Sectas – Testimonios de Iniciaciones 6

 

Continuemos.

«De pronto se oyó el ruido de agua que caía. Súbitamente los mandriles salieron corriendo. Nos encontramos en un lugar húmedo, caluroso y con humo. Se oían los lamentos muchos más cercanos y cadenas que se arrastraban. La música que aún se escuchaba empezó a acelerar su ritmo como indicando que algo nos iba sorprender de un momento a otro. Sentía la impresión de que mi corazón se me iba salir por la garganta en cualquier instante. Parecía como si hubiéramos entrado al fondo del averno. De pronto se dejó oír un fuerte ruido de acero golpeando algún otro metal, como si fuera el sonido de una espada estrellándose en un yunque. Mi mente se había trasportado al trono de Vulcano, esa cueva subterránea incandescente donde el hercúleo y cojo dios del fuego y de la metalurgia fraguaba las armas de los dioses romanos. Se sentía un agobiante calor y al mismo tiempo se palpaba una oscura presencia espiritual, como si una alada y enorme sombra negra, más profunda que la misma noche, gobernara aquel sitio infernal. A pesar de la alta temperatura que nos asfixiaba, aquel temible espíritu lo presentían mis huesos como un cuchillo de hielo que los atravesara con dolor agudo. El sonido de los metales que chocaban comenzó a definirse con más claridad: Era un duelo de espadas».

«Una batalla que parecía la misma que resonaba en mi interior; mi propia lucha por la supervivencia. Un duelo entre mis propias creencias que, en medio de la confusión y el caos, aún trataban de seguir existiendo en esta agobiante guerra entre el bien y del mal. «¡Yo lo único que deseo es encontrar a mi Dios!» gritaba, y mi voz parecía perderse en un vacío insondable que llenaba todo mi interior. ¡Qué lejos puede volar el alma o a qué profundos abismos la pueden arrastrar los invisibles espectros de las tinieblas! ¿Cómo se detiene el avance desenfrenado y frenético del terror? ¿Dónde se desvanece el bien en esta turbia neblina donde el mal se disfraza del bien? ¿Dónde termina la realidad y empieza la ilusión o el desvarío? Y ¿quién mueve las cuerdas del alma para empujarla como ola tempestuosa entre una roca y otra? ¿Dónde estás, oh Dios? Y ¿dónde, esta humilde profana, que tanto te busca?»

«Seguimos el recorrido. Me hizo levantar una pierna para saltar una piedra y al bajar, estábamos entrando a una especie de río. Caminamos poco tiempo por las aguas y luego salimos. Esto lo hicimos tres veces. Después entramos al cuarto de reflexiones, una habitación donde, pasaría largas horas durante mi carrera masónica. Me quitaron la venda y me dijeron que tenía que escribir mi testamento, lo que me pareció sospechoso y me llenó de miedo. Sobre todo teniendo un sarcófago frente a mí que muy bien podría ser mi próximo destino de no pasar la prueba. Eso pensé en ese momento; aunque al mismo tiempo algo me hizo dudar de que pudieran llegar a tanto. Estaba ajena de la diabólica telaraña que se estaba empezando a tejer cubriendo todo mi ser y de la cual muchos jamás logran escapar. Yo sabía que el que penetra el umbral de la Masonería, abre una puerta que sólo tiene cerrojo por fuera y el que ha entrado no puede dar marcha atrás».

«Cuando terminé de escribir con todo detalle mis últimas voluntades entró el guía y me volvió a poner el vendaje para seguir la travesía. Me condujo a una silla con una mesa enfrente y me dijo que me sentara. El Venerable Maestro tomó la palabra para explicarme el segundo viaje: «De entre las dificultades que habéis padecido, el agua por la que habéis pasado es el mar de bronce, alegórico de la tierra, y el ruido de las espadas, representan por una parte la segunda edad de la vida, cuyas pasiones son el simulacro de las olas embravecidas, y el choque de los aceros señala nuestra tendencia a hacernos a la vez jueces y verdugos. Por otra parte representa vuestra victoria sobre el tercer elemento, el agua».

Según la explicación que da Leadbeater sobre este viaje, el candidato está en una peregrinación por las regiones de los espíritus elementales y va en camino a los planos superiores.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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2 Comentarios

  1. Que la Sangre de Cristo me cubra y me proteja a mi, a mi esposo a mi familia, a la familia de mi esposo y a todos los hermanos creyentes en Cristo.

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