Matrimonios Cristianos – Salir de la Viudez 2

 

Continuemos.

C. Resentimiento Hacia el que Murió.

Es preciso liberarse del odio a través del perdón. Lo mejor es bendecir a la persona: dejarla ir con nuestra bendición. No lo hacemos porque el otro se lo merezca sino porque queremos sembrar y cosechar lo mejor. El dolor habla y dice «nunca más estaré con alguien», «siempre me ocurre lo mismo», «sé que nunca me voy a volver a enamorar», «estoy nuevamente abandonada». No hay que escuchar las voces mentirosas. Nadie se murió por estar solo. Además, quizás vuelvas a formar otra pareja. Para que eso sea posible, debes cerrar delante del Señor los conflictos del pasado y darlos por terminado.

 

D. Pactos con el Cónyuge.

Aunque la muerte ha roto el contrato, algunas personas lo mantienen intacto en sus emociones. La viuda está atada por un voto de fidelidad en su mente de que “no habrá otro como él”, “debo serle fiel”, “él era mi amor eterno”. No se permite formar pareja, porque sentiría que lo está engañando, estaría cometiendo una infidelidad mental hacia su cónyuge muerto. Es importante no establecer este tipo de pactos de fidelidad; si los hiciste, ahora debes romperlos.

 

2. La Intensificación del Duelo.

Si es malo no hacer el duelo, la tendencia opuesta es igualmente patológica. Cuando la viuda se queda en el duelo, no cierra esa etapa y en consecuencia no se permite avanzar hacia nuevas relaciones. Los síntomas en este caso son opuestos a los de la negación del duelo. La intensificación del duelo puede llevar a la depresión y a otras alteraciones emocionales.

Frente a una pérdida, algunas personas reaccionan expresando sus emociones en forma descontrolada. El ejemplo típico es el de aquellas personas que no lograron superar el dolor y mantienen las cosas tal cual el difunto las dejó. Las emociones no sólo se acrecientan en sentido cuantitativo sino en sentido cualitativo. Freud sostenía que la melancolía es una manifestación del duelo patológico.

Los síntomas más comunes en esta patología son: insomnio, constipación, anorexia, autoreproches intensos, culpa, ideas suicidas, aislamiento. Con el tiempo los síntomas se vuelven más acentuados y persistentes.

 

A. Morirse con el Cónyuge.

Muchas mujeres se dejan morir lentamente, dejan de arreglarse, de salir. Han hecho un pacto con el marido y encuentran que “la vida ya no tiene sentido sin él”. “Él era todo para mí”, se dicen, y olvidan que tienen una existencia propia. Recuerda, tu vida no puede reducirse a morir con tus muertos.

Algunas personas sienten una culpa profunda: «Ya no merezco vivir si mi pareja murió». Tal vez no te das permiso para seguir viviendo. Es como si decidieras que tu tiempo de vida también terminó; aunque estás vivo, no disfrutas de nada.

 

B. Actitud de Víctima.

“Soy sólita”, “soy viejito” y pensamientos similares que marcan el comportamiento. Tenerse lástima es tener un espíritu de víctima, es buscar la lástima de otros como medio para recibir afecto. Muchas personas viven contando sus sufrimientos: “te parí con dolor”, “tenerte fue un calvario”, “trabajé toda la vida para hacerte feliz”…

Constantemente dejan en claro que aportan una gran dosis de sacrificio. Esas personas intentan despertar lástima de parte de los demás porque de esa manera se sienten amadas. Viven poniendo cara de tristeza, contando sus luchas y mostrándole a todo el mundo que ellos quieren crecer y formar pareja pero que los demás no los dejan hacerlo, que el país no los deja, que sus hijos no los dejan, que sus padres no los dejan. Echan la culpa a todo el mundo y nunca asumen responsabilidad.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Solos y Solas”

Por Bernardo Stamateas

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