la-iniquidad-y-el-asolamiento-de-las-ciudadesSanidad Interior – La Iniquidad y el Asolamiento de las Ciudades 1

 

La iniquidad no solo afecta la vida de una persona, sino que se constituye en el fundamento de maldición y destrucción de ciudades. Desde que el hombre cayó en pecado, y la iniquidad entró a formar parte de su ser, la tierra absorbió esta semilla de maldad quedando maldita desde entonces.

«Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida» (Génesis 3:17).

A partir de ese momento, toda la creación gime por ver la manifestación gloriosa de los hijos de Dios. El Señor nos dio la tierra y aunque perdimos el señorío de ella, es nuestra responsabilidad declarar su redención a través del sacrificio que Jesús hizo por nosotros. Si bien hemos sido maldición para la tierra, también podemos ser bendición y comer de ella con paz y con gozo. La iniquidad no solo penetró la tierra en ese momento de la caída, sino que nuestra propia iniquidad trae sobre ella toda forma de mal.

«Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente hijos de los hombres? Antes en el corazón maquináis iniquidades; hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra» (Salmo 58:1-2).

Ciudades enteras son fundadas a través de consagraciones territoriales a dioses paganos, diseños masónicos, geometría mágica, y horrendos sacrificios y derramamientos de sangre. Todo esto repercute en el desarrollo de una ciudad siendo necesario redimir sus fundamentos para transformarla.

«¡Ay del que funda una ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!» (Habacuc 2:12).

De la misma manera que individualmente la iniquidad cava hoyos para atrapar las almas, ciudades enteras son sometidas, hundidas en tinieblas, violencia y corrupción.

«Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron; en la red que escondieron fue tomado su pie» (Salmo 9:15).

Por eso es necesario que los justos hagan justicia, y que su oración y sus obras sanen las ciudades.

«Y confesarán su iniquidad y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición; yo también habré andado contra ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; entonces se humillara su corazón y reconocerán su pecado. Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y así mismo de mi pacto con Isaac, y también de pacto con Abraham me acordaré y haré memoria de la tierra» (Levítico 26:40-42).

 

A. Iniquidad Cultural.

Hay iniquidad que proviene de nuestras culturas. Acciones colectivas de maldad que indirectamente se arraigaron en el alma y en el espíritu de los pueblos. Éstas pueden ser genocidios, como el que cometieron los españoles y los portugueses con los indígenas latinoamericanos o las terribles masacres hechas por los ingleses cuando conquistaron Los Estados Unidos. Podemos hablar también de la Inquisición Española, o de las incontables muertes que produjeron las cruzadas en Europa y en Medio Oriente. Toda esta sangre derramada es iniquidad que quedó impregnada en nuestra herencia espiritual.

Por otro lado tenemos también la iniquidad que es inherente a la idiosincrasia (pensamiento nacional) de una nación. La corrupción y la desidia en Latinoamérica junto con la irresponsabilidad y la forma fraudulenta de hacer tantas cosas son claros ejemplos de ello. Estas están tan arraigadas y son tan común es que ni siquiera reparamos en que constituyen iniquidad.

Pensamientos como: «El fin justifica los medios», «Según el sapo es la pedrada», «Al fin ni se van a dar cuenta» y tantos como estos refranes, reflejan lo torcida que está nuestra sociedad. La mentira, el engaño y la venganza forman parte de la iniquidad de muchas naciones.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Iniquidad”

Por Ana Méndez Ferrel

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Psicólogo, docente, consultor familiar, conferencista y autor (Verdades Que Sanan, Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes). Trabajé con la niñez y la formación de maestros de niños. Fui pastor de adolescentes y jóvenes por más de 10 años. En la actualidad me dedico a enseñar, escribir, dictar conferencias y dirigir www.devocionaldiario.org y www.desafiojoven.com, donde millones de personas son alentadas, edificadas y fortalecidas en su fe. Casado y padre de tres hijos.

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