Sermones Cristianos – Para Oír a Dios… 2

 

Continuemos.

2. Mantén Una Actitud que Honre a Dios.

Otra actitud que atrae la presencia de Dios a nuestra atmósfera es la de honrarlo por encima de todo lo demás. Es necesario que tengamos esta actitud que dice: «Dios, no importa lo que me digan los demás, no importa lo que piense de mí misma, no importa cuáles sean mis propios planes; si realmente te oigo decirme algo y sé que eres Tú, voy a honrarte a Ti y lo que me digas por encima de todo lo demás».

A veces prestamos más atención a lo que la gente nos dice que a lo que Dios nos dijo. Si oramos con diligencia y escuchamos a Dios, pero luego empezamos a preguntar qué opinan los demás, estamos honrando la opinión de la gente más que su Palabra. Esta actitud nos impedirá desarrollar con Él una relación tal que estemos escuchando su voz de manera constante.

La Palabra garantiza que podemos confiar en que Dios nos instruirá sin necesidad de la confirmación constante de los demás (1º Jn.2:27).

Este pasaje no está diciendo que no necesitamos que nadie nos enseñe la Palabra; de otro modo, Dios no nombraría maestros en el Cuerpo de Cristo. Lo que sí dice es que, si estamos en Cristo tenemos una unción que permanece en nosotros para guiar y dirigir nuestra vida. Ocasionalmente, podemos pedirle a alguien su consejo, pero no necesitamos recurrir constantemente a otros para preguntarles con respecto a decisiones que debemos tomar en nuestras vidas.

Cuando miembros del equipo me preguntan: «¿Qué piensas que debo hacer?», les digo: «Tienes que escuchar a Dios».

Si vamos a desarrollar la capacidad de escuchar la voz de Dios y de ser guiados por su Espíritu, tenemos que empezar a tomar nuestras propias decisiones, confiando en la sabiduría que Dios depositó en nuestro corazón.

El diablo quiere hacernos creer que no somos capaces de escuchar a Dios, pero la Palabra dice que eso no es verdad. El Espíritu Santo habita dentro de nosotros porque Dios quiere que seamos individualmente guiados por su Espíritu. No estamos viviendo bajo el antiguo pacto en el cual debíamos recurrir todo el tiempo al sacerdote para saber lo que deberíamos hacer.

En Jeremías 17:5-7 el Señor está diciendo muy claramente que no debemos fundar nuestra fortaleza de la carne humana. Severas consecuencias esperan a quienes confían en la fragilidad humana; pero son benditos aquellos que honran y confían en la unción de Dios que habita en ellos. Si escuchamos a Dios, sucederán cosas buenas. Él quiere ser nuestro brazo derecho y nuestra fuerza: Dios es el único que puede ministrarnos vida.

Jesús oyó claramente a su Padre decirle que era necesario que fuera a la cruz. En Marcos 8:31, Jesús les dijo a sus discípulos que era necesario que padeciera muchas cosas, que fuera probado y aprobado, que fuera desechado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser muerto; pero que después de tres días, Él resucitaría. El versículo 32 dice que Pedro «le tomó aparte y comenzó a reconvenirle».

Pero Jesús no tomó en cuenta la perspectiva de hombres débiles como Pedro, y «volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres» (vs.33).

Jesús honraba todo lo que su Padre decía, sin importar el costo personal que le demandara. A veces, sólo escuchamos a Dios si lo que nos dice no va a costamos nada, o si nos dice lo que nosotros queremos oír. La mayoría de las veces, si recibimos una palabra que nos incomoda, actuamos como Pedro y decimos: «¡Oh, no, este no puede ser Dios!» Pero si queremos tener oídos que oigan su voz, debemos honrar sus palabras por encima de todo lo demás.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Cómo Oír a Dios”

Por Joyce Meyer

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