¿POSESIVO YO? NOOOOOOOOOO…….

1. Vos Sos Mía… Si Mirás a Otro Me Mato.

“Mientras vivas bajo este techo, tenes que hacer lo que yo te diga…”

“Mientras seas mi mujer y yo te mantenga, tenes que hacer lo que yo te diga…”

“Yo no puedo vivir sin vos, si me dejas me muero…”

¿De qué hablamos cuando estamos hablando de parejas posesivas? Para poder comprender mejor este estilo de parejas, ana­lizaremos tres tipos de posesión:

  • La pareja posesiva que vive controlando al otro.
  • La pareja posesiva que manipula y se victimiza.
  • Y la pareja posesiva que cela todo el tiempo por miedo de perder al ser que más ama.

Todas ellas, parejas posesivas, parejas en las cuales uno o los dos integrantes de la misma, en lugar de preguntarse y de comunicarse, se interrogan, se indagan tratando que cada palabra que emiten pase por el detector de mentiras…

Parejas que viven en una constante evaluación de sus dichos, de sus movimientos y de cada una de sus acciones.

Parejas que no se comunican, sólo se enfrentan a inte­rrogatorios: —¿Dónde fuiste?, ¿con quién’?, ¿a qué hora llegaste?, ¿con quién almorzaste?, ¿cuánto gastaste?, ¿quién lla­mó’?, ¿no me avisaste?, ¿no quiero que te vis­tas así?, ¿no quiero que trabajes?, ¿no quiero que vayas al fútbol?, ¿no quiero que salgas con esa amiga ?, no me dijiste, me mentiste, me es­tás engañando..,

Parejas que se revisan los bobillos, los te­léfonos, las agendas, indagan con tu compañero de trabajo lo que estás haciendo, te llaman 10 veces por teléfono en el día… Parejas posesivas, manipuladoras, controladoras, celo­sas… parejas que se acosan permanentemente… parejas que en lugar de ser el compañero del otro, se convierten en su juez, no sabiendo que el objetivo y el fin de la dependencia y del acoso es hacerte un hombre o una mujer dependien­te, temeroso, hasta llegar un determinado momento en que terminan perdiendo su propia identidad.

Dice el hombre: “Sin mi mujer yo no sé lo que haría porque soy un desastre con la plata”.

Dice la mujer: “Yo sin él no sé adonde ir, por eso aguanto y to­lero todo lo que él dice, si me deja, a dónde voy con los chicos…”

Dichos y formas de comportamientos tóxicos y enfermizos, veamos entonces en detalle cómo funciona, comencemos.

2. ¿Por Qué Soy un Controlador? Por Inseguridad.

Un varón o una mujer controlador/a es una persona que ve al otro como un objeto, no como un ser humano. Y como el otro es un objeto, es una extensión suya, es algo que él o ella podrá usar a su beneficio.

Para el controlador, el otro no piensa, no siente, no es nada, porque simplemente es un objeto, por lo que la actitud que adquiere es comenzar a dominar y a retener al otro, transformando así a ese objeto en su esclavo. Como no vale nada, lo retiene para él mismo. Esto es lo que les sucede a las parejas apasionadamente tóxicas; hombres que ven a una mujer como un objeto al cual pueden sacarle algún beneficio; o mujeres que ven al hom­bre como su «sirviente», o como un esclavo que debe ayu­darlas en todo lo que necesitan, hombres que se transforman en sus proveedores.

La actitud que caracteriza a un controlador es que siempre justificará su control. Es muy raro que la persona pueda reconocer quién es un controlador, siendo su tesis fundamental: la libertad del otro es una amenaza a mi vida». Piensa «si doy libertad al otro, eso pue­de atentar contra mí». Y eso está funda­mentado en la inseguridad.

Pensá por un momento, ¿por qué una mujer controla a su esposo? ¿Por qué un esposo controla? ¿Por qué un novio controla? Por inseguridad.

La inseguridad le dice: Si yo te dejo en libertad, te vas a relacio­nar con otros y me vas a abandonar, te voy a perder». Y esta tesis que está basada en la inseguridad, hará que el controlador trate de retener, y lo hará de muchas maneras:

A. Imponién­dose. Cuántas veces escuchamos la frase: «Mientras, vivas bajo este techo, tenés que hacer lo que yo te digo», «acá mando yo», «esto es así y punto»; «yo soy la cabeza del hogar»; «la mujer tiene que estar en la cocina”, «no podes ver a tus familiares»,  «no me gus­ta que te vistas así»; «no quiero que vayas a ese lugar»; «no quiero que te juntes con esa persona».

Extracto del libro “Pasiones Tóxicas”

Por Bernardo Stamateas

(CONTINÚA… DALE CLICK ABAJO EN PÁGINAS…)

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