que-es-la-iniquidadSanidad Interior – ¿Qué es la Iniquidad? 4

 

Continuemos.

De las tres partes que componen nuestro ser Espíritu, alma y cuerpo, la más fácil de entender es el cuerpo, por cuanto es visible y tangible. Sin embargo ha tomado cientos de años a las ciencias médicas el descifrarlo y entenderlo y aún quedan misterios por resolver. El hombre sólo se puede entender en manera integral, esto es combinando los tres aspectos que lo componen. El ignorar uno de ellos es necesariamente caer en un error y por eso es que la ciencia no puede atar los cabos que unen al cuerpo y al espíritu, por cuanto lo desconocen totalmente.

El cuerpo como bien sabemos está compuesto de un sinnúmero de componentes que lo hacen funcionar correctamente. De la misma manera el alma y el espíritu son cuerpos intangibles altamente complejos que debemos conocer para caminar en la victoria que Cristo efectuó para nosotros. Muchos de los fracasos de millones de cristianos se debe al escaso conocimiento que se tiene de estas dos partes fundamentales de nuestro ser.

Es parte de algunas teologías que el alma está compuesta de: La mente, las emociones y la voluntad. Y el espíritu de: La comunión, la intuición y la conciencia. Y tanto la una como el otro, no son para la mayoría más que dos enormes bloques prácticamente desconocidos que la gran mayoría decide ignorar sus profundidades para no meterse en demasiadas complicaciones. Y desgraciadamente esta actitud es la que mantiene a millones de personas atadas a desiertos y tribulaciones de los que no pueden salir.

Otros un poco más versados en la investigación de estas áreas y tratando de darle una explicación a la opresión demoniaca en los creyentes han comparado al hombre tripartito con el tabernáculo de Moisés. Ellos aluden que el cuerpo es como los atrios del templo, el alma es como el «Lugar Santo» y el espíritu como «El Lugar Santísimo» donde moraba la presencia de Dios en el Arca del Pacto.

De esta manera explican que un cristiano pude ser atacado u oprimido por demonios en su cuerpo, de la misma manera que gente de todo tipo entraba a los atrios del templo. Esto da una explicación a espíritus de enfermedad que operan afligiendo los cuerpos físicos.

Ellos también explican que el alma siendo como el lugar santo, donde entraban los levitas y sacerdotes también tiene acceso demoníaco a espíritus que afligen el alma como son espíritus de temor, de depresión, de ira etc.

Pero que el espíritu del hombre solo pude ser poseído ya sea por Dios o por el diablo y aquí ya no hay mezclas de nada. Una vez que uno es sellado en su espíritu por el Espíritu de la Promesa, el espíritu se vuelve absolutamente puro. Y el problema solo radicara a partir de este momento en el alma y en el cuerpo.

Si bien comparto esta teología con mis hermanos doctores en liberación, creo que Dios nos está llevando a una investigación profunda de las áreas del espíritu que aún no habían sido reveladas en estos últimos siglos; y que si lo fueron la enseñanza no ha sido popularmente propagada.

Considerar al espíritu como que solo tiene tres grandes partes: comunión, intuición y conciencia, es lo mismo que pensar que el cuerpo humano es solo cabeza, tronco y extremidades. Pablo menciona en su primera carta a los Corintios que hay cuerpo animal y cuerpo espiritual. (1 Co.15:44) Tanto el uno como el otro están formados de una comple­jidad de órganos y de sistemas que lo conectan entre sí y le permiten así funcionar cada uno en la dimensión a la que pertenece, el cuerpo físico en el mundo material, y el espir­itual en el ámbito de espíritu, aunque están unidos entre sí.

El entender esto me hace diferir con la idea de que el espíritu sea perfectamente puro por el hecho de que Dios lo habite. Permítame citar para esto algunos textos de la Biblia: «Así que amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios» (2a de Corintios 7:1).

«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1º Tesalonicenses 5:23).

Aquí vemos que hay una contaminación espiritual de la que tenemos que limpiarnos y también que Dios quiere operar una santificación en las tres partes de nuestro ser.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “La Iniquidad”

Por Ana Méndez Ferrel

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