Sectas – El Principio de la Deidad 1

 

1. La Necesidad Epistemológica.

La epistemología es la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico. Esto es, cómo saber que sabemos. Desde el origen del ser humano, su búsqueda ha sido encontrar las respuestas a su propia existencia. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es la razón de nuestra existencia? ¿Qué hay después de la muerte? Los filósofos de todas las épocas han tratado de encontrar una solución y han hallado cientos de respuestas para estas interrogantes.

Dejo por sentado la absoluta certeza de la existencia de un Dios supremo sobre esta maravillosa y sorprendente creación, ya que no se puede ser Masón si no se cree en algún dios. No voy a tocar la teoría del ateísmo pues no es este el motivo del presente libro. Desde mi punto de vista, es una teoría que se cae por sí sola ya que considero imposible que un universo organizado y una vida de tan alto nivel de complejidad provenga de la casualidad de unos átomos que se juntaron al azar. Así que vamos a tratar de llegar a una conclusión en las únicas dos posibilidades razonables en este caso:

A. El Deísmo.

Una filosofía según la cual todo proviene de un Dios impersonal, que no es otra cosa que una poderosa energía cósmica, manifestada en los planos visibles de la materia e invisibles del espíritu. Para los deístas, «el todo», está compuesto por un plano arquitectónico magistral, que se diversifica en una multiplicidad de planos paralelos. Un macrocosmos y un microcosmos conectados por un fluir de energía pura que les hace posible existir. Un universo donde nada se pierde y todo se transforma; donde todo organismo vivo va evolucionando hasta llegar al punto de la perfección absoluta del espíritu y de la materia. Esta es la concepción del universo que se tiene en el siglo XXI en gran parte de la cultura occidental, la cual proviene, paradójicamente, de las culturas de oriente.

 

B. Todo Proviene de un Dios Personal.

Dios concibió, amó y dio forma a su creación. Este es el concepto Judío-Cristiano del origen y de la finalidad de todas las cosas.

Si analizamos la primera teoría nos encontramos con un grave problema, ya que si partimos del principio universal impersonal, producto simplemente de una energía abstracta, es altamente improbable que de allí provengan criaturas con personalidad. No hay explicación posible para ésta. Ante esta postura el hombre no podrá contestarse jamás: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? El ser humano tiene características muy especiales que lo hacen único y diferente sobre la tierra: su personalidad. El hombre piensa y comunica sus razonamientos a través de la palabra hablada y escrita. El ser humano es capaz de amar y de odiar, de sufrir y de gozarse; es capaz de sentir culpa o remordimiento, tiene innata una conciencia moral, y es innegablemente creador. Todos estos atributos son imposibles de explicar a través de un universo impersonal o de una fórmula alquímica de transmutación de elementos.

La segunda teoría es de mucho más peso, pues si yo me veo a mí misma como un ser que piensa, ama, crea, se ríe, se duele, que tiene una conciencia moral, etc., me es casi natural creer que mi Creador tiene por fuerza que poseer por lo menos los atributos que yo tengo. Y si entre ellos está mi capacidad para relacionarme con mis semejantes, es fácil llegar a la deducción de que ha sido Dios mismo el creador de las relaciones. Por ende, existe un continuo fluir de relaciones entre el Creador y sus criaturas. Por lo tanto, es el concepto Judío-Cristiano el que ofrece las respuestas de mayor consistencia al dilema existencial.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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