Reflexiones Navideñas – Una Carta de Navidad

 

Estoy persuadido de que nos espera una Navidad especialmente bella. Precisamente porque en este momento queda excluida de por sí toda clase de preocupación de orden externo. Se pondrá más de relieve si realmente nos basta solo con lo esencial.

Antes, yo tenía verdadera pasión por hacer regalos; pero ahora que no tenemos nada que regalarnos, no podrá menos que resplandecer con más fulgor el regalo que el propio Dios nos ha hecho en el nacimiento de Cristo.

Cuanto más vacías estén nuestras manos, mejor podremos entender las últimas palabras que Martin Lutero pronunció antes de morir: «Somos todos unos mendigos; esa es la realidad».

Cuanto más escasa sea nuestra capacidad de acogida, con más claridad podremos comprender que la auténtica morada de Cristo en la tierra tendrá que ser nuestro corazón. Por eso, debemos acercarnos a esta Navidad sin ningún tipo de desaliento, sino más bien con absoluta confianza.

Y si en estos días nos uniera la bondad y generosidad de Dios, ese sería el mejor regalo navideño que nos podríamos hacer el uno al otro.

Extracto del libro «Cartas de Amor Desde la Prisión»

De Dietrich Bonhoeffer a María von Wedemeyer

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