Pensamientos – Todo se ha Cumplido

 

Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe (Hebreos 12:2).

La expresión de Jesús se suavizó. Y la tarde cayó mientras él decía las que habrían de ser sus últimas palabras: «Todo se ha cumplido… Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»  (Jn.19:30; Lc.23:46).

Al exhalar su suspiro final, la tierra se sacudió repentina­mente. Una roca se desprendió y empezó a rodar mientras un soldado tropezaba. Luego, tan repentinamente como el silen­cio fue roto, se restableció.

Ahora todo está quieto. Las burlas han cesado. Nadie se mofa. Los soldados están atareados limpiando los vestigios de muerte. Han venido dos hombres. Bien vestidos y de modales finos, se les entrega el cuerpo de Jesús.

Y nosotros nos quedamos con los residuos de su muerte. Tres clavos en un arca. Tres sombras que tienen la forma de cruces. Una corona entretejida con manchas rojas. Grotesco, ¿no? ¿Que esta sangre no sea sangre de hombre sino de Dios?

Ridículo, ¿verdad? ¿Que con esos clavos hayan colgado los pecados suyos en una cruz?

Absurdo, ¿no le parece? ¿Que la oración de un canalla haya obtenido respuesta? ¿O, más absurdo, que otro delincuente no haya querido orar?

Chifladuras e ironías. El cerro del Calvario es, precisamen­te, esas dos cosas. Nosotros habríamos programado el momento en una for­ma diferente. ¡Pregúntenos cómo debió Dios de haber redi­mido el mundo y se lo diremos! Caballos blancos, espadas llameantes. El maligno aplastado. Dios sobre su trono.

¿Pero Dios sobre una cruz? ¿Un Dios sobre una cruz con los labios hendidos, los ojos inflamados y sangrando? ¿Una esponja arrojada a su rostro? ¿Una espada clavada en su costa­do? ¿Dados lanzados a sus pies?

No. No habríamos podido escribir el drama de la redención de esta manera. Pero, de nuevo, nadie nos pidió hacerlo. Estos actores, principales y secundarios, fueron reclutados en el cielo y ordenados por Dios. No se nos pidió a nosotros fijar la hora.

Pero sí se nos ha pedido que reaccionemos a ella.

Extracto del libro «3:16 Los Números de la Esperanza»

Por Max Lucado

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