Predicaciones Cristianas – La Iglesia del Siglo XXI 4

 

Continuemos.

También me imagino a la iglesia como un campamento indígena en las praderas del viejo oeste norteamericano. De pronto, el jefe indio da la orden, todos los guerreros se suben al caballo, salen de su campamento y corren por la llanura dando gritos de guerra, hasta llegar al fuerte donde se refu­gian los colonos blancos. Los invaden, los matan, les cortan sus cabelleras y las traen como trofeos a su tribu. Muchos salen, dicen que a evangelizar, encuentran algunas personas en las calles, en sus casas, en los parques, las ganan para Cristo y luego las traen como trofeos a las bancas de la iglesia.

Una vez que están allí comienzan a enseñarles todo lo que no pueden hacer, entre eso, que ya no se pueden juntar con sus viejos amigos. Los sacan de sus puentes de relación natural y los hacen inútiles para que con su testimonio nuevo, fresco y lleno del primer amor, ganen a los suyos para Cristo. Les enseñan todos los «secretos» de su nueva religión. Cuan­do apenas comenzaban a alumbrar, les apagan la luz. Cuando apenas comenzaban a dar sabor, les quitan la sal…

Me cuesta mucho, a la luz de este fenómeno tan popular en la América Latina, quitarme de la mente el versículo de Mateo 23.15.

Pero si en vez de esto siguiéramos el modelo de discipulado de Cristo y de sus seguidores, nuestras iglesias estarían, desde ahora, preparándose para ser la iglesia modelo del siglo veintiuno.

La iglesia con la que sueño es una donde todos los días operará sobrenaturalmente el Espíritu Santo. Será un pueblo que tendrá púlpitos fuertes y su ministerio se descentralizará y descansará sobre todo el Cuerpo, sobre todos los santos que harán la obra del ministerio. No se identificará como la iglesia en la calle tal, con el número tal, que se reúne el domingo a tal hora. Esa será solo una sede muy circunstancial. Y no estoy hablando de una iglesia donde todo será color de rosa. No, será una iglesia enfrascada en una tremenda batalla, pero será una iglesia victoriosa. La conocerán el lunes, el martes y todos los días de la semana en todos los horarios durante las 24 horas. Será una iglesia que brilla en la fábrica, en el taller, en la escuela, en la oficina, aun en las prisiones, en los hogares y en las oficinas del gobierno. La conocerán por brillar para Jesús a través de toda su gente sobre toda una ciudad.

Aquel estadio estaba repleto de gente. Aun en el césped había miles de personas embargadas de alegría con la presencia del Señor. La plataforma se alzaba en un extremo, adornada con hermosas flores y un púlpito acrílico en el centro de ella. Aquella mañana había amanecido con un sol esplendoroso. Todo era brillante y lleno de luz. De pronto, en lontananza, al brillo de un relámpago lo siguió un trueno que parecía arrastrar piedras en el cielo. Las nubes se oscu­recieron, se arremolinaron mecidas por el viento y no sopor­tando su carga de agua, vomitaron torrencialmente su negru­ra sobre todos nosotros en aquel estadio.

Durante mucho tiempo en nuestras grandes cruzadas he­mos sufrido problemas climáticos. Lluvia tras lluvia. Tormen­ta tras tormenta. El colmo fue en Managua, Nicaragua. El tiempo era la época de seca. Históricamente, nunca llueve en ese tiempo. Pero no solo eran aguaceros torrenciales todos los días antes de las reuniones y durante ellas, sino también inexplicablemente cayó granizo. Llovió hielo. ¿Fue una sim­ple coincidencia? En esa misma cruzada, en Managua, casi todos los miembros del equipo se enfermaron, incluso algu­nos a nivel de alucinaciones. ¿Fue una simple coincidencia?

Nos acompañaba un equipo de televisión para filmar todo lo relativo a la cruzada, que por cierto fue un movimiento con más de 31000 profesiones de fe. Durante las horas del día grababan escenas bellísimas en los parques, merca­dos calles y escuelas. Al llegar el tiempo de la reunión en la noche, ponían a trabajar las cámaras, pero estas no funcio­naban El ingeniero de televisión revisaba los equipos y al parecer todo estaba en orden. A la mañana siguiente volvían a filmar sin ningún problema otras escenas bellísimas. Re­cobrábamos la esperanza de que esa noche sí podríamos grabar. Pero cuando poníamos a trabajar los equipos, de nuevo no funcionaban, no grababan nada y así fue durante toda la semana. ¿Fue una simple coincidencia?

Hay unos pasajes que hoy, más que en ninguna otra época de la historia, le están diciendo algo a la Iglesia: Efesios 6.10, 2 Corintios 10.4.

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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