Sectas – Testimonios de Iniciaciones 8

 

Continuemos.

«Cuando ya la más profunda desesperación se había apoderado de mí y esperaba con resignación, que acabara toda aquella pesadilla y se ejecutara la sentencia, sacaron otro papel que pusieron ante mí. Sentía terror de saber qué era lo que contenía. Todo mi cuerpo temblaba. La voz del Venerable se levantó en medio de un solemne silencio: «Ejerciendo el amor y la fraternidad, columnas de nuestra Orden, hemos decidido perdonarte la vida y protegerte de la justicia contra esta infamia que has cometido, a cambio de lo cual nos debes tu vida a perpetuidad para servir a los fines de la Masonería y para ayudar a todo hermano Masón que se encuentre en cualquier apuro. Para este fin, firmarás con tu propia sangre el pacto de honor y de ingreso a la Fraternidad, el cual jurarás que jamás traicionarás, ni revelarás sus secretos, ni los toques que se te enseñarán para identificarte y para entrar a la logia, ni la palabra de poder que hoy te hacemos entrega como especial tesoro de tu grado».

«Ahora, decidnos: ¿En qué parte de vuestro cuerpo preferís que os sangren?»

«Extendí el brazo para que de ahí extrajesen la sangre con la que quedaría sellado el pacto y con la que entregaba mi vida al servicio de la Masonería«.

«Me basta vuestra resolución y se os hace gracia. Hermano Experto, conducid a la profana al Ara de los Juramentos, añadió el Venerable».

«Cuando hube firmado, el Venerable pidió una espada. Una mujer se la dio. Este, con ademán de quien hace algo heroico, clavó en la espada el documento que me culpaba y sosteniéndolo en alto, le prendió fuego hasta que quedaron sólo cenizas».

«Después, me llevaron al cuarto de reflexiones para arreglarme la ropa y regresar al templo con los ojos vendados de nuevo. Cuando el Venerable preguntó a los dos Vigilantes y al Orador que habían sido mis veladores y defensores, qué era lo que querían para mí, ellos contestaron al unísono: «Luz», «La Gran Luz». Entonces la voz del Venerable se escuchó, parodiando la voz del verbo en el milagroso acto del «Fiat Lux», diciendo: «Que la luz sea».

«Sólo entonces me quitaron definitivamente el vendaje. Estaba rodeada de todos los que ya eran mis nuevos «hermanos». Con sus brazos alzados sostenían una espada desenvainada cada uno haciendo una especie de centelleante cúpula sobre mí».

En el libro «Manual del Aprendiz» de Aldo Lavagnini al referirse a este momento dice: «Los hermanos reunidos alrededor del aspirante, con sus espadas juntas formando una bóveda de acero sobre su cabeza, sin que él pueda darse cuenta todavía de su presencia, con sus propios ojos, son el símbolo de aquellas presencias o inteligencias invisibles que se hallan constantemente alrededor de nosotros, sin que nos demos cuenta de ello; mudos testigos de nuestros actos, que nos vigilan, nos protegen y nos ayudan para llevar a cabo nuestros propósitos y nuestras aspiraciones más elevadas».

«Bajaron las espadas y haciendo un círculo entrecruzando los brazos los unos con los otros, dijeron a una voz: «Todos para uno y uno para todos».

«Terminó la ceremonia con mi consagración al Gran Arquitecto del Universo y al finalizar, todos se acercaron para abrazarme y felicitarme por haber sido aceptada en la fraternidad. Estaba aturdida por el agotamiento de tantas horas de terror y embotada por un extraño sentimiento de felicidad por haberlo conseguido. No podía darme cuenta que, no sólo había fiesta en una logia terrenal sino la verdadera celebración se estaba llevando a cabo en la suprema Logia del príncipe de las tiniebla donde mi nombre acababa de quedar inscrito y con mi propia sangre. Cómo imaginarme entonces, entre abrazos y parabienes, que era a Satanás mismo a quién realmente le había entregado mi alma y con ella mi destino eterno. Él es el arquitecto que ha formulado sus planos en el universo, lo ha hecho a través de la astrología, de los planos astrales».

Dios establece claramente su pensamiento a este respecto: «Te has fatigado en tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti. He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama…» (Isaías 47:13-14).

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “GADU: Gran Arquitecto Del Universo”

Por Ana Méndez Ferrel

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