Hasta los ocho años de edad a mí me criaron en una granja y rancho de vacas. Allí producíamos todos los alimentos que necesitábamos. Una tormenta muy severa destruyó todo nuestro ganado el invierno antes de yo cumplir los nueve años de edad. A la siguiente primavera, el granizo destruyó toda nuestra cosecha. Tuvimos una pérdida total. Al llegar el verano, mi padre decidió que la crianza del ganado y la agricultura eran trabajos demasiado arduos, y entonces nos mudamos a la ciudad y a lo que parecía ser una vida mucho más fácil.

Una de las cosas principales que aprendí de mi vida en la granja fue el cuidado que debes tener al plantar y atender un huerto, especialmente cuando tu vida depende de lo que este pro­duzca. Si no logras obtener una buena cosecha, no habrá alimentos para comer.

Aprendí, que si deseas que algo crezca en tu huerto, tienes que comenzar con un buen terreno. De la misma manera que no pue­des construir una casa sin el cimiento, tampoco puedes tener un huerto productivo y lleno de vida, sin un terreno que sea bueno. Lo próximo que aprendí es que debes tener buenas semillas. Lo que vas a cosechar en tu huerto dependerá de las semillas que siembres, así que necesitas plantar lo que deseas recoger durante el tiempo de la cosecha. Una vez que siembres el huerto, tienes que irrigar las semillas con mucho cuidado, tienes que ser diligente para sacar la hierba mala que crece alrededor de los retoños que broten, y debes estar al tanto de los insectos dañinos, del mal tiem­po y otras condiciones que puedan destruirlos.

Tu matrimonio es como un huerto. Por medio de la oración el terreno se enriquece. Entonces, tienes que sembrar las semillas adecuadas, buenas semillas de amor, fidelidad, respeto, tiempo y comunicación.

Semillas de Amor.

Las semillas de amor son una de las más fáciles de plantar, y cre­cen tan rápido que a veces puedes ver los resultados instantánea­mente. Si nuestro cónyuge planta semillas de amor, entonces la es­peranza, la paz y la felicidad crecerán en nosotros. Estas cosas nos darán valor para enfrentar nuestros temores, fracasos e incapaci­dades. Tales cosas nos dan las fuerzas para ponernos en pie y resis­tir toda oposición.

Por supuesto, tendrás que eliminar cualquier cosa que esté creciendo en tu huerto, y que no deba estar allí. Eliminar la malas hierbas no es el aspecto más divertido de la jardinería, pero es una de esas tareas necesarias que deben realizarse. Si permitimos que la malas hierbas de las heridas, la disensión, los malentendidos, las críticas, el egoísmo y el enojo florezcan en el jardín del matrimo­nio sin sacarlas de raíz, estas ahogarán cualquier cosa buena que hayamos plantado. Si se plantan las semillas del desamor, nos se­camos, y por dentro comenzamos a morir lentamente. A veces, un huerto puede tener apariencia de huerto, pero por dentro las plantas están muertas. Solo que no se han caído todavía. Esto tam­bién suele suceder en el matrimonio. Se ven muy bien en el exte­rior, pero por dentro están muertos. Esto no cumple con el plan de Dios para nuestras vidas y en verdad tampoco lo glorifica.

Si tú y tu esposa no producen suficiente amor para permitir que cada uno crezca y llegue a ser aquello para lo cual Dios los creó, entonces esta relación se debe examinar en busca de malas hierbas de egoísmo, temor, orgullo, control, o cualquier otra mala hierba de la carne que esté impidiendo tal crecimiento. Si en tu matrimonio tienes problemas serios, debes saber que cuando oras, Dios obra milagros. En un instante Él puede cambiar los corazones y las perspectivas. Puede sacar de raíz las semillas del pecado, resucitar el amor de donde se enterró y hacer que no tan solo crez­ca otra vez sino que florezca.

La Biblia dice: «El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno» (Romanos 12:9). Aférrate a lo que es bue­no en tu matrimonio, con toda la sinceridad de tu corazón. Recha­za lo que el enemigo pretenda sembrar allí. Ora pidiéndole a Dios que te muestre cómo plantar nuevas semillas de amor incondicio­nal. (Un huerto se debe volver a plantar cada año.) Con el cuidado y la atención adecuada, tales semillas de amor producirán una gran cosecha.

Extracto del libro “El Poder del Esposo que Ora”

Por Stormie Omartian

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