ¿Cómo lo logró? Un hombre apurado no logrará mucho, pero si realmente se toma su tiempo… logrará tenerte. No quedan muchos hombres así, son especies en extinción.

– ¿Papá era así?

– Tu papá era un niño.

– ¿Por?

– Porque la mayoría de los hombres siguen siendo niños. Sienten temores, tiemblan cuando nadie los ve, les gusta ser el centro de atención de la mujer que robó su corazón. Y así como son niños, te bajan la luna si desean conquistarte, bajan estrellas, no anotan fechas, olvidan aniversarios, son distraídos, pero con una mirada al alma te llevan hasta el cielo.

– ¿Y si luego me rompe el corazón? ¿Y si algún día me defrauda?

– Es un riesgo que las mujeres debemos correr. Si lo que te pasa es que tienes miedo, solo puedo decirte que si no pruebas no lo sabrás nunca. Tu padre solía decir: “¿Cómo vas a extrañar mis besos si no sabes cuál es el sabor de mi boca? ¿Cómo vas a extrañar mis abrazos si no sabes cómo aprieto? ¿Cómo vas a extrañar olerme si no sabes cuál es mi aroma? ¿Cómo vas a buscar refugiarte en mis brazos cuando el despertador suene si no estoy contigo en la mañana? ¿Cómo vas a extrañar mi saludo y mi regreso si ni siquiera me he despedido de ti?”

– Todo un poeta papá… ¿Estuviste perdidamente enamorada de él?

– ¿Acaso las mujeres sabemos amar de otra forma? A diferencia de algunos hombres, las mujeres no nos “enamoramos un poquito” ni tampoco “amamos a medias”. Eso es justamente lo que pone en constante peligro a nuestro corazón. ¡Claro que lo amé perdidamente! Por eso, si realmente amas a este hombre, no dejes de hacérselo notar; estoy segura que él lo está necesitando.

– ¿“El” lo está necesitando? ¿Ni siquiera sabes quién es y resulta que ahora estás de su lado? ¡Yo soy tu hija! ¿Lo recuerdas?

– Es que si ese hombre, sea quien sea, logró llegar a tu corazón, es alguien que merece tenerlo y punto.

– ¿Y “punto”? ¿Así resuelves las cosas? ¿Te vengo a contar que me siento confundida y tú solo me dices que a él le hace falta mi amor? ¿Y lo que yo siento no importa?

– Lo que tu sientes ya no tiene vuelta atrás. Es que conozco esa mirada y conozco a mi propia hija. No estás confundida, estás enamorada hasta el alma y no hay mucho más que hacer, solo decírselo. Sea que te rompa el corazón o te lo cuide por el resto de tu vida… ya no te pertenece.

– En realidad entre nosotros nunca pasó nada, pero siempre hubo algo. Hay algo que ambos sentimos, que está allí, en el aire. Cuando yo le hablo, el me hace sentir que en ese momento no hay nada más importante en todo el universo que aquello que le estoy diciendo. Está pendiente del más mínimo detalle.

– ¡Me sigues hablando así y me termino enamorando yo de él!

– ¡¡¡Mamá!!!

– A propósito, ¿qué día es hoy?

– Viernes ¿por?

– Porque estaba pensando que los viernes siempre son muy buenos para decir “Te amo”…

Por Dante Gebel

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