Matrimonios Cristianos – Problemas Sexuales en el Matrimonio 3

 

Continuemos.

4. ¿Qué Pueden Hacer los Maridos Para Ayudar a sus Mujeres?

Es incuestionable que el hombre puede ayudar en gran medi­da a la felicidad de su mujer, al mismo tiempo que aumenta la suya propia, aun en aquellos casos donde el apetito sexual es el punto más débil de la relación. Aunque le cueste trabajo creerlo, el matrimonio puede disfrutar de una vida sexual satisfactoria, en estos casos, si el marido sabe conducir la situación con sabiduría. A continuación revelo algunas claves de la sexualidad femenina que el marido debe conocer para lograr buenos resultados en aquellas situaciones donde el aspecto físico sufre de ciertas inhibiciones.

A. Primeramente, en estos casos el preludio romántico antes del acto sexual debe ser doblemente más importante que cualquier otro elemento.

Si el esposo está demasiado ocu­pado o cansado para tratar a su esposa con gentileza antes del acto sexual, entonces no puede esperar que ella exhiba grandes deseos, o que logre mucho placer con la relación íntima. Ella podrá satisfacer las necesidades de su esposo en un acto de amor y de ternura, pero su pasión no aumentará más allá de esto. Para el tipo de mujeres denominadas como «inhibidas», el único camino que puede conducirlas a la excitación sexual es la seguridad de que son amadas y apreciadas. Este hecho innegable explica la gran vinculación que encontramos en nuestro cuestionario entre «los problemas sexuales matrimoniales y la ausencia de amor romántico» dentro del mismo. Cuando uno de ellos ocupa un alto porcentaje en esa encuesta, el otro le seguía pisándole los talones, casi sin excepción.

B. Segundo, un esposo debe saber que algunas mujeres pue­den lograr cierto disfrute en la relación sexual aunque no lleguen a un orgasmo completo.

Muchas de ellas pueden participar plenamente del acto sexual y lograr satisfacerse, sin necesidad de convulsionarse al llegar al clímax del mismo. (Otra clase de mujeres con temperamentos más sensuales, se sentirán frustradas grandemente si no logran liberar la tensión y la presión vascular durante el acto sexual). La cuestión es que los maridos no exijan de sus mujeres que experimenten orgasmos, y mucho menos que alcancen su clímax simultáneamente con ellos. Tratar o exigir esto de este tipo de mujer es poner a la esposa en un conflicto sin solución.

Cuando el marido insiste en que su mujer sienta el orgasmo al mismo tiempo que él eyacula, como parte de su propio placer masculino, entonces ella tiene tres opciones a elegir:

  • Puede perder el interés sexual como suele ocurrir con cualquier actividad en la que uno fracasa constante­mente.
  • Puede tratar, tratar, tratar… y después echarse a llorar.
  • Lo puede «fingir».

Cuando una mujer, comienza a mentir en su lecho matrimonial, ya no tendrá oportu­nidad de echarse atrás. A partir de ese momento tendrá que hacerle ver a su marido que anda por el cosmos del placer, cuando realmente la nave espacial ni siquiera ha encendido sus motores.

C. Quizás lo peor que puede hacer un marido que se encuentre en este caso es sepultar este problema en la tumba del silencio.

Cuando la relación ha perdido su interés y la ansiedad ha comenzado a acumularse entre ambos cónyuges, entonces se tiende a ignorar toda referencia al problema en sus conversa­ciones diarias. Ninguno de los dos sabe que conducta asumir y, tácitamente, tratan de ignorar el problema. Ni siquiera cuando realizan el acto sexual hablan el uno con el otro. Parece increíble que una mujer «inhibida» y su marido tengan relaciones sexuales dos o tres veces por semana, durante años, sin que ninguno de los dos exprese sus verdaderos sentimien­tos y frustraciones en un aspecto tan importante de la vida. Cuando ocurre semejante situación es lo mismo que si uno cogiera una botella de Coca Cola y la sacudiera hasta que ésta termine por explotar.

Recuerden esto, lectores, existe una ley sicológica que nos enseña que la ansiedad o el pensamiento que no puede ser expresado se transforma en una fuente generadora de tensiones internas y de agotamiento. La perso­na más callada es la que acumula más tensiones. Y el silencio cargado de ansiedad, como ya dijimos con anterioridad, con­duce a la muerte del deseo sexual.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Lo que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres”

Por James Dobson

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