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Sanidad Interior – BIEN SANADO 2

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Continuemos.

Cuando Jesús viene a tu vida, no viene a darte un B ni a mimarte. Él viene a sanarte. Dicen que cuando la gente lo veía, sorprendidos decían: «¿Este no es el hijo del carpintero? ¿De dónde sacó estas cosas? ¡Si es el hijo de José!».

Analicemos algunos puntos sobre la figura del carpintero: El Señor me sana como un carpintero El carpintero ve en la madera un futuro glorioso y dice: «Acá voy a armar una silla, una mesa, un placard». Cuando llegás al Señor, Él te ve como un pedazo de madera y dice: «Acá voy a armar una silla para que la gente descanse; acá voy a armar una mesa para que la gente coma; acá voy a armar un placard de bendición. ¡Voy a construir algo grande!».

Cuando Dios te ve, no ve tu herida sino que ve tu mañana. Y tu mañana en el taller del carpintero es que terminarás siendo un mueble de primera calidad. Él siempre construye para adelante. Tenemos un futuro glorioso, por eso necesitamos soltar la idea de un Dios pediátrico, de «Diosito, ayúdame, me duele acá, padrecito, ayúdame, dame unos pesitos». Dios nos ha llamado y nuestro compromiso genuino es con Él que nos ve y nos quiere formar.

¡El Señor quiere agarrar un pedazo de madera y transformarla en un mueble de bendición para adornar este país! El carpintero toca la madera ¿Te gusta la madera? Yo de chiquito quería ser carpintero (en realidad quise ser de todo) y Dios me dijo: «Te hago pastor que es como ser un poco de todo… y más también». Cuando sos pastor, sos asesino porque querés matar a la gente; sos invisible porque querés desaparecer; sos boxeador porque te dan ganas de noquear a alguien.

Así como el carpintero toca la madera, el Señor nos toca, nos abraza, nos acaricia, pone su mano sobre nosotros. Eso se llama experiencia. Yo puedo hablarte y vos me escuchás pero si el Señor no te toca, no te acaricia, no tenés tu experiencia. Podemos hacer setecientas horas de alabanza, gritar y llorar pero si el Señor no te toca, no te acaricia, no tenés tu experiencia y nunca serás un mueble usado por Dios.

Un hombre va al trabajo y el jefe le grita: «¡Desgraciado, sinvergüenza, váyase a su casa, maleducado, no lo voy a perdonar!». Entonces piensa: «Memoria y justicia». Agarra una piedrita y se la pone en el bolsillo para que cuando vaya al trabajo y lo vea al jefe, se acuerde de lo que le hizo. El jefe le vuelve a gritar otra vez y el hombre agarra otra piedrita. Ahora tiene dos; llega a su casa y hay un mensaje en el contestador del jefe. Agarra una piedra más grande y con tres piedras vuelve a trabajar. El jefe vuelve a gritarle una y otra vez y ahora el hombre tiene cinco piedras, siete piedras, ocho piedras… hasta que se le rompe el bolsillo. Entonces se compra un maletín y va al trabajo con quince piedras todos los días. Pero un día llega y el jefe lo insulta muy feo, entonces piensa: «Esto no es una piedrita, es un cascote». Y como el cascote no entra en el maletín, se compra una maleta de viaje grande con rueditas. Así que todos los días arrastra todas las piedras.

Por Bernardo Stamateas

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