Sermones Cristianos – Para Oír a Dios… 1

 

1. Mantén el Oído Atento.

¡Escuchar es una clave importante para oír! ¿Te has encontrado alguna vez con alguien que hace preguntas, pero que no escucha las respuestas? Es difícil hablar con personas que no escuchan, y estoy segura de que Dios ni siquiera se molesta en hablar a los oídos sordos. Si no vamos a oírlo, Dios buscará a alguien que escuche el sonido de su voz.

Hebreos 5:11 nos advierte que si no tenemos una actitud dispuesta a escuchar, perderemos la oportunidad de aprender valiosos principios de vida.

Una actitud dispuesta evitará que nos hagamos tardos para oír. No deberíamos tener el hábito de escuchar las indicaciones de Dios sólo cuando estamos desesperadamente necesitados de ayuda. Por cierto que nos sentimos dispuestos a escucharlo cuando estamos en problemas. Pero Dios quiere hablarnos de manera constante, por eso necesitamos tener siempre el oído atento.

Cuando hoy me senté frente a mi computadora, lista para empezar a trabajar en el proyecto de este libro, sentí que el Señor me decía: «Toma unos minutos y simplemente espera en mí». Esperé un poquito, y luego comencé a hacer una llamada telefónica. Él me dijo muy suavemente: «No te dije que hicieras llamadas; sólo que esperaras en mí». Nuestra carne está tan llena de energía que nos resulta difícil permanecer quietos y callados. Y, en un área tan importante como ésta, debemos desarrollar esos nuevos hábitos.

Así que esperen en silencio por un rato, y el Señor comenzó a hablarme acerca de los ángeles -algo que, por cierto, no me esperaba. Me guió a buscar varios pasajes de las Escrituras, y terminé recibiendo una mini lección bíblica acerca del poder y la presencia de los ángeles. Dios tiene un motivo para todo lo que hace, y creo que quería que estuviera más consciente de que sus ángeles estaban actuando a mi favor -algo en lo que francamente no había pensado durante mucho, mucho tiempo.

Tal vez preguntes: «Joyce, ¿cómo puedes estar segura de que Dios te estaba hablando, y que no era tu mente la que inventaba todo eso?» La respuesta es que tenía paz acerca de o que estaba recibiendo, y en mi interior sentía que era fidedigno.

Mi espíritu lo confirmaba como algo que realmente procedía de Dios. Hay cosas que conocemos acerca de Él por el espíritu, no necesariamente por la mente. Por supuesto, enviamos la información a la mente, pero la revelación viene a nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo.

Hubo otras ocasiones en las que esperé en Dios y escuché una voz similar, pero intuitivamente supe que no era la suya.

Debemos conocer su carácter para diferenciar lo que viene de Él y lo que no.

Él es manso, no áspero, duro, cortante, ni importuno (Mt.11:28-30). Por ejemplo, cuando tomé el teléfono para hacer la llamada, Dios no se enojó conmigo ni me gritó. Su voz fue dulce y amable. Él entiende nuestra naturaleza y sabía que yo no estaba desobedeciendo a propósito, sino que mi carne sólo quería estar ocupada «haciendo algo».

El carácter de Dios tiene muchas facetas, y cada una es más asombrosa que la otra. Él es fiel, verdadero, amoroso, amable, magnánimo, justo y honesto, entre otros maravillosos atributos. Si creyera escuchar que Dios me dice que deje de hacer algo sólo porque es difícil para mí, me cuestionaría si ese mensaje vino de Él, porque conozco su carácter fiel. Su Palabra dice que, aunque seamos infieles Él permanece fiel (2º Tim.2:13); por consiguiente, es improbable que me diga que abandone todo rápidamente.

La gente necesita ver a Dios en acción y Él quiere obrar por medio de sus hijos. No dejes que Satanás te engañe respecto a escuchar a Dios. Conoce a Dios, conoce su carácter, y estarás capacitado para discernir las voces que vienen a tu mente, si provienen de Él, de ti, o del enemigo.

Jesús dijo que la gente tiene oídos para oír, pero no oye; y ojos para ver, pero no ve (Mt 13:9-16). Él no se refería a nuestros oídos físicos; hablaba de los oídos espirituales que recibimos cuando nacemos en el Reino de Dios, que están sintonizados para captar la voz de Dios. Para poder escucharla, necesitamos tener una actitud de quietud y de expectativa. Dios sí conoce toda la historia, y por eso quiere que nos entrenemos para lograr una actitud dispuesta a escucharlo.

Esto requiere práctica, porque no es algo que nazca naturalmente. Hay que crear una atmósfera de expectativa que diga: «Dios, estoy escuchando. Si no te agrada lo que estoy haciendo, por favor dímelo. Estoy escuchándote».

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Cómo Oír a Dios”

Por Joyce Meyer

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