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¿QUÉ LE PASA A UNA PERSONA CO-DEPENDIENTE?

Piensa que los demás son más importantes que él, por eso son personas inseguras y preguntan: «¿Qué harías en mi lu­gar?», «¿Cómo te parece?», «¿Qué pensás vos?» y el otro em­pieza así a ser su fuente de vida para tomar decisiones. La persona co-dependiente se abandona y vive experimentan­do y pidiendo opinión a los demás.

Estas personas han sufrido un gran problema de aban­dono por el cual hoy son adictas a la gente. Primero necesi­tan un hombre, un hijo, después un nieto, y así sigue la ca­dena…

Mujeres que son maltratadas, abusadas emocional, física y verbalmente, personas crédulas que soportan todo. Reciben el maltrato pero después ese mismo hombre les regala flo­res, llora, se arrepiente y le creen, porque son dependientes. Las mujeres inseguras temen a la in­dependencia, lo ven como algo peligroso: «¿Cómo voy a arre­glarme sola?»; «¿Cómo me voy a mantener?», entonces siguen aceptando la situación de control. En toda inseguridad hay miedo.

El objetivo de la pareja sana no es el sometimiento, el acoso, la manipulación, sino el compañerismo.

Y el hecho es que a esta persona le sucede lo mismo, es insegura. Es decir, el controlador y el controlado son dos per­sonas inseguras que se encontraron en la vida. El controlador es inseguro porque dice: «si te doy libertad, te vas y el controlado es inseguro porque «necesita que al­guien lo afirme», como no tiene autoconfianza, depende que alguien le diga «¡bárbaro!», «¡bien hecho!»

Nos dejamos controlar por la inseguridad que sentimos de nosotros mismos. Tenemos tanta necesidad y tanta confusión que pensamos que el otro siempre es más que uno, y el peligro al aceptar esta creencia es el pensar que el otro sabe mejor que yo lo que necesito. Tenemos tanta necesidad de un guardaespaldas efectivo que decimos: «Dejo mi vida en tus manos, decidí vos, hace lo que quieras y decidí la vida que ten­go que empezar a vivir».

El manipulador siempre querrá hacerte sentir cul­pable para que termines haciendo lo que él quiere. Cuando por miedo accedés al control del otro, estás re­nunciando a tu libertad, a tu independencia. Y así es como al aceptar el control y la manipulación, comenzamos a actuar como si fuésemos niños o niñas sumisas buscando que el otro resuelva los problemas que pensa­mos que no podemos resolver.

Por eso es que nos urge saber que la mayor protección para nuestra vida no viene del afuera, de nuestra pareja, sino de adentro nuestro y tiene que ver con el valor y con lo que vos pensás de vos mismo. Creé que valés. No hay mayor pro­tección que aceptar lo que te merecés porque es allí cuando conocés cuánto valés.

¿Sabes el valor que tenés? ¡Ser Libre!

Si no lo conocés, vas a ser una mujer o un hombre contro­lado por otro que «supuestamente» tiene que saber tu valor. La independencia es el único camino que una mujer o un hombre pueden encontrar para derribar la manipulación y recuperar su autoeficacia y estima. Ser autónoma produce esquemas de «antiapego», «anticodependencia» y promueve la manera más sana de relacionarse afectivamente con los otros en las áreas básicas de la vida. Las personas autónomas y libres mejoran un cien por ciento su autoeficacia y la con­fianza en sí mismas. Por este motivo, pueden comenzar a ven­cer sus propios miedos y la soledad permanente que las en­cerraba, adquiriendo mejores niveles de autoobservación. Por eso para lograrlo, proponete metas y objetivos a al­canzar cada día:

  • Describí tus logros como tales, no como casualidades.
  • Aprende a marcar fronteras, tolerancia cero a la violencia.
  • Levantate cada mañana y proyecta a corto plazo, para ese día. Si no tenés un proyecto, todo el mundo va a ocupar tus horas porque no tendrás nada que hacer. Proyectá dia­riamente, escribí y colocalo en un lugar visible para que cuando alguien te diga «me podrías hacer…», «ayudar», y no querés, le podés decir que «no» porque ya tenés un proyecto.
  • Decí un «No» completo. No un «no» a medias, no tengas miedo de decirlo, porque si lo decís a medias, titubean­do o «más tarde», «mañana», el controlador te lo enten­derá como un «sí». Tenés que aprender a decir un «no» completo, no digas «ni», si no querés hacer algo decí: «No, gracias».

No uses justificaciones, decimos «no» y explicamos «por qué no». Damos una explicación larga como justificación por­que tenemos miedo. Y el «no» tiene que ser absoluto, com­pleto, no justifiques, tenés derecho a decirle «no» a ese control. No justifiques, porque el manipulador aprove­chará tu justificación para llenarte de culpa y para que termines haciendo lo que él quiere.

Extracto del libro “Pasiones Tóxicas”

Por Bernardo Stamateas

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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