Sectas – Testimonios de Iniciaciones 1

 

Todo lo que hasta ahora he expuesto es el producto de una profunda investigación de la Orden, sin embargo, es necesario que en estas páginas se incluya un testimonio real de alguien que hubiera estado envuelto en la Masonería. Por eso busqué a Tanya, una vieja amiga que, como yo, se había involucrado en una serie de filosofías y ramas de la parasicología. Ella además se había introducido en el siniestro mundo de la Masonería alcanzando el mayor grado que una mujer pueda lograr, el tercero. Ella se alejo hace tiempo de todas esas prácticas para servir verdaderamente a Cristo, entregándole su vida para dedicarse a predicar el único Evangelio de la Cruz.

 

1. Entrevista a Tanya.

  • Tanya, ¿Cómo es que alguien puede llegar a ser Masón? ¿Los Masones te buscaron, o como llegaste a ellos?

«La Masonería es algo tremendamente secreto y, de hecho, no es fácil descubrir a un Masón ni intimar con alguno de ellos. Todo se maneja en base a códigos secretos, como toques, señas y palabras absolutamente confidenciales. Ellos no te buscan a menos que seas una persona muy importante o que tú puedas servir a un plan específico que tengan en mente. En la mayoría de los casos es uno el que busca, precisamente seducido por ese carácter tan oculto y misterioso que emana de su forma de manejar sus asuntos».

«Es el aura de misterio que les rodea lo que atrae el alma del hombre que está buscando llenar un vacío interior, que ha tratado de satisfacer por todos los medios y al que no ha encontrado respuesta. Otros entran buscando conseguir relaciones con gente importante, o por la ambiciosa búsqueda de poder. Para ingresar, se necesita hacer contacto con un miembro de esta organización y prácticamente suplicarle que te ayude a conseguir una solicitud, la cual tiene que pasar por un juicio en el que la aceptan o la rechazan».

  • ¿Qué es lo que te atrajo a ti personalmente? ¿Por qué creíste que era tan importante formar parte de esa sociedad?

«Yo estaba en ese tiempo muy involucrada con esoterismo y parapsicología, pero dentro de mí había un anhelo de encontrarme con Dios, y ese fue el gancho. En esos medios lo que se maneja para atraer a los incautos, es la afirmación de que Dios está oculto para la mayoría de la gente y que pocos son los que lo encuentran. Y esto es lógico, porque el hombre, ahora lo sé, no puede jamás alcanzar a Dios, es Dios mismo el que nos busca y el que nos atrae a Sí mismo. En aquellos momentos yo buscaba desesperadamente alcanzar esos lugares celestiales de los que tanto se habla en las ciencias ocultas».

«Yo quería por todos los medios llegar a sentir una plenitud con Dios que pudiera satisfacer mi necesidad interna. Pero que ajena estaba de saber lo lejos que se encontraba Dios de esta Asociación aparentemente tan llena de Él. Me atraía irresistiblemente saber que ahí se adoraba al que yo creía que era el Dios verdadero, al Gran Arquitecto del Universo, el supremo Dios. Me llenaba el hecho que ahí se buscara Su sabiduría y Su conocimiento costara lo que costara. Cualquiera que está en esta búsqueda, es presa fácil para la Masonería. Su apariencia de nobleza y de bondad es, como lo puede llegar a descubrir más tarde, el mayor ardid de Satanás para engolosinar el «ego», enredar el alma del hombre y arrastrarle hasta su abismo eterno«.

«Es increíble ver cómo la gente acepta con tanta facilidad cualquier cosa por el simple hecho que tenga la más mínima lógica. Es más cómodo aceptar el plato digerido, que meterse en la tediosa tarea de comprobar que lo que nos dicen sea realmente bueno y que proceda de Dios. Nos conformamos con que las enseñanzas o las teorías que nos dan, den sentido a nuestro criterio. Nos dejamos engañar, sin saber que nos podemos estar metiendo incautamente en las fauces mismas del averno. A veces me he puesto a pensar qué poco apreciamos nuestra alma y qué poco temor hay en el mundo del destino eterno. Nos creemos dueños de la vida y de la muerte; nos vamos convirtiendo en jueces implacables tratando de quitar la paja del ojo ajeno y no viendo la viga que nos ciega. ¡Cuánto dolor me hubiera ahorrado si hubiera inquirido de Dios en su Palabra y la hubiera obedecido con corazón manso y confiando en lo que enseña!»

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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