Sanidad Espiritual – La Voluntad

 

La voluntad del hombre es el área que trabaja en conjunto con nuestra mente y emociones. Es donde se nos da la capacidad de decidir lo que queremos ser y hacer. El ser salvo o condenado no depende de Dios, sino de la persona porque es un acto de voluntad propia recibir a Cristo o rechazarlo. Es con la voluntad

El hombre tiene una voluntad soberana para escoger hacer lo bueno o lo malo. El hombre decide servir a Dios o al diablo. Dios no tiene prisiones en el cielo; por eso, es tan importante tratar con nuestra vieja voluntad para hacer lo que a Dios le agrada que el hombre decide rechazar, recibir, escoger o desechar algo, y esto incluye los pensamientos, las pasiones y las emociones.

Con la voluntad, el hombre se va formando según lo que piensa y según su vivencia en el ambiente donde se desarrolla, emocional y culturalmente. Todo esto determina lo que el hombre será. El hombre no regenerado, siempre se inclinará a pecar contra Dios.

Por ejemplo, la desobediencia es un acto de nuestra propia voluntad. La palabra de Dios dice: «el alma que pecare ciertamente morirá». ¿Por qué muchas veces nos cuesta dejar de hacer algo si somos dueños de nuestra propia voluntad? Porque la mente no renovada envía constantemente pensamientos a las emociones que no están sujetas al espíritu. Entonces, la mente y las emociones tratan de seducir la voluntad humana. Por esta razón, el hombre no puede parar de hacer las cosas que sabe que son desagradables ante Dios.

Dios ha puesto en la vida del hombre una barrera que Él mismo no traspasa; ésta se llama voluntad. Esta barrera tampoco la puede atravesar el enemigo. Si éste gana terreno en nuestras vidas, es porque nosotros con nuestra soberana voluntad se lo hemos permitido.

La voluntad del hombre se divide en: decisión, intención, propósito, elección y deseo. Es allí donde se originan las decisiones, las intenciones, los propósitos, y los deseos. Hacer siempre lo que queremos es la esencia de la rebelión. Cuando un creyente no renueva su voluntad, siempre va a querer satisfacer los deseos de la carne.

 

¿Cómo Lidiamos con Nuestra Voluntad?

1. Rindiéndola.

2. Quebrantándola.

3. Vaciándola y llenándola con la voluntad de Dios

 

¿Cómo Rendimos Nuestra Voluntad?

La palabra de Dios habla de ciertos términos que nos enseñan que el rendir nuestra voluntad es un acto de elección. La Escritura usa términos, tales como:

Renunciar. Esta palabra significa: «estar muerto a».

Despojarse. Esto alude a deshacerse de algo malo, como lo es el viejo hombre (Efesios 4.22-24).

4. Quitarse. (Efesios 4.31)

5. Hacer morir. (Colosenses 3.5)

Recuerde que Dios no nos obliga a hacer ninguna de estas cosas. Somos nosotros los que tenemos que tomar la iniciativa de renunciar a las áreas de nuestra vida que no le agradan a Dios. Tenemos que hacer morir lo malo, quitar de nosotros todo aquello que nos impide el crecimiento espiritual.

Desde hoy, empiece a renunciar a la amargura, a la ira, al pasado y a los deseos de la carne. Cuando el ser humano está decidido a hacer la voluntad perfecta de Dios, todas sus promesas serán un sí y ¡amén!

 

¿Cómo Se Quebranta la Voluntad?

Nuestra voluntad es quebrantada cuando Dios nos disciplina y nos castiga como un Padre a su hijo en su amor. A esto, también le podemos llamar el método de «la trituración». (Isaías 57.15)

La voluntad de Dios la podemos conocer y cumplir de tres maneras:

1. Por iluminación. La entendemos y la hacemos.

2. Por revelación. Nos es dada a conocer y la cumplimos.

3. Por trituración. La trituración tiene que ver con las circunstancias dolorosas que Dios permite en nuestras vidas, las cuales utiliza para enseñarnos a cambiar.

Recuerde que el mayor obstáculo en nuestra vida para hacer la voluntad de Dios es nuestra propia voluntad, nuestro «yo».

 

¿Cómo Vaciar Nuestra Voluntad?

La renovación de nuestra mente por medio de la Palabra de Dios va a producir un deseo, y como ya sabemos, los deseos se encuentran en la voluntad. Cuando nuestra mente empieza a ser renovada, comenzamos a sentirnos bien haciendo la voluntad de Dios (Filipenses 1.6, Juan 3.30, Gálatas 2.20).

El sometimiento de nuestra voluntad va a ser un sacrificio a Dios y, entonces, podremos comprobar o experimentar personalmente la transformación continua en nuestra vida. (2º Corintios 4.16)

Busquemos a Dios con responsabilidad y automáticamente encontraremos su voluntad en nuestra vida.

Extracto del libro “Sanidad Interior y Liberación”

Por Guillermo Maldonado

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