la-iniquidad-y-la-escaces-financieraSanidad Interior – La Iniquidad y la Escasez Financiera 1

 

La iniquidad como hablamos en un principio, tiene su origen en Luzbel. Es el pensamiento torcido que penetra su corazón haciéndolo creer que puede ser semejante a Dios. Esto sucede por la abundancia de sus riquezas. En Ezequiel 27 y 28 la Biblia habla del poder de las contrataciones comerciales que él hacía y se refiere a él como el Rey de Tiro; ya que esta ciudad fue capital del comercio en su tiempo. La caída de Satanás está íntimamente ligada al comercio y a la riqueza. Es de este amor al lucro que él hace surgir Babilonia, la ciudad espiritual a través de la cual él gobierna los reinos del mundo. Lee Apocalipsis 17:3-5 y 18.

Hay una parte del comercio y de la riqueza que es justo y necesario para los pueblos de la tierra. Pero en forma muy sutil la iniquidad, la semilla del diablo, lo tomaron como el terreno fértil para desarrollar en él su suprema maldad. Todas las naciones han participado de su seducción y por ende están atrapadas en sus redes.

«Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz que decía: Salid de ella pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas» (Apocalipsis 18:3-4).

El comercio y la riqueza llegan a tener un ESPLENDOR que se vuelve la puerta por la cual penetra la iniquidad. Este esplendor es una gloria que no es la de Dios. Es un brillo y una sensación de seguridad artificial, de poder, que se levantan para competir y tomar el lugar de Dios. Es un esplendor que fascina y seduce los ojos del mundo. La riqueza produjo en el corazón de Luzbel una narcosis, un embelesamiento de sí mismo en el cual empezó a creer que el poder de su abundancia lo ponía a la par del Altísimo.

«A causa de la multitud de tus contrataciones (comer­ciales) fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras de fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu ESPLENDOR, yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti» (Ezequiel 28:16-17).

Esta iniquidad que se formó en el corazón de Satanás, por causa de la belleza y esplendor que produjeron sus tesoros, trastornaron todo su enfoque santo de mirar a las riquezas. Todo se distorsionó dentro de él, creyendo a partir de este momento que el poseer el oro y la plata y las piedras preciosas le daba un poder que lo haría no necesitar de Dios.

Este mismo pensamiento es el que está sembrado en el corazón de los hombres en esa semilla satánica que heredamos en nuestro nacimiento. Desde el principio de las edades, el hombre en su iniqu­idad ha buscado más el oro que a Dios.

El comercio ha sido impregnado con iniquidad en todas las formas posibles. Y en mayor o menor grado esto es una constante en la línea generacional de sangre de casi todos los hombres. Por amor a las posesiones los pueblos se han matado entre en sí. El oro a través de los siglos ha sido manchado de sangre una y otra vez.

¡El que más tiene es el más poderoso! Ha sido el slogan por excelencia de todas las civilizaciones occidentales. El oro ha sido buscado para ser ofrecido a los dioses paganos, en casi todas las culturas .Ha sido el símbolo de poder de los reinos Europeos.

Todo tipo de pactos satánicos, brujería y alta magia rodean las riquezas del mundo. Las más abominables organizaciones del alto y del bajo crimen provienen del amor y la búsqueda de la riqueza. Aún millones de cristianos, ponen mucho más énfasis en su búsqueda de la riqueza que en la de Dios.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Iniquidad”

Por Ana Méndez Ferrel

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