IIC_MC_VOL01_049Relatos – Los Personajes de la Primera Navidad 4

 

 

Un Pastor de Belén

Soy un pastor del pueblo de Belén, y aunque nadie conoce mi nombre, fui parte de aquella primera Navidad.

Aquel tiempo fue un momento muy particular. Recuerdo la cantidad de familias que viajaban de un lugar a otro para ser empadronados porque el emperador Augusto César había ordenado la realización de éste primer censo. Nunca vi en Belén a tanta gente como en aquella oportunidad. Cada familia que llegaba a nuestro pueblo buscaba desesperadamente algún lugar de hospedaje. Los mesones estaban repletos, e inclusive algunas familias compartían sus hogares para ganar algo de dinero. Como siempre sucede, eran los ricos y poderosos quienes ocupaban las mejores habitaciones y disponían de los mejores servicios. Para ellos siempre había lugar. Los más pobres, en cambio, pasaban la noche donde podían y comían del plato que alguna persona bondadosa les compartía. No había paz en esos días. La ansiedad y el nerviosismo se respiraba por todos lados. Sin embargo, lo que jamás voy a poder olvidar fue lo que sucedió en un pesebre a las afueras de Belén.

Como todas las noches, y después de un largo día de trabajo, mis compañeros y yo reuníamos al rebaño, encendíamos una fogata y tomábamos algo caliente para pasar la fría noche de Belén. Hablábamos de nuestras vidas o simplemente nos quedábamos en un profundo silencio oyendo los sonidos de la noche mientras pasaban las horas.

Sucedió en una de esas noches. El manto de oscuridad se rasgó con el brillo de una luz intensa que jamás habíamos visto. ¡De pronto estábamos rodeados de luz y de día!

No sabíamos qué sucedía. Sólo sabíamos que estábamos espantados. El miedo nos paralizaba. Ni siquiera podíamos levantarnos para salir corriendo. Nos temblaban las piernas y no era por el frió. En medio de la luz vimos a un ser con aspecto humano, pero sus pies no tocaban el suelo. Sus túnicas eran muy blancas, un blanco muy intenso y él nos dijo: “No tengan miedo”. No sé lo que sucedió, pero oír sus palabras nos liberó del miedo. Nos dijo que era un ángel de Dios y que nos traía noticias nuevas, de mucho gozo, para todo el pueblo. Que había nacido esa noche en Belén, un Salvador llamado Cristo el Señor.

Estábamos asombrados, maravillados. Conocíamos las antiguas escrituras y sabíamos que ellas hablaban del Cristo, el enviado de Dios, el ungido de Dios que traería salvación y libertad a su pueblo. Sabíamos que nacería de una virgen y que sería en nuestro pueblo, pero nadie sabía cuando iba a suceder. Los más incrédulos decían que era sólo una leyenda, un mito, que no había ningún Cristo, que no existía ningún Salvador. Muchas veces dudé. Pero jamás hubiera podido imaginar que esa noche se cumplía la profecía. En esa noche Cristo estaba naciendo.

El ángel nos dijo que lo encontraríamos envuelto en pañales y acostado en un pesebre. ¿En un pesebre? ¡¿Cómo en un pesebre?! Siempre imaginé que Cristo nacería en un palacio, que nuestro Libertador nacería entre los ricos y poderosos. ¿En un pesebre? ¿Por qué nadie abrió sus puertas para recibir al Salvador? Mis pensamientos me confundían cuando repentinamente apareció junto al ángel una multitud de seres celestiales que alababan a Dios y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz. buena voluntad para con los hombres!”

Caí de rodillas. Jamás había oído tanta belleza. Cuando los ángeles se fueron y la noche volvió a ser tan negra como antes, nos levantamos y corrimos hasta Belén para ver lo que el ángel nos había anunciado. Encontramos el pesebre y vimos al niño envuelto en sus pañales, recostado sobre la paja, tan frágil y tan dulce. Nos arrodillamos ante él. El Cristo había nacido, el Señor estaba entre nosotros. Les contamos a sus padres todo lo que habíamos vivido, y volvimos. Volvimos a nuestro rebaño y a nuestra pradera. Volvimos llenos de la gloria de Dios. Volvimos adorando al Salvador que había nacido.

Aquella primera Navidad me transformo y nunca mas volví a ser el de antes. Soy un hombre nuevo.

 

Por Edgardo Tosoni

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