Sanidad Interior – Las Moradas de Iniquidad 4

 

Continuemos.

¡Que maravillosas son las moradas de Dios! Estas son opuestas a las moradas del diablo en las que la gente vive llena de inseguridad, temor, carencia, enfermedad y asaltados por el terror del impredecible futuro y de su humana fragilidad. Las moradas de Dios son verdaderamente seguras, inexpugnables, llenas de salud, de abundancia y de la tranquilidad de un futuro diseñado y protegido por Dios. Sin embargo, esto tampoco se edifica en un segundo simplemente porque repetimos la oración del pecador. Tenemos que edificar con material del cielo, con oro, con plata y piedras preciosas provenientes del Espíritu Santo de Dios.

El que ha edificado su morada espiritual en Dios vivirá en paz, en seguridad, en salud, en la tranquilidad de que ninguna tragedia repentina vendrá sobre él. Quien edifica en Dios será próspero todos los días de su vida, porque su alma prosperó de lo terrenal a lo celestial.

Derribar las moradas de maldad depende primeramente de someter nuestra voluntad a Dios, para empezar a cambiar eficazmente la mentira por la verdad de Él. Tengo que saber, no tan solo creer, que nadie puede poseer mi voluntad, y que ésta es mi herramienta más poderosa para entrar al Reino de Dios y a su herencia.

La mentira más grande que el diablo le ha hecho creer a los hijos de Dios, es que él puede poseer la voluntad del hombre. Dios le dio al hombre «LIBRE ALBEDRIO» y nadie, ni Dios ni el diablo pueden tocar nuestra voluntad. Dios la selló para que fuera nuestra, porque por ella seremos juzgados.

El que entienda esto, podrá ser plenamente libre y podrá arrebatar todas las riquezas que Cristo compró por precio de sangre para él.

En Cristo Jesús, soy y tengo, lo que me atrevo a ser y a poseer de Su Reino. Él ya nos dio todas las cosas pertenecientes a la vida y a la piedad. Él ya nos dio el Reino, esto significa que el Reino es Aquí y Ahora, pero solo los violentos lo arrebatan. Mi Voluntad unida al poder de Dios es el instrumento para derribar las moradas de maldad que por años me han gobernado.

Por mi voluntad decido dedicar tiempo y amor para edificar mi ser interior y encontrarme con Jesús a cara descubierta hasta que lo logre.

«Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto» (Lucas 11:9). Frases tales como: «El diablo no me deja orar» o «No puedo hacer la voluntad de Dios, porque el diablo no me deja» son una absoluta mentira. Tú eres dueño de tu voluntad y ni Dios ni el diablo te pueden forzar a nada.

Tú tienes en tu voluntad, el poder para tomar decisiones radicales de cambio. Algunas requerirán pelear, pero tú y solo tú, decides si peleas con Dios para ganar o te rindes al diablo para perder. ¡LA DECISIÓN ES TUYA!

Cuando Adán dejó la morada de Dios, se encontró desnudo y su morada alternativa fue esconderse y cubrirse con hojas de parra. Dios le preguntó entonces: ¿Dónde estás? Hoy, Dios te hace esa misma pregunta.

¿Dónde estás? ¿Desde qué morada estás operando? ¿Cuál es tu condición de vida? ¿Qué estás produciendo en cada aspecto de ella?

¿Qué pasa en tus relaciones con otros? ¿En tu salud? ¿En tus finanzas? ¿En tu misión celestial?

Cuando el mundo te observa, qué ve. ¿La realidad de las verdades celestiales están manifestadas en tu vida? o ¿vives una supuesta devoción a Dios, pero tu realidad está llena de limitaciones y de moradas establecidas en el derrotado territorio del diablo?

Dios nos está llamando a todos a buscar la verdadera realidad de las moradas desde donde operamos. Nos está llamando a ser agresivos contra todo lo que nos está impidiendo entrar a las maravillosas dimensiones de Su moradas. Nos está llamando a dejar la pasividad y el conformismo de una Iglesia que se mueve en la mediocridad y que no está avergonzando a la sabiduría de este mundo.

Dejaremos atónitos y humillados a los poderosos y sabios de este mundo, cuando la enfermedad no nos toque, cuando no tengamos que pedir prestado sino que seamos los mayores dadores del mundo. Esto pasará cuando seamos el ejemplo encarnado del amor de Dios en la tierra, cuando el mundo perdido pueda ver la morada de Dios manifestándose en cada uno de nosotros.

Extracto del libro “La Iniquidad”

Por Ana Méndez Ferrel

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