Predicaciones Cristianas – La Esposa del Cordero en América Latina 3

 

Continuemos.

Se cuenta de dos ángeles que en el Reino de los cielos desearon tener una entrevista con Jesús. Cuando la consiguie­ron, su primera pregunta fue:

—Ahora que estás aquí en el Reino de tu Padre, ¿has encargado a alguien allá en el mundo para que continúe con tus asuntos?

_Sí — respondió el Señor—, he entregado la continuación de mi obra en las manos de un grupo de amigos fieles que me aman.

El ángel, un tanto nervioso, le formuló una segunda pregunta: Pero si tus amigos de la tierra te llegan a fracasar, ¿has trazado algún otro plan? ¿Has planeado alguna otra estrategia?

—No —dijo Jesús—, no he trazado otra estrategia, ni he elaborado otro plan.

El cuento agrega que los ángeles se pusieron de pie y nerviosamente insistieron:

—¿Y si te llegan a fallar?

Jesús sonriendo les respondió: Mis amigos que me aman no me van a fallar.

En esta hora sin paralelo en la historia, usted y yo cum­pliremos nuestro pacto, desarrollaremos nuestro papel, vivi­remos para Él y seremos parte de este día glorioso de bendi­ción.

 

Conclusión

Siglos atrás, en la Alemania que apenas comenzaba a salir de la oscuridad de la Edad Media, Dios levantó a un hombre llamado Martín Lutero. Era un erudito bíbli­co, maestro de una universidad y un fraile muy sensible a la voz de Dios. La unción que el Señor depositó sobre él, literalmente cambió la historia de la Iglesia y el mundo. En medio de crisis, persecuciones y amenazas de muerte, Lutero se mantuvo firme, valiente, fiel al Señor, a la Palabra y a los dictados de su conciencia. El movimiento de la Reforma trajo una frescura nueva entre los creyentes en toda la tierra, y la exposición de la Palabra de Dios resurgió con potencia llenan­do catedrales, abadías, monasterios y aun las calles de mu­chas naciones europeas.

El movimiento bautista, nacido de los anabaptistas de antes de la Reforma, también tuvo que sufrir muchas perse­cuciones, pero no se rindió, y llevó con una fidelidad ejemplar el evangelio a todos los confines de la tierra y estableció congregaciones por docenas de millares en el mundo.

A principios del siglo XX hubo una explosión del Espíritu Santo en la calle Azusa, cerca del centro de la ciudad de Los Ángeles, California. Al mismo tiempo, algo semejante sucedió en Valparaíso, Chile; Hawai y Puerto Rico. Y este acontecer de Dios en medio de su Pueblo dio nacimiento al movimiento pentecostal que, con mucha sencillez, pero con gran alegría y espíritu de compromiso, literalmente invadió al mundo con el evangelio.

Allá por 1960, un movimiento de corte carismático emer­gió entre las denominaciones históricas, quebrando tradicio­nes y rituales. Algunos lo vieron como intromisión pentecos­tal, otros como fisuras teológicas en sus propias iglesias, otros como respuesta a una oración que gemía para que los odres fueran renovados y viniera vino nuevo a la Iglesia del Señor. Pero el hecho es que otra vez la evangelización de las naciones volvió a cobrar un nuevo vigor inusitado.

Creo que estamos ahora respirando nuevos vientos del Espíritu Santo. Nos hallamos en el umbral del avivamiento más grande de toda la historia del cristianismo. La ola de adoración, intercesión, consagración, mayordomía, santidad, evangelización y discipulado que este avivamiento provocará, será la más grande e influyente de toda la historia.

Usted y yo vamos a estar listos, bíblicamente preparados, para vivir a plenitud este momento y ser útiles a nuestro Dios. Este es el momento para hacer un inventario espiritual de nuestra vida, de nuestro hogar, de nuestra congregación local, y del mundo que nos rodea. Es hora de humillación, de búsqueda del rostro del Señor, de arrepentimiento y de con­fesión…

Si usted vive bíblicamente, y participa de todo corazón en este mover de Dios, no dudo que un día, al caminar por las calles de la Jerusalén Celestial, de pronto se abrirán ventanas y desde los edificios se asomarán personas que, a su paso le dirán.-«¡Gracias hermano, gracias hermana, yo estoy aquí porque fuiste fiel, porque amaste, porque viviste el evangelio; porque en la hora más crucial de mi vida, no rehusaste comunicarme «todo el consejo de Dios!» «¡Alabado sea el Nombre del Señor!»»

Tenemos el maravilloso recurso y lo vamos a usar: vamos a caminar en El poder de su Presencia.

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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