la-iniquidad-y-la-escaces-financieraSanidad Interior – La Iniquidad y la Escasez Financiera 2

 

Continuemos.

Nuestras iglesias se llenan de iniquidad cuando el pueblo está volcado en los bienes y la comodidad de este mundo; y se olvida de los pobres de la tierra. Cuando son más impor­tantes las joyas y los vestidos visibles, que los invisibles, cuando es prioritario luchar con sacrificio por obtener algo de este mundo, que poner nuestra vida en sacrificio para encontrarnos en niveles cada vez mayores con Dios, estamos llenos de iniquidad. Cuando nuestras posesiones, nuestro sueldo o nuestro negocio son nuestra seguridad y no Dios, hemos caído en las mismas contrataciones que hicieron caer a Luzbel.

La economía del mundo está llena de iniquidad, de derramamiento de sangre. Por dinero se hacen guerras, se venden armas a grupos terroristas, se deja morir de hambre naciones enteras, para mantener un precio en el mercado.

Los sistemas bancarios están llenos de corrupción, de usura y de mentira. Los gobiernos venden su integridad por dinero. La justicia es corrompida. Con oro, se silencia el homicidio y se persigue al desamparado. Se hacen fraudes con el dinero de los ciudadanos.

Es un sistema lleno de inmundicia, de fornicación, de robo, de mentira y de falsedad. Y no creo estar equivocada si digo que el mayor número de pecados que se cometen es en torno al dinero. El diablo teje vendas mágicas para justificar todo tipo pecado en el área financiera.

Se roba a Dios por todos lados, en diezmos y ofrendas, el que no tiene justifica el defraudar y mentir al hermano. Es tan fácil que alguien te pida prestado y nunca más lo vuelvas a ver, porque es más importante el dinero que la amistad.

Es en el rubro de las finanzas donde menos temor de Dos he visto. Y lo que la gente no sabe es que el refugiarse en el dinero y servirlo es hacer directamente un pacto con la muerte.

Fíjese como la iniquidad alrededor de las riquezas está íntimamente ligada a espíritus de muerte: Salmo 49:5-6 y 13-15.

El Seol, es el lugar de los muertos, sin embargo en este Salmo, se ve como este lugar ejerce una influencia y un poder aún sobre los vivos. De la misma manera que el cielo ejerce su poder sobre justos e injustos también la muerte es un imperio que cautiva y pastorea a los que están sujetos a ella a través de la iniquidad, la rebelión y el pecado.

El dinero, el cual debiera ser tan solo un instrumento, para muchos es un refugio que Dios ya ha empezado a juzgar; por eso dice: ¡Salid de ahí pueblo mío! Refiriéndose a la estructura financiera babilónica.

«Por cuanto habéis dicho: Pacto tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con Seol; cuando pase el turbión del azote no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira; y en la falsedad nos esconderemos. …Y ajustaré el juicio a cordel y a nivel la justicia; y granizo barrerá el refugio de la mentira y aguas arrollarán el escondrijo» (Isaías 28:15 y 17).

Confiar en las riquezas no es tan solo algo que se atribuye solo a los ricos y poderosos, sino a todo aquel que dependa del dinero, de su sueldo, de sus ahorros, o de sus seguros como fuente de sustento y seguridad. La iniquidad financiera atrae en forma poderosa juicios de ruina.

«Por tanto yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos y apartaos de todas vuestras transgresiones y no os será la iniquidad causa de ruina» (Ezequiel 18:30).

Esto lo he visto tantas veces, tanto en forma individual como en colectiva. En mi propia vida, veía como en mi familia desde mis abuelos, todos venían de una posición financiera buena, sin embargo todos sin excepción caían en la ruina. Cuando yo llegué al Señor, era tremendamente pobre y cada vez que recibía una fuerte bendición económica en mi vida, de inmediato el diablo me la arrebataba. Fui despojada muchas veces de cosas que legítimamente me pertenecían. Aún la herencia tanto de mi padre como la de mi madre, las dos me fueron quitadas injustamente. No sabía que estaba pasando. No fue sino hasta que empecé a entender la iniquidad que pude cambiar el curso de mi destino.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Iniquidad”

Por Ana Méndez Ferrel

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