Reflexiones Navideñas – La Oración de José de Arimatea 1

 

Ninguna historia bíblica hace surgir tantas preguntas como el nacimiento de Cristo. Los personajes aparecen y desaparecen antes de que podamos preguntarles nada. El mesonero, demasiado ocupado para dar la bienvenida a Dios, ¿supo alguna vez a quién había rechazado? Los pastores, ¿alguna vez tararearon la canción que habían cantado los ángeles? Los magos que siguieron la estrella, ¿qué sintieron al adorar a un bebé? Y José, especialmente José. Tengo preguntas para él.

¿Alguna vez jugaron a luchar tú y Jesús? ¿Alguna vez te permitió Él ganar?

¿Alguna vez levantaste tu vista mientras orabas para descubrir que Jesús te estaba escuchando?

¿Cómo se dice Jesús en egipcio?

¿Qué le sucedió a los magos?

¿Qué te sucedió a ti?

No sabemos lo que le sucedió a José. Su papel en el primer acto es tan fundamental que esperamos verlo durante el resto del drama, pero a excepción de una corta escena en Jerusalén con un Jesús de doce años, nunca vuelva a aparecer. El resto de su vida queda liberado a la especulación y a nosotros se nos deja con nuestras preguntas.

Pero de todas ellas, primero formularía una acerca de Belén. Me gustaría saber algo sobre la noche en el pesebre. Puedo imaginarme a José en ese lugar. Pasto iluminado por la luna. Las estrellas que titilan en el cielo. Belén que brilla a lo lejos. Y él caminando afuera del establo.

¿En qué estaría pensando mientras nacía Jesús? ¿Qué cosas llenaban su mente mientras María daba a luz? Había hecho todo lo que podía hacer: calentar el agua, preparar un sitio para que María se recostase. Había intentado dar a María la mayor comodidad que pudiese lograrse en un establo y luego había salido. Ella había pedido estar a solas y José nunca se ha sentido más solo.

En esa eternidad que transcurre entre el pedido de su esposa de estar a solas y la llegada de Jesús, ¿en qué pensaba? Caminaba bajo el cielo nocturno y miraba a las estrellas. ¿Habrá orado?

Por algún motivo no me lo imagino en silencio; veo a José enérgico, dando pasos. Sacudiendo primero la cabeza y después el puño. Esto no es lo que él tenía pensado. Me pregunto lo que decía…

Esta no era la forma en que yo planeé esto Dios. En absoluto. ¿Mi hijo naciendo en un establo? Así no es como lo había pensado. ¿Una cueva con ovejas, burros, heno y paja? ¿Mi esposa dando a luz con las estrellas como único testigo de su dolor?

Esto no se parece en absoluto a lo que había imaginado. No, me había imaginado a la familia. Me imaginaba abuelas. Me imaginaba vecinos en grupos fuera de la puerta y amigos a mi lado. Me imaginaba la casa reventando con el primer grito del niño. Golpes en la espalda. Risas fuertes. Júbilo.

Así pensé que sería.

La partera me daría a mi hijo y todo el pueblo aplaudiría. María descansaría y nosotros celebraríamos. Toda Nazaret celebraría.

Pero ahora. Mira ahora. Nazaret está a cinco días de distancia. Y nosotros aquí en una… en un establo de ovejas. ¿Quién celebrará con nosotros? ¿Las ovejas? ¿Los pastores? ¿Las estrellas?

Esto no está bien. ¿Qué clase de esposo soy? No he provisto una partera para que asista a mi esposa. Ni una cama para que descanse su espalda. Su almohada es una manta de mi burro. Mi casa para ella es un cobertizo de heno y paja.

El olor es feo, los animales son ruidosos. Hasta yo mismo huelo a pastor.

¿Se me olvidó algo? ¿No es así Dios?

Cuando enviaste al ángel y hablaste del hijo que nacería, no fue esto lo que me imaginé. Pensé en Jerusalén, el templo, los sacerdotes y el pueblo reunido para observar. Una fiesta pública. Un desfile. Por lo menos un banquete. Después de todo, ¡este es el Mesías!

O si no podía nacer en Jerusalén, ¿qué tal en Nazaret? ¿No habría sido mejor Nazaret? Al menos allí tengo mi casa y mi negocio. Aquí ¿qué tengo? Una mula cansada, una pila de leña y una olla de agua tibia. ¡No quería que sucediese de este modo! Así no es como quería que llegase mi hijo.

Él no es mi hijo… es tuyo.

El niño es tuyo. La idea es tuya. Perdóname por preguntártelo pero… ¿Es así como entra Dios al mundo? He aceptado la venida del ángel. Puedo tolerar las preguntas que me hicieron las personas con respecto al embarazo. Acepto el viaje a Belén. Pero ¿Dios por qué un nacimiento en un establo?

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Todavía Remueve Piedras”

Por Max Lucado

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