Sermones Cristianos – Para Oír a Dios… 3

 

Continuemos.

3. Mantén Una Actitud de Fe.

Debemos mantener la fe en lo que Él nos dice, aun cuando nadie más lo crea.

Pablo había estado persiguiendo a los cristianos y no era la persona más indicada para ser llamada a predicar. Si yo hubiera sido uno de los compañeros de Pablo, me habría costado mucho trabajo aceptar que había sido llamado. Él sabía cuál sería la reacción a su ministerio (Gál.1:15-17).

Pablo dijo que no reveló a nadie la noticia de su llamado; tampoco lo consultó con la «gente importante» que supuestamente siempre escuchaba la voz divina. Sabía lo que Dios había hecho con él en el camino a Damasco. Sabía que había sido transformado para siempre (Hch.9:3-8). Sabía que el Hijo de Dios había sido revelado y descubierto en su interior.

Sabía que no podía volver a la vida que había vivido. Sabía que, por el resto de sus días, tendría que predicar el evangelio y permanecer fiel a lo que Jesús le había dicho.

Pero también tenía sabiduría para comprender que a la gente su llamado le parecería inconcebible. Entonces esperó en Dios; no corrió a consultarlo con los otros discípulos, diciendo: «Oigan, muchachos, vi una luz en el camino y me caí del caballo y pasó esto y aquello. ¿Qué piensan ustedes?»

En lugar de eso, se fue a Arabia. Luego, volvió a Damasco. Tres años más tarde, «subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días» (Gál.1:18).

Pablo guardó la Palabra de Dios en su corazón, dejando que creciera y se manifestara por sí misma. Entonces comenzó a hacer lo que había sido llamado a hacer. Pronto los demás empezaron a reconocer que él evidentemente tenía un llamado de Dios. Pablo termina diciendo: «Y glorificaban a Dios en mí» (Gál.1:24).

A menudo, cuando Dios le habla, la gente quiere una confirmación, citando la regla bíblica según la cual deberíamos esperar que cada palabra sea confirmada por dos o tres testigos (2º Co.13:1). Pero esa Escritura nada tiene que ver con oír la voz de Dios; en realidad, estaba destinada a propósitos de corrección cuando había algún caso de acusación contra un cristiano.

Si un cristiano era acusado de cometer algo indebido, no se daría crédito a la acusación a menos que fuera ratificada por otros dos o tres creyentes.

En ocasiones, algunos quieren que Dios confirme su llamado con una señal, como hizo Gedeón cuando puso el vellón de lana sobre la era (Jueces 6:36-40). Dios honró su petición, aunque no le parecía que fuera lo mejor. Cuando Tomás estaba lleno de dudas, diciendo que tenía que ver para luego creer, Jesús le dijo: «Dichosos los que no han visto y sin embargo creen».

Dios hace algunas cosas especiales por nosotros cuando somos cristianos inmaduros; pero a medida que maduramos en el conocimiento de su señorío, le complace que aprendamos a obrar por fe.

Hay quienes abren la Biblia al azar, con la esperanza de que se abra en un pasaje relativo a la situación que están atravesando.

Obran así porque temen hacer por fe lo que Dios les ha dicho que hagan. En el pasado, pudo haber ocasiones en las que Dios respondió al pedido de una señal, pero esa «fuente» de confirmación se secará rápidamente cuando llega el tiempo de moverse solamente por fe.

Yo tuve que aprender a ser guiada por mi hombre interior.

Como dijo el apóstol Pablo: «Mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo» (Ro.9:1). Esta es la única confirmación que debemos tener cuando Dios nos llama a hacer algo. Quizás Dios nos llame a hacer cosas que no siempre nos gusten en la carne, pero en lo profundo de nuestro ser nos darán placer si realmente el llamado ha venido de Él. Por ejemplo, no estoy ansiosa por pasar cada fin de semana en habitaciones de hotel, porque para mí son todas iguales, pero sé lo que fui llamada a hacer. Me entusiasma mucho poder predicar, así que no pienso en los aspectos menos placenteros de mi ministerio.

Existe dentro de mí una motivación profunda, que resuelve cualquier inconveniente asociado con mi llamado, y sé que debo hospedarme en hoteles para hacer lo que amo hacer.

Dios puede llamarte a hacer cosas que no estás acostumbrado a hacer, y tal vez, en lo natural, tengas miedo, pero te darás cuenta de que eso que estás haciendo armoniza con todo lo demás que Él ha desarrollado en ti. Mantener una actitud de fe te ayudará, con toda seguridad, a avanzar hacia el cumplimiento de tu llamado.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “Cómo Oír a Dios”

Por Joyce Meyer

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