Sectas – El Principio de la Deidad 6

 

Continuemos.

C.S. Lewis, que fuera profesor de Cambridge, escribió: «Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto sus aseveraciones de ser Dios». Frase que puede parecer normal pero, si se analiza, carece de la más elemental lógica. Porque un hombre que fuese simplemente un ser humano y dijera las cosas que dijo Jesús, no podría ser, un gran maestro de moral, como asevera Lewis. «Tal vez un lunático o, quizá un demonio infernal, pero maestro moralizante en ningún caso». Le corresponde a usted hacer la elección si Cristo fue y es el Hijo de Dios o si, por el contrario, se trata de un demente o de algo peor. Usted puede encerrarle por loco, y darle muerte como si fuera un demonio, o puede postrarse a sus pies y llamarle Señor y Dios. Pero no nos presentemos con la enorme y arrogante necedad de condescender en otorgarle la categoría de un gran maestro humano. Él no nos ha dejado abierta esa posibilidad, ni siquiera lo intentó.

F. J. A. Hort escribió: «Sus palabras eran de tal modo partes y pronunciamientos de sí mismo, que no tenían significado como declaraciones abstractas de verdad proferida por él en calidad de oráculo divino o profeta. Quítesele a él como el asunto primario (aun cuando no el último) de cada declaración, y todo se desmorona.»

Kenneth Scott Latourette, el gran historiador del Cristianismo de la Universidad de Yale, escribió: «No son sus enseñanzas las que hacen que Jesús sea tan notable, aun cuando serían suficientes para concederle distinción. Es una combinación de las enseñanzas con el hombre mismo. No puede separársele. Debe ser obvio para cualquier lector meditativo de los registros evangélicos que Jesús consideraba que él y su mensaje eran inseparables. El era un gran Maestro, pero era más que eso. Sus enseñanzas respecto del Reino de Dios, de la conducta humana y de Dios eran importantes, pero no podían divorciarse de Él sin que, desde su punto de vista quedaran viciadas».

Josh McDowell dice al respecto: «Si cuando Jesús hizo sus aseveraciones sabía que no era Dios, entonces estaba mintiendo. Pero, si era un mentiroso, era también un hipócrita, pues a los demás les decía que fuesen honestos a cualquier costo, mientras que él mismo enseñaba y vivía una mentira colosal. Y más que eso, era un demonio, pues les decía a otros que confiaran en él para su destino eterno. Si no podía respaldar sus aseveraciones, y lo sabía, entonces era extremadamente malo. Finalmente, también sería un necio, pues fueron sus aseveraciones de que era Dios, las que lo condujeron a la crucifixión».

«Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios? Y Jesús le dijo: Yo Soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿Qué os parece?, y todos ellos le condenaron, declarándolo ser digno de muerte» (Marcos 14:61-64).

Josh McDowell añade: «Jesús afirmó ser Dios. No dejó ninguna otra opción. Su afirmación sobre que fuera Dios debe ser verdadera o falsa, y es algo a lo que debiera dársele seria consideración».

La decisión es individual. Cada quien es libre de escoger lo que piensa a este respecto. Pero el Evangelio no fue escrito para buscar en sus páginas verdades esotéricas separadas de Jesús. El Apóstol Juan dijo: «Estas cosas os he escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre» (1 Juan 5:13).

Otro punto a considerar es la forma que Dios estableció para poder llegar a su presencia. La Escritura dice: «El Sumo Sacerdote entraba al lugar Santísimo o lugar de la presencia de Dios y esto NO SIN SANGRE, la cual ofrece, por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo». Ahora bien, si Dios no cambia, y esta sangre era el símbolo del sacrifico expiatorio de Cristo ¿por qué no se mencionan en la Masonería, ni a Jesús como Mesías, ni a la sangre del pacto, ni el altar de los sacrificios, ni el velo del templo? O será, como lo demostraré más adelante, que el supuesto Templo de Salomón, tan mencionado y estudiado en la Masonería, no tiene nada que ver con el Dios Hebreo-Cristiano, ni con el auténtico Templo que Dios le mandó edificar a este Rey (léelo AQUÍ). Y el personaje Hiram Abiff, el supuesto arquitecto del templo y símbolo del verdadero Masón, tampoco tiene relación con el que se menciona en la Biblia.

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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