Predicaciones Cristianas – La Esposa del Cordero en América Latina 1

 

¿Cómo será la Iglesia de la América Latina en el siglo XXI? A través del libro hemos hablado de la Iglesia en nuestros países latinoamericanos, de las señales divinas que están apareciendo y de ciertas cosas que hay que corregir. Aunque reconocemos que estamos en estado de guerra, acabamos regocijándonos por el día de avivamiento que está amaneciendo. Como parte de este gran pueblo, nos preguntamos: ¿Querrá Dios recalcar alguna verdad singular en este momento? Sí, Él quiere recalcar varias verdades.

Primera Verdad.

Toda nuestra actividad religiosa, nuestro ir y venir, nues­tro cantar, ofrendar, llorar y hacer, tendrán muy poco valor si nuestra vida no vale algo en Dios. A un mundo lleno de sensualismo, burla y desobediencia a los mandamientos divinos solo lo conmoverán los cristianos verdaderamente consagrados. Necesitamos una consagración mediante la cual seamos consumidos, si fuera necesario.

¿Cuántos de nosotros, discípulos de Cristo, realmente nos estamos consumiendo por Él? Ojalá dijéramos como David en uno de los Salmos: «El celo de tu casa me consumió»? Ojalá se dijera de nosotros, lo que se dijo de Juan Wesley: «Iba sin aliento, corriendo detrás de las almas».

Un contemporáneo dijo de Rutherford: «Muchas veces pensé que habría volado por el aire cuando se ponía a hablar del Señor Jesús».

A José Alleine se le describe así: «Infinitamente codicioso de almas. Testificaba con voz apasionada y con un alma encendida en amor».

El apóstol Pablo afirmó lo siguiente en diferentes ocasio­nes: «No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación… Estoy listo no solo para ser atado, sino para morir en Jerusalén por el Nombre del Señor Jesús… De día y de noche no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno… Vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros… He acabado la carrera, he peleado la buena batalla… Todo lo he llenado del evangelio…»

De Pedro y Juan se dice en Hechos 4.13 que las personas «se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús». ¿Puede la gente que no conoce al Señor maravillarse por la clase de vida que ve en el pueblo de Dios? ¿Puede la gente que no obedece los mandamientos de Dios reconocer que los cristianos estamos caminando con Él? ¿Pueden los demás seres humanos ver en nosotros la presencia del Señor? Me aterra el versículo que dice: «El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros» (Romanos 2.24).

¡Que Dios nos guarde de ser piedra de tropiezo a los que no creen, para que no blasfemen el nombre de Cristo por culpa nuestra!

 

Segunda Verdad.

Dios quiere que recordemos en esta primavera del Espíritu Santo que su presencia nos da poder para que seamos testigos del Señor.

La promesa que Cristo dio a sus discípulos antes del Pentecostés fue que cuando el Espíritu Santo descendiera sobre ellos, les impartiría poder para ser testigos «en Jerusa­lén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1.8). Muchos no hemos captado los alcances de esta promesa, ni nos hemos nutrido con los recursos que tal palabra encierra. Representamos al poder con el viento, el trueno, el fuego, el temblor. El poder a veces tiene efectos espectaculares. ¡Pero es mucho más que eso!

Hay unas relevantes implicaciones bíblicas que tienen que ver con una vida saturada del Poder de Dios. Por ejemplo, este Poder en nuestra vida siempre será el de una vida consecuente con los principios cristianos. La gente mira lo que hacemos, escucha lo que decimos, pero por último la gente tiene la capacidad intrínseca para descubrir la clase de vida y de poder que tenemos. No nos engañemos: podemos embaucar a la gente por un tiempo, pero tarde o temprano nos descubrirán. El mundo está desesperado por oír y seguir a alguien que sea integro en toda su manera de vivir.

(CONTINÚA…)

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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