LOS OBJETOS COMO SIMPLES OBJETOS

Estos objetos en sí mismos no son nada. Este punto posee dos partes muy importantes: La primera es que el objeto en sí no posee ni poder, ni fuerza, ni nada. Atribuirle poder «al objeto» en sí mismo sería caer en el animismo. Además el mismo Señor nos lo aclara por la boca de sus siervos. Miremos Is.44:9-10: «Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confu­sión, de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó a un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho?»

Se puede leer todo el pasaje de Is.44:9-20. Irónicamente expresa cómo se le puede atribuir a un objeto hecho por los hombres, fuerzas sobrenaturales. Dice más adelante (vs.15-17) que parte del leño que el hombre toma para calentarse, lo utiliza para la comida y parte lo convierte en dios trabajando la madera. Luego lo instala en su casa (vs.13) y le rinde súplica (vs.17) y queda así, esclavo de su ídolo (vs.20).

(Ver también Jer.10:11, Is.40:19-20, Sal.115:4-7, Sal.95:3; Os.9:10).

Dice Is.46:6-7: «Sacan oro de la bolsa, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ello; se postran y adoran. Se lo echan sobre los hombros, lo ¡levan, y lo colocan en su lugar; allí está y no se mueve de su sitio. Le gritan y tampoco responde, ni libra de la tribulación.»

El gran error del pueblo cristiano fue creer solamente este aspecto: la ridiculez de quien los fabrica y lo ridículo de pensar que en sí mismos los objetos tenían poder. Así, entonces tener una estatuilla de la virgen, una pirámide, etc., «no significa nada de nada» espiritual y emocionalmente hablando. Esto es FALSO.

Miremos un pasaje del Nuevo Testamento que complementa la idea. En 1º Co.8:4 dice el apóstol Pablo: «Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.»

En este capítulo 8 el apóstol habla de la carne sacrificada a los ídolos. Una parte se entregaba en sacrificio, otra para los sacerdotes y otra al que ofrecía el sacrificio con la cual invitaba a los amigos (vs.10) o se vendía al público en el supermercado. Los cristianos se preguntaban si podían comer esas carnes que habían sido sacrificadas a los ídolos; de hecho algunos las comían sin el menor problema; el apóstol ve que había hermanos que creían (como lo creían antes de conocer a Cristo) que los ídolos tenían algún tipo de poder. Es decir que algunos creían que las carnes eran sagradas y otros que no. El más maduro debe renunciar a ellas para que el más débil (que creía que sí eran sagradas) no sea confundido.

Extracto del libro Ocultismo y Sanidad Interior

Por Bernardo Stamateas

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