Matrimonios Cristianos – Problemas Sexuales en el Matrimonio 1

 

1. ¿Por qué hay Mujeres que son Menos Sensuales que Otras?

El comportamiento sexual de algunas mujeres adultas, ha sido condicionado en gran parte, por sus experiencias durante la infancia y la pubertad, que han marcado sus actitudes al respecto. Es realmente sorprendente constatar cómo hay per­sonas, al parecer estables y maduras, que consideran el sexo y todo lo que a él se refiere, como cosas sucias, salvajes y malas, de las que es mucho mejor no hablar. Estas personas (incluyendo hombres, por supuesto) que han sido formadas con un enfoque negativo hacia el sexo, en los años de su niñez, después de casarse, sobre todo en la noche de bodas, encuen­tran sumamente difícil deshacerse de esas inhibiciones tan profundamente arraigadas en su forma de pensar. La boda y todo el proceso del casamiento resulta insuficiente para reno­var sus ideas y enfoques incorrectos de: «Tú no vas a sentir nada» ó «No eres capaz de sentir apasionadamente». Este cambio mental no puede lograrse fácilmente.

Pero debo insistir en otro aspecto: En todos los casos, las diferencias en relación a ser capaz de sentir con intensidad la relación sexual no pueden ser atribuidas a errores en la edu­cación. Hay que partir de que todos los seres humanos posee­mos características muy particulares que nos identifican a unos de los otros. Tenemos diferentes tipos de dentadura, nuestras estructuras físicas y mentales no son idénticas a las de nuestros semejantes, ¿y qué decir de nuestras huellas digitales que son irrepetibles? Al igual que nuestra manera de pensar. Somos seres únicos. De igual modo nos diferenciamos en nuestros apetitos sexuales.

Nuestra «computadora» inte­lectual ha sido programada de manera muy diferente de acuerdo al proceso de nuestra herencia genética. Algunas personas padecen de «hambre y sed sexual», mientras que otras desconocen esta presión, o son indiferentes a estos asuntos por completo. Lo que deseo enfatizar es que debería­mos aceptar nuestra propia sexualidad, de la misma forma que tenemos que aceptar nuestro cuerpo físico y nuestras emocio­nes. Esta proposición no quiere decir que no tratemos de mejorar la calidad de nuestra vida sexual. Pero sí entiendo que debemos cesar nuestra carrera dirigida a lograr lo imposible, tratando de obtener una bomba atómica de un simple fósforo.

En la medida que una pareja se sienta satisfecha el uno con el otro, no tienen que preocuparse por todos esos problemas de incompatibilidad mencionados en las revistas. Y es que el sexo se ha convertido en un monstruo estadístico: «El promedio de las parejas realizan el acto sexual tres veces a la semana, ¡Oh, no! ¿Qué ocurre con nosotros, andamos equivocados en este terreno?» Un marido lamenta que su miembro viril sea «de­masiado pequeño», mientras que una mujer compara su esca­so busto con el de otras mujeres más hermosas. La cuestión es que «la libertad sexual» actual nos esclaviza y nos angustia.

Voy a hacer una proposición: Coloquemos al sexo en el lugar que verdaderamente le corresponde. Sabemos que es impor­tante, pero no debe transformarse en nuestro amo y señor, ni nosotros en sus dependientes esclavos.

 

2. ¿Cómo se Siente una Mujer que no se Considera Capaz de Responder Sexualmente al Deseo de su Marido?

La mujer conoce muy bien acerca de la explosión erótica que ha inundado todos nuestros medios sociales. Hoy se le recuerda constantemente a la mujer fría o indiferente su incapacidad para disfrutar el sexo. Todos los medios de difu­sión masivos se encargan de llevarla a pensar que la humani­dad entera se extasía con las orgías que practica a diario durante todo el año. Una mujer inhibida puede pensar que el resto del mundo vive en el valle de la libido, en el bello pueblecito de la «Ardiente pasión», mientras que ella habita en el reparo solitario de «La congelación sensorial». La pro­paganda que se hace en torno a la gimnasia genital, crea enormes presiones emocionales con fatales con­secuencias.

La apatía sexual, que habita las habitaciones heladas donde conviven parejas insatisfechas y frustradas, tiende a autoperpetuarse. A no ser que cada orgasmo sea acompañado de fuegos artificiales, luces románticas y lluvia de estrellas, el temor a fracasar en el campo sexual comienza a corroer el cuerpo y el alma. Cada experiencia fallida obstaculiza la capacidad para relajarse y disfrutar de la siguiente relación. Esta experiencia somete a sus víctimas a una presión que se irá duplicando en los siguientes intentos que se lleven a cabo. Y es muy fácil constatar que esa reacción en cadena de ansiedades y fracasos, termina por ahogar hasta el más peque­ño deseo que pudiera existir al principio de la relación.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Lo que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres”

Por James Dobson

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