Predicaciones – Cuando Dios Toma las Riendas 2

 

Continuemos.

Dios Nos Lleva a Puerto Seguro.

El lago está actuando como todo un océano. Una frágil embarcación, azotada por el viento, se mece a merced de las olas como los barquitos de papel que los niños abandonan. Las tablas que forman los costados crujen y parece que el bote se va a partir en pedazos. El agua, violenta golpea la cara de doce hombres. Algunos de ellos aunque duchos en los quehaceres del mar, tiemblan de miedo y miran hacia la costa, pero está muy lejos. Miran hacia arriba, pero las nubes se revuelven furiosas y no dan señales de paz. Bajan la pequeña vela, ya rasgada por la fuerza del viento. Tratan de lanzar el ancla, pero esta no toca fondo.

Entonces recuerdan que no viajan solos. Jesús viene allí con ellos.

—¿Y el Maestro? —alguien pregunta. ¡El Maestro estaba dormido, como si nada estuviera pa­sando! Con el cuerpo recostado a un lado del pequeño barco, los ojos cerrados y el rostro sereno, duerme. No es que fuera indiferente, ni que gozara con el temor bien fundado de sus discípulos. Es que tenía los controles. Cuando sus discípulos lo despiertan, invocan su poder y le piden que los salve. Jesús hace uso de su autoridad soberana, y calma los vientos. Estos le obedecieron y la tempestad amainó.

La vida es como ese mar de Galilea. De pronto la azotan vientos incontrolables. Por todas partes aparecen negros nubarrones de tormenta. Las olas se encrespan y el barquito en que supuestamente estamos a flote comienza a ceder, carece que va a hundirse. Los vientos se hacen más fuertes y fieros No tenemos dónde encallar el ancla. No hay señales externas de que el problema vaya a terminar. Al contrario, se pone más difícil, se hace más violento, parece que nos roba la esperanza. Es entonces cuando gritamos como aquellos doce: «Jesús, sálvanos que perecemos»». Y qué dulce que alegre, qué bueno; porque si un día le dimos la vida a Jesús, ahora Él es el capitán del barco.

Como capitán, tiene autoridad para acallar el viento; y tiene poder para cruzar las aguas y llevarnos a puerto seguro. Y no se trata de convencer a Cristo para que nos libre de la tormenta. A pesar de nuestra débil fe, Él está al timón de nuestro barco. Y si Él está al timón de la vida y del ministerio, podemos estar seguros de que el frágil barco llegará a su destino. ¿No fue eso lo que prometió a Moisés cuando lo envió a Egipto? Su promesa fue: «Yo estaré contigo, no te desam­pararé ni te dejaré» También se lo prometió a Josué, a Jere­mías, a David. ¿No es eso lo mismo que le dijo a la Iglesia cuando le dio la comisión de ir a hacer discípulos?

Tengo un amigo que cada vez que se sube al automóvil ora: «Señor, este auto es tuyo. Quiero que lo guíes, que Tú manejes. Claro, como el policía se asustaría mucho si no ve a nadie al volante, te pido que me uses mientras voy con el timón en la mano».

Hace unos pocos días, llovía a cántaros en el Sur de California, algo muy extraño en esa región. Mi amigo iba con su esposa por una de esas anchas y hermosas autopistas californianas, y le dijo: Me preocupa que la gente no tenga cuidado al manejar bajo esta lluvia. Esto puede causar un accidente grave. ¡Qué bueno que en nuestro automóvil el Señor está al timón!

No había terminado de decir estas palabras cuando un vehículo que iba a alta velocidad golpeó al que tenía por delante, y se creó un efecto de dominó donde uno se dio con otro, hasta completar ocho autos. De pronto uno más salló sin control, pero esta vez en dirección al de mi amigo. Ellos invocaron el nombre del Señor, y el automóvil se movió de tal manera que el que los embestía pasó al lado suyo sin tocarlos, y fue a dar contra el que estaba delante. La lógica decía que el auto de nuestro amigo debía haber recibido un fuerte impacto, pero con Dios la lógica de los hombres no funcio­na. ¡Él es soberano, y nos ha enseñado que Él toma el timón cuando lo hacemos Señor aun de los pequeños detalles de la vida!

Qué tierno es nuestro Dios. Qué carácter insondable de Padre tiene. Él es Dios todopoderoso, santo, digno de toda honra y homenaje. Pero también es un Papá amoroso, tierno y compasivo. Qué gra­cia inefable brota de Él. Una y otra vez vuelve a darnos la misma enseñanza, y lo maravilloso es que nunca se cansa de reiterarla: El secreto de una vida cristiana bendecida y llena de paz es que Él siempre esté al timón.

Extracto del libro “El Poder de su Presencia”

Por Alberto Mottesi

6 Comentarios

  1. me encanto, me encantaria que dios tomara control total de mi vida, control de mis pensamientos, de mis emociones y mis actitudes, ¿como dominar las emociones negativas si ellas nos dominan a nosotros?,¿ como se puede ser santo en un mundo invadido por el pecado, por donde se quiera mirar, no seria mas facil mudarse a otro planeta?.

    • Hola Ruben. ¡¡Bienvenido!! La respuesta a tu pregunta es: Decisiones que honren al Señor. Elegí poner tu voluntad en línea con la voluntad de Dios. No se trata de lo que sentís sino de lo que te determinas a vos mismo a hacer y escoger.

  2. Quiero darles las gracias por estos devocionales que cada día busco en mi correo con mucho gozo, muchas veces me han consolado en momentos difíciles, me han mostrado la inmensidad de mi señor y me han permitido conocerlo y amarlo mas esto me reconforta. que Dios los bendiga siempre. Maria Cristina

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