Sectas – Los Juramentos Masónicos 2

 

Continuemos.

En un Boletín de los trabajos del Supremo Consejo, el Grado 33, Carlos Rahelemberck, dice: «Nosotros glorificamos a los Templarios, de quienes somos herederos, y debemos hacer todo lo que podamos como MIEMBROS DE UN TRIBUNAL SECRETO. La Francmasonería belga se propone hacer, del fondo de su TRIBUNAL SECRETO, la revolución que destruirá el orden social por la corrupción y por el ANIQUILAMIENTO del Cristianismo, lo cual es exactamente su objeto oficial».

¿Se le dice acaso esto al «Cristiano» que penetra las puertas de la Masonería?

Veamos lo que el Venerable Maestro que preside, le dice al aspirante. Juzgue usted y piense si es correcto: «Toda Asociación, amigo mío, tiene sus leyes, y todo asociado, sus deberes que cumplir; y como no sería justo imponeros obligaciones sin conocerlas, es de la prudencia de esta Respetable Asociación explicaros cuáles han de ser vuestros compromisos. Será un silencio absoluto acerca de cuanto hayáis podido oír, entender o descubrir entre nosotros, así como lo que viereis o entendiereis en lo sucesivo. De vuestros deberes es combatir las pasiones que deshonran al hombre, haciéndolo tan desgraciado, practicar la caridad evangélica socorriendo a los hermanos física y moralmente, proveyendo en lo posible sus necesidades y evitando sus infortunios, no perdiendo ocasión de asistirlos con vuestros consejos y vuestras luces. De vuestros deberes no los conoceréis hasta que seáis afiliados y es cumplir los estatutos generales de la Orden, las constituciones de la Gran Logia y los reglamentos particulares de esta logia, sometiéndoos a lo que legalmente se os pida en su nombre, pues jamás os prescribiremos nada indigno del honor y de la virtud que proclamamos. Ya que conocéis los principales deberes de un Masón. ¿Os creéis con bastante fuerza y tendréis la firme e inalterable resolución de practicarlos?»

Esto, amado lector es todo lo que se le dice a un candidato que, tras la «cantinflada» que acaba de oír, efectivamente entra a ciegas a lo que se le espera en la Masonería.

Quiero que considere esta cláusula, llena de mentira, «de que jamás se le prescribirá al Masón nada indigno de su honor». Como breve ejemplo, quiero citar un caso cuyo escándalo fue internacionalmente conocido. El financiero Licio Gelli, hombre polifacético que había pertenecido a varios partidos políticos en Italia, fundó, en 1971, de acuerdo con la Masonería italiana oficial, una famosa logia llamada «Propaganda 2», a la que convirtió en un formidable nudo de negocios, influencias y socorros mutuos entre los socios, que comprendían importantes figuras de las finanzas, la política, la cultura y las fuerzas armadas de Italia.

El caso se extendió aún más hasta el otro lado del Atlántico donde un diario en Argentina, lo publicó el 15 de Septiembre de 1982. Aquí se acusa a la logia fundada por Gelli, de secuestrar y desvelar un secreto de estado que produjo una grave situación financiera en el país. Dice así el reportaje: «El Hecho se consideró como violación de secreto por haberlo hecho conocer el propio Gelli. La última de las causas la investiga el juzgado de Pedro Narvaiz, originada en la denuncia del político nacionalista Patricio Kelly que acusa a Gelli y a la organización ‘P-2’ de supuesta injerencia en los asuntos internos argentinos y de provocar el actual desfasaje económico financiero que sufre este país».

Como éste hay cientos de casos que han permanecido sepultados en el silencio masónico. Crímenes y fraudes como los que usaba Weishaupt para tener atados y en silencio a los miembros. Millones de masones con la promesa de ayudarse unos a otros, hombres buenos y malos, con una inefable hambre de poder. Tendríamos que ser muy ingenuos para suponer que todo es limpio y cristalino cuando la orden está vinculada con todos los gobiernos mundiales y para creer que jamás nadie ha hecho nada turbio para cubrir a un hermano masón, o salvarlo de un opresor.

Volviendo al momento de la iniciación, después de leerle estas ambiguas obligaciones y tras haber visto que el Venerable le aconseja al candidato como una «Máxima Masónica» que no jure jamás con palabras ajenas, lo conduce al juramento, (ironía de ironías) en el que, dirigiéndose al aspirante, dice: «Profano, antes de pasar adelante, exigiremos vuestro juramento sobre el libro de la Ley (Biblia) ¿Consentís en jurar?».

Si el candidato asiente entonces el venerable continua: «Repetid conmigo: Yo… prometo bajo mi palabra de honor, cumplir las obligaciones de un buen Masón y declaro que no es la curiosidad la que me conduce aquí, sino el amor al progreso y si mintiera consiento en que así como la dulzura de esta bebida (se le hace beber agua dulce) se convierta en amargura (se le hace beber agua amarga) y el agua que se bebiere se convierta en veneno, y el desprecio de los hombres y la maldición del Gran Arquitecto del Universo caigan sobre mi cabeza».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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