05Relatos – Los Personajes de la Primera Navidad 3

 

 

José

Mi nombre es José, y mi oficio es ser carpintero. Mis manos son hábiles trabajando la madera y dándole multitud de formas. Aquí en Belén todos me conocen, saben de mi responsabilidad y me confían sus trabajos. Mi conducta es recta, y soy respetado por todos porque no tengo secretos que ocultar, ni una doble vida que esconder. Yo fui parte de aquella primer Navidad, pero jamás hubiera podido imaginar lo que me tocó vivir. Aún hoy me sigo sintiendo el hombre más privilegiado de los que viven sobre la tierra y el más agradecido por lo que me fue dado.

No soy rico. No tengo plata, ni cuentas bancarias, ni oro, pero dos preciosísimos tesoros me fueron concedidos y estos dos tesoros me hacen el hombre más rico del mundo. El primer tesoro se llama María. Hoy ella es mi esposa, pero en las vísperas de aquella primer navidad era mi novia. María, te amo tanto como ayer. Tan suave, tan sencilla, tan profunda, su mirada penetrante, sus manos tiernas, sus silencios… La amaba profundamente, aunque menos de lo que la amo ahora.

Yo trabajaba intensamente porque el día de nuestra boda estaca cercano, el día mas feliz de nuestras vidas estaba por llegar. Sin embargo nunca experimente un dolor tan intenso y una angustia tan grande como aquel momento en el que un malicioso rumor llegó a mis oídos. No quise creerlo. ¡No podía creerlo! Podría haberlo pensado de cualquier otra mujer menos de ella. ¡Jamás de ella! Podría haberlo pensado de cualquier mujerzuela de la calle pero no de María, no de mi novia. Nos habíamos prometido fidelidad. Mis manos siempre fueron puras y mis besos de amor cuidadosos No podía creer lo que me decían. ¡¿Por qué me había engañado entregándose a otro hombre y llevando en su vientre un hijo que no era mío?! ¡¿Por qué, María?!

En aquel momento no entendía nada. Mi mente se había nublado. La ley de mi pueblo es muy clara con las mujeres que fornican. Yo debía ir y acusarla por su pecado delante de los sacerdotes y ellos, junto con todo el pueblo, tomarían piedras y la matarían por la gravedad de su pecado. ¿Pero cómo podía matar a la mujer que amaba? ¡¿Cómo podría tomar una piedra en mis manos y lastimarla?!

Entonces decidí abandonarla en secreto. Cuando su embarazo se hiciera notorio yo estarla muy lejos. Todas las acusaciones caerían sobre mí. Yo sería el perverso, yo sería el padre abandonador y ella quedaría libre de toda culpa. Y aunque nunca más podría volver a verla su imagen nunca se apartaría de mi corazón.

Con estos pensamientos en mi mente me dormí aquella noche, la noche más extraña de mi vida. Creo que fue entrada la madrugada cuando medio dormido medio despierto, vi a un ángel de Dios. ¡Un ángel de Dios parado al lado de mi cama! Nunca más voy a olvidar aquellas palabras: “José hijo de David, no tengas miedo de recibir como esposa a María, porque lo que en ella es engendrado del Espíritu Santo es. Va a dar a luz un hijo y vas a llamar a ese hijo JESUS porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Me desperté sobresaltado he inmediatamente recordé al profeta Isaías. Busqué en las Escrituras y allí estaba, tal como el ángel me lo había dicho: Una virgen iba a concebir y daría a luz un hijo y su nombre sería Emanuel que quiere decir: Dios con nosotros. Jamás imagine que esa virgen seria mi novia.

El segundo tesoro, más grande y maravilloso aun que el primero, estaba por llegar. Yo sería el padre adoptivo del Hijo de Dios. Dios me daba a su propio hijo para que yo lo adopte como mío porque Él salvaría nuestras vidas de la condenación del pecado, porque Él estaría con nosotros para siempre.

Soy el hombre más rico, mi esposa es bendita entre las mujeres y mi hijo adoptivo es Dios mismo hecho hombre. Nuestro Salvador, nuestra compañía eterna.

Yo viví intensamente aquella primera Navidad.

 

Por Edgardo Tosoni

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