Predicaciones – Los Pecados de la Iglesia Hispanoamericana 3

 

Continuemos.

Lo que esa sociedad no alcanzaba a comprender a cabalidad era que el evangelio tenía un efecto transformador aun en los aspectos culturales de un ser humano. Aquellos «ca­nutos» como despectivamente llamaban a los evangélicos en Chile eran ebrios que ya no se embriagaban, mandos que ya no golpeaban, seres humanos que ahora criaban bien a sus hijos. Aunque esa sociedad no lo entendía a plenitud tenía que aceptar que era el evangelio lo que había provocado que los indios quechuas convertidos a Cristo eran los que tenían las mejores casas. Los que ya no vivían en casas de barro y cartón sino que las construían de ladrillos sólidos. Los que sí enviaban a sus hijos a la escuela y aun a la universidad era porque se habían convertido a Cristo.

En aquel momento el comentario del Ministro de Educa­ción panameño me molestó. Le contesté con una sonrisa bondadosa. «¡Es cierto, nuestra gente ha venido de estratos muy pobres y no hemos tenido ni demasiados títulos ni mucha oportunidad de preparación. Pero denos un poco más de tiempo, señor Ministro. Esta Iglesia está marchando a la mayoría de edad, ya no la forman niños fluctuantes, y le mostraremos a América Latina que no solo estamos encerra­dos en edificios adorando a Dios y estudiando su Palabra, sino que también tenemos un aporte que dar a la cultura de nuestras naciones. ¡Y lo daremos y sanaremos nuestra cultu­ra en el nombre de Jesús!»

Iglesia, si vamos a ver una evangelización que produzca una reforma en nuestros países, tendremos que infiltrar el sistema educativo. ¿Acaso no es eso lo que hacen los grupos de posiciones extremas? Y luego, esos jóvenes idealistas salen para ser la carne de cañón de los grupos guerrilleros. La Iglesia tiene que tener la astucia de hacer eso y hacerlo mejor. Si penetramos en el sistema educativo, luego nuestros jóvenes, cultos y motivados por la incontenible milicia del amor, conquistarán esta tierra para Cristo. Es en el campo ideológico donde se determinará el destino de nuestros pue­blos. Nos harán falta educadores con la mente del Reino de Dios.

¿Por qué acabo de escribir esto? Cuando hablaba de estos temas hace algunos años, un pastor (hoy en día no lo es) angloamericano me preguntó: «¿Usted está en la teología del dominio?» Francamente, ni sé lo que me quiso decir en ese momento.

El asunto es que para nuestros hermanos norteamericanos es muy fácil encasillarlo todo, etiquetarlo todo y, aunque les agradecemos mucho que nos llevaran el evangelio, no pode­mos agradecerles el cúmulo de divisiones y exclusivismo que nos han dejado por heredad. En seguida cualquier idea la sistematizan, la encasillan y la etiquetan. Pero, ¡qué bueno conocer y saber que hay muchas santas y gloriosas excepcio­nes!

En Estados Unidos también hay un pueblo vivo que ama y sirve al Señor, que ora por un avivamiento y que es una fuerza espiritual incontenible que verá cosas sobrenaturales pasar sobre su país. Pero también existe un sector amplio que se ha contaminado con el materialismo, el relativismo, el hedonismo y el movimiento de la Nueva Era que hoy galopa libremente y contamina toda la sociedad angloamericana. Algunos hasta profetizan el final de la iglesia para principios del siglo 21.

No sé con certeza lo de la «teología del dominio», pero lo que sí sé es que el evangelio que aprendí no es la simple ayuda para un buen morir e ir a la eternidad. El evangelio de Jesucristo también me enseña a un buen vivir y su redención no solo tiene que ver con mi alma. Su redención tiene que ver con la totalidad de mi vida. Anhelo ver las señales de reden­ción en la ética, la política, el comportamiento de nuestros líderes, la moral de nuestras familias, el carácter de nuestras universidades. Quiero ver a Cristo en todas las cosas.

 

¿Habrá Iglesia en el Siglo 21?

Muchos creen que la Iglesia ha perdido pertinencia. En algunas naciones donde el liberalismo ha llenado las mentes y dominado los seminarios, están viviendo una época casi poscristiana. El materialismo allí es la religión principal.

Sí creo que la iglesia será tremendamente relevante en nuestra cultura hispanoamericana. Más aun, creo que el creci­miento numérico, el desarrollo intelectual, la comprensión de las grandes verdades bíblicas, la potencia y derramamiento del Espíritu Santo en medio de ella, hace que deje de sentirse «cola» y comience a actuar como «cabeza» de las naciones:

Te pondrá Jehová por cabeza y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo (Deuteronomio 28.13).

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

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